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Cannabis como tratamiento para el estrés postraumático

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Nuevas investigaciones destacan el potencial del cannabis en la mejora de los síntomas del TEPT

Continuamos con la serie está dedicada a aspectos novedosos relacionados con cannabis y ciencia, a través de la revisión de la literatura científica de los últimos cinco años. En esta segunda entrega revisaremos una de las indicaciones más recientes e innovadoras en relación con el uso terapéutico del cannabis: el trastorno por estrés postraumático (TEPT).

De forma general, suele afirmarse que los trastornos mentales son una contraindicación en relación con el uso terapéutico del cannabis. Los cannabinoides son psicoactivos potentes y se considera que tienen el potencial de desencadenar o agravar determinados trastornos mentales en personas predispuestas. El ejemplo más clásico es el de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, a cuyas novedades dedicamos el número anterior de esta serie. No insistiremos más al respecto, pero sí señalaremos que los cambios en los paradigmas científicos se producen con rapidez: si hasta hace unos años el uso de cannabis se consideraba una contraindicación absoluta en pacientes con trastornos psicóticos, en los últimos años existe un interés creciente por las propiedades antipsicóticas del cannabidiol (CBD) presente en la planta, que probablemente lleven a reconsiderar con algunos matices esta idea.

El efecto del cannabis sobre los problemas de ansiedad  también es un asunto complejo. Los estudios más recientes (una revisión de 31 estudios publicada en 2015)1 sugieren que el cannabis es un factor negativo que facilita la aparición de ansiedad en personas con este tipo de trastornos. Pero también parece claro que existe un efecto ansiolítico, que se manifiesta al menos en determinadas personalidades y con ciertas variedades de la planta. Es muy probable que el efecto farmacológico de los distintos cannabinoides y sus posibles combinaciones interactúe con factores de tipo genético, psicológico y contextual dando lugar a efectos distintos. El papel del CBD, que atenúa los efectos de ansiedad del THC, es con seguridad importante y está siendo evaluado en la actualidad.

La clasificación de los trastornos por ansiedad es muy amplia: las crisis de pánico, el trastorno obsesivo-compulsivo o la agorafobia son tres ejemplos que ilustran la variedad en cuanto a las formas de presentación, gravedad, intensidad, tendencia a la cronificación o respuesta a los distintos tipos de tratamiento. Así, la idea de que “el cannabis empeora (o mejora) la ansiedad” es una generalización muy vaga y el efecto sobre cada una de los trastornos podría ser analizado con detalle.  

Por su importancia y relativa novedad, nos vamos a centrar en la relación del cannabis con un tipo muy concreto de ansiedad: el trastorno por estrés postraumático (TEPT). El TEPT se caracteriza por la aparición de síntomas muy concretos tras la exposición a un acontecimiento extremadamente traumático: es una enfermedad típica en veteranos de guerra, pero puede aparecer en casos de torturas, secuestros, agresiones sexuales o tras haber sufrido la exposición a catástrofes naturales como huracanes, terremotos o inundaciones. Los pacientes con TEPT sufren y reviven de forma intensa el hecho traumático en forma de flashbacks, pesadillas o recuerdos intrusivos en la memoria, en la que se repiten de forma involuntaria los sucesos traumáticos una y otra vez mucho tiempo después de que éste sucediera, causando angustia intensa y deterioro de su calidad de vida. Los síntomas pueden desencadenarse ante situaciones o imágenes asociadas al trauma, o a veces sólo con hablar o pensar sobre ello. El recurso al TEPT es un lugar común en el cine bélico y los veteranos de guerra interpretados por Robert de Niro y Cristopher Walken en El Cazador (1976) , Sylvester Stallone en Rambo (1982) o Tom Cruise en Nacido el 4 de Julio (1989) son ejemplos clásicos de esta patología. El TEPT es un trastorno mental poco frecuente pero muy grave que en ocasiones lleva al suicidio del paciente.

