Palabras
por Germán Carrera
Las palabras son sólo eso, palabras. Unidades lingüísticas y representaciones gráficas. En ocasiones, eso sí, se convierten en posibilitadoras de cosas maravillosas. Las palabras tienen la capacidad de hacerme volar, de ofrecer viajes a través de miles de vidas y aventuras, de permitir la aproximación a lo inefable, de enamorar; las palabras, especialmente las escritas, me han acompañado durante estos últimos dieciséis años de una forma que resulta difícil explicar aquí, donde sólo caben mil.
Cuando releo estos últimos años de mímesis cannábica siento tristeza y reiteradas pretensiones de evidenciar la injusticia. Hoy, que estoy un poco más en paz conmigo mismo, valoro la rebeldía y comprendo lo difícil que ha sido transitar mi adolescencia, abrazar mi madurez y hacerme responsable de la decisión de vivir en esta sociedad.
Por supuesto que estoy perdido, porque no he podido disfrutar del mundo y de mi existencia desde la sencilla premisa de ser feliz y experimentar. Porque mis padres y mis abuelos tampoco pudieron.
El estado de bienestar, que ha acaparado tantas páginas de esta sección, es, curiosamente, uno de los principales causantes de miedo. Miedo a no poder disfrutar de la sanidad y la jubilación, miedo a no tener dinero, a no poder darle a mis hijos todo lo que necesitan, a no poder pagar mis deudas… miedo, en definitiva, a no poder estar bien.
Hace poco hablaba sobre todo lo que provoca el miedo en las personas. Detrás del enfado siempre hay miedo. Los animales, cuando tienen miedo, atacan, se defienden o se bloquean; y nosotros somos, en gran parte, animales. El miedo se ha apoderado de nuestra vida, industrializada y consumista. Es el miedo el que nos hace parecer más hijos de puta que hijos de dios, aunque lo seamos a partes iguales.
¿Qué pasa cuando dedicamos tanto tiempo y energía a evidenciar lo negativo de esta sociedad enferma? Pues que nos convertimos en parte de esa enfermedad. No cabe duda del valor de la denuncia, de la necesidad de portadores de palabras que nos recuerden, encrudecidamente, lo mal que están yendo las cosas; pero no debemos olvidarnos del autocuidado, de nuestras necesidades. Si siempre vivimos en el enfado, que no es otra cosa que miedo, acabaremos siendo presa de lo que denunciamos.
Dicho esto, creo que esta sección alberga también esperanza. Es verdad que la adultez ha dotado a mis textos de resignación, pero, cuando los releo, siento la permanencia de una llamita que arroja luz incluso en los momentos más oscuros.
Caminar a través del dolor, aceptarme y sentir paz, en lugar de enfado, es una de mis prioridades actuales. Esto no quiere decir que no me enfade o que no legitime mis enfados. Yo intento que mis enfados no me persigan, intento expresarlos cuando ocurren, intento ser indulgente y perdonar, ser comprensivo y quererme… intento aceptarme.
Como decía, tenemos miedo a no poder estar bien, pero bien no estamos nunca. Bien (o mal) está el pulpo a la gallega. Nosotros sentimos, constantemente sentimos. De hecho, si sentimos miedo a no poder estar bien ya no estamos bien, porque sentimos miedo. Ese miedo se convierte en enfado y, de repente, estamos enfadados con el mundo, creemos a todas las personas mezquinas y nos sentimos solos. Sí, la existencia humana en el mundo actual es soledad; pero no, no es sólo eso.
Primero tenemos que salir de esa coraza individualista tras la que nos escondemos, tras la que protegemos nuestra fragilidad. Necesitamos pedir ayuda, aceptar el cariño. Necesitamos cuidarnos.
Para mí, las palabras han sido un salvavidas durante los momentos más duros de mi vida. Cuando me asomé al infinito, a la muerte y a la enfermedad, las palabras estaban ahí para recordarme el presente; y cuando releo las palabras que se han escrito en esta sección entiendo la reiteración como preocupación, me perdono y recuerdo la importancia de denunciar lo que está ocurriendo.
Ha sido una etapa fascinante, de exploración interior difícil de cuantificar y calificar. Pero también estoy cansado del enfado y tengo miedo al miedo.
Cedo el testigo a un mundo más bonito y esperanzado. Es hora de tratar otros temas en este espacio de libertad sin fronteras, en este rincón cannábico sin límites ni maniqueísmos. Es hora de abordar la terapia del alma a través de las palabras.
Gracias y hasta siempre, queridos lectores.
Acerca del autor
Equipo editorial de Cannabis Magazine especializado en actualidad, cultura, industria, ciencia, salud, cultivo y regulación del cannabis y del cáñamo.