Ninguno de los tratamientos farmacológicos empleados en el TEPT ha demostrado eficacia2 y en el momento actual los abordajes de tipo psicológico como el tratamiento de exposición o la terapia cognitivo-conductual son los más utilizados. La 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA o, vulgarmente, éxtasis) podría ser un buen candidato para el tratamiento del TEPT en el contexto de psicoterapia. Precisamente uno de los colaboradores de esta revista, el Dr. Jose Carlos Bouso, puso en marcha el primer ensayo clínico mundial al respecto, que fue fulminantemente clausurado por presiones políticas pese a cumplir con todos los requisitos legales3.

Pues bien, en los últimos años se están acumulando datos que sugieren que los cannabinoides pueden tener potencial terapéutico en el tratamiento del TEPT. En Estados Unidos, el uso terapéutico del cannabis está aprobado por 23 estados, aunque la legislación que se utiliza al respecto es propia de cada estado y no sigue indicaciones estrictas de la FDA. En 8 de los estados, una de las indicaciones del uso terapéutico del cannabis es el TEPT. Y el primer dato llamativo es que en los estados el TEPT es la indicación primaria en el 38,5% de los usuarios terapéuticos registrados.

A simple vista podríamos considerar que el cannabis es muy eficaz en el tratamiento de este problema. Pero hemos visto que la eficacia de los tratamientos farmacológicos es muy escasa y existen otras posibles explicaciones al fenómeno. La medicalización del cannabis en algunos estados de EE.UU. podría haber causado una “epidemia de trastornos de ansiedad” motivada por las dificultades de los usuarios recreativos para acceder a la planta. Aunque es probable que este factor explique en parte lo abultado de la cifra, no excluye un posible efecto beneficioso del cannabis en el TEPT.

De hecho, existen suficientes estudios científicos que sugieren que al menos una parte significativa de los pacientes con TEPT utilizan el cannabis como automedicación. Aquellas personas con menores capacidades o habilidades para manejar su estrés de tipo emocional son más propensas a utilizar cannabis para sobreponerse a los síntomas asociados al trauma. Una revisión de once estudios en veteranos de guerra4 y un estudio sobre pacientes con TEPT como consecuencia del terremoto en la ciudad de L’Aquila en 20095 (ambos publicados en 2015) ponen de manifiesto este fenómeno de automedicación con cannabis de forma inequívoca.

Los efectos que el cannabis tiene sobre el cerebro pueden explicar este fenómeno de automedicación. El uso habitual de cannabis puede producir déficits en la memoria a corto plazo, lo que podría explicar el consumo intensivo en algunos pacientes con TEPT que buscarían de esta forma borrar recuerdos negativos. Por otra parte, en el TEPT son frecuentes las pesadillas recurrentes en las cuales se revive el suceso traumático. El cannabis facilita el sueño profundo y disminuye la vida onírica, por lo que es esperable un efecto beneficioso al menos a corto plazo.

Pero los efectos sobre la memoria son reversibles y los sueños retornan de forma especialmente vívida cuando un usuario habitual de cannabis lo suspende de forma brusca. Según algunos autores, el TEPT predispondría a los individuos afectados a utilizar cannabis para manejar los síntomas, aunque al interrumpir el uso estos se incrementarían facilitando el uso compulsivo de cannabis. Se ha llegado a proponer que en muchos de los pacientes diagnosticados erróneamente de “adicción al cannabis” habría en realidad un intento de cubrir experiencias traumáticas, ya que los problemas de abuso y dependencia al cannabis son más frecuentes en personas diagnosticadas de TEPT por estas características peculiares de su forma de uso.

También existen bases neurobiológicas que podrían explicar los efectos del cannabis sobre el TEPT. Las áreas cerebrales con mayor densidad de receptores de cannabinoides CB1 están relacionadas con funciones como la formación de la memoria (el hipocampo), la coordinación de los movimientos (cerebelo) o las emociones (corteza prefrontal). Otra de las zonas del cerebro relacionada con respuestas de tipo emocional es la amígdala (amígdala cerebral, nada que ver con la garganta), que también es rica en receptores CB1.

Basándose en estos mecanismos y consideraciones, se han publicado algunos ensayos clínicos para estudiar la eficacia de fármacos que actúan sobre el sistema de los cannabinoides en el TEPT. En el año 2009 se publicó el primer estudio que sugería que un análogo sintético del THC, la nabilona, podía ser eficaz en el tratamiento de algunos síntomas, aunque el número de pacientes y las características de la investigación hacían que se tratara de datos poco fiables. En el año 2014 se publicaron nuevos datos sobre un número mayor de pacientes (104 varones) que sugieren que el tratamiento con nabilona en dosis bajas mejora el insomnio y las pesadillas asociadas al TEPT. Además, en este grupo de pacientes, el inicio del tratamiento con el cannabinoide se asoció a necesitar menos medicación potente y con efectos secundarios importantes (como opiáceos y antipsicóticos)6. Otro ensayo clínico con una metodología adecuada publicado ese mismo año demostró la eficacia de la nabilona en el tratamiento de las pesadillas de forma inequívoca7. Pero aún son necesarios más estudios para establecer de forma clara el papel de la nabilona y otros cannabinoides naturales o sintéticos en el tratamiento del TEPT.

Es probable que a falta de interés en un fármaco relativamente antiguo y los condicionantes morales que rodean al cannabis sean factores que dificulten la investigación. Teniendo en cuenta las escasas opciones para tratar esta enfermedad y los datos positivos al respecto, sería deseable que en la balanza pesara más la salud y el bienestar de los pacientes.

Referencias

  • Kedzior, K. K., & Laeber, L. T. (2014). A positive association between anxiety disorders and cannabis use or cannabis use disorders in the general population–a meta-analysis of 31 studies. BMC psychiatry, 136.
  • Hoskins, M., Pearce, J., Bethell, A., Dankova, L., Barbui, C., Tol, W. A., van Ommeren, M., de Jong, J., Seedat, S., Chen, H., & Bisson, J. I. (2015). Pharmacotherapy for post-traumatic stress disorder: systematic review and meta-analysis. The British journal of psychiatry: the journal of mental science, 2, 93–9100.
  • Bouso, J. C., Doblin, R., Farré, M., Alcázar, M. A., & Gómez-Jarabo, G. (2008). MDMA-assisted psychotherapy using low doses in a small sample of women with chronic posttraumatic stress disorder. Journal of psychoactive drugs, 3, 225–236.
  • Betthauser, K., Pilz, J., & Vollmer, L. E. (2015). Use and effects of cannabinoids in military veterans with posttraumatic stress disorder. American journal of health-system pharmacy: AJHP: official journal of the American Society of Health-System Pharmacists, 15, 1279–1284.
  • Bianchini, V., Roncone, R., Giusti, L., Casacchia, M., Cifone, M. G., & Pollice, R. (2015). PTSD Growth and Substance Abuse Among a College Student Community: Coping Strategies after 2009 L’aquila Earthquake. Clinical practice and epidemiology in mental health: CP & EMH, 140–143.
  • Cameron, C., Watson, D., & Robinson, J. (2014). Use of a synthetic cannabinoid in a correctional population for posttraumatic stress disorder-related insomnia and nightmares, chronic pain, harm reduction, and other indications: a retrospective evaluation. Journal of clinical psychopharmacology, 5, 559–564.
  • Jetly, R., Heber, A., Fraser, G., & Boisvert, D. (2014). The efficacy of nabilone, a synthetic cannabinoid, in the treatment of PTSD-associated nightmares: A preliminary randomized, double-blind, placebo-controlled cross-over design study. Psychoneuroendocrinology, 585–588.

 

Acerca del autor

Fernando Caudevilla (DoctorX)

Médico de Familia y experto universitario en drogodependencias. Compagina su actividad asistencial como Médico de Familia en el Servicio Público de Salud con distintas actividades de investigación, divulgación, formación y atención directa a pacientes en campos como el chemsex, nuevas drogas, criptomercados y cannabis terapéutico, entre otros.

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