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Cannabidiol (CBD): un resumen sobre sus usos terapéuticos

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Usos terapeúticos del CBD

En este número revisaremos las investigaciones más recientes sobre el cannabidiol (CBD), uno de los cannabinoides más importantes que aparecen de forma natural en la planta del cannabis. Existe un creciente interés por parte de la comunidad científica debido a posibles usos terapeúticos del CBD.

Si utilizáramos el lenguaje de la moda para la investigación científica sobre los cannabinoides podríamos decir que, en las últimas temporadas, el cannabidiol (CBD) es tendencia. El  tetrahidrocannabinol (THC) ha sido el objeto de la mayor parte de investigaciones científicas y aplicaciones en clínica durante los últimos quince años pero, progresivamente, el foco de atención se ha ido desplazando hacia el CBD, que es el otro cannabinoide más abundante en la planta.

Usando el lenguaje de la moda, el CBD es tendencia

Existen algunas razones de tipo histórico-científico para explicar este cambio. Recordemos que, en comparación con otros psicoactivos derivados de plantas como los opiáceos, la identificación de los principios activos y la caracterización de los efectos biológicos del cannabis son mucho más recientes. Desde hace varios siglos se conocía que dentro del género de plantas Cannabis existían dos especies distintas: la experiencia mostraba que Cannabis sativa produce efectos más de tipo estimulante o psicoactivo y Cannabis indica está dotada de propiedades más relajantes. Pero hubo que esperar hasta mediados del siglo XX para que los dos cannabinoides más importantes de la planta, el THC y el CBD, fueran aislados y caracterizados. Fue entonces  cuando se observó que las concentraciones de THC (o, siendo más precisos, el cociente entre concentración de THC y concentración de CBD, lo que se conoce como índice de psicoactividad) eran más elevadas en las variedades más psicoactivas (C. sativa) que en las depresoras (C. indica).

Los estudios en animales de experimentación con THC durante los años 70 del siglo pasado demostraron que los efectos psicoactivos y biológicos dependían en gran medida de la concentración de THC. Al realizar experimentos con animales a los que se administraba únicamente CBD no se encontraban efectos significativos, por lo que se asumió que el THC era el responsable de los efectos del cannabis y el interés en el CBD desapareció. De hecho, el descubrimiento del CBD (1940) y la caracterización de su estructura molecular (1963) son previos a los del THC (1964), pero fue este último en quien se centró toda la investigación.

En aquel momento no se había descubierto el Sistema Cannabinoide Endógeno y se creía que el cannabis ejercía sus efectos introduciéndose de forma difusa a través de las neuronas. Hubo que esperar hasta finales de los 90 para revisar y volver a estudiar al CBD dentro del nuevo paradigma. Los estudios en cultivos celulares y modelos in vitro mostraron que el CBD tiene muy baja afinidad por los receptores CB1 y CB2 y en la práctica no los activa. Esto explicaría el hecho de que las plantas de cannabis ricas en CBD produzcan menos efectos psicoactivos, ya que se une a los mismos “interruptores celulares” que el THC pero sin activarlos. Pero los mecanismos de acción del CBD van más allá de “tapar” los receptores del Sistema Endocannabinoide. Las investigaciones realizadas durante los últimos años muestran que el CBD actúa además de forma específica en otros receptores celulares del organismo como el sistema serotoninérgico (receptores 5HT-1a), el sistema opioide (receptores mu y delta), vanilloides (VRTP) o el transportador equilibrativo de los nucleósidos (ENT). Recientemente se ha caracterizado un nuevo receptor de cannabinoides, distinto a los conocidos CB1 y CB2, llamado GPR55, que se encuentra en zonas muy específicas del cerebro (núcleo caudado y putamen) y sobre los cuales el CBD parece interactuar de forma específica como antagonista. En definitiva, la ensalada de siglas, sistemas biológicos y receptores que hemos descrito en este párrafo no pretende confundir ni abrumar al lector , sino ilustrar la idea de que las acciones del CBD son muchas, complejas, muy distintas y están todavía en fase de investigación.

Como decíamos, el descubrimiento del sistema endocannabinoide renovó el interés científico por el CBD y sus posibles propiedades terapéuticas. Sus efectos como psicoactivo son uno de los campos más importantes en los que se centra n las investigaciones. Hasta hace pocos años se consideraba que el CBD  atenuaba los efectos mentales del THC pero que, por sí mismo no tenía ningún efecto. Cada vez son más los estudios que muestran que esta idea era errónea. Las investigaciones más recientes han demostrado que el CBD posee propiedades ansiolíticas (disminución de la ansiedad) cuando se administra de forma aguda. A largo plazo existe discusión sobre si este efecto en mantenido o puede aparecer un efecto ansiogénico (generador de ansiedad). Los resultados sobre animales de investigación en este sentido son aún contradictorios y no concluyentes. En modelos animales de depresión el CBD ha demostrado propiedades antidepresivas y existen estudios en humanos sobre su posible utilidad en el trastorno de ansiedad generalizada y la fobia social.

Usos terapeúticos del CBD

Pero con respecto al uso del CBD como psicofármaco, lo más significativo tiene que ver con sus propiedades como antipsicótico. Se sabe que dosis muy elevadas de THC pueden producir síntomas de tipo psicótico y que estos efectos se atenúan con la administración de CBD. A partir de esta observación se ha estudiado si el CBD puede tener propiedades antipsicóticas que puedan ser de utilidad en enfermedades como la esquizofrenia. Tanto en las psicosis agudas inducidas por el cannabis como en los trastornos psicóticos de origen psiquiátrico se sabe que están alterados los receptores cerebrales NMDA y que el CBD actúa estabilizándolos. Ya existían algunas comunicaciones anecdóticas que sugerían que el CBD podría ser beneficioso en algunos enfermos de esquizofrenia, pero en 2012 se publicó el que hasta el momento es el estudio clínico más representativo. Durante 4 semanas se comparó la eficacia de la amisulprida, un tratamiento convencional  para las psicosis, con un extracto purificado de CBD sobre un grupo de 42 pacientes diagnosticados de esquizofrenia. La eficacia de ambos tratamientos fue similar pero los efectos adversos fueron mucho más leves y menos frecuentes en el grupo de pacientes a los que se había administrado CBD.

 Uno de los inconvenientes de los tratamientos antipsicóticos convencionales es la gravedad de sus efectos colaterales, que incluyen trastornos cardiovasculares significativos, incremento de peso, riesgo de diabetes o problemas de tipo neurológico. En muchas ocasiones los pacientes psicóticos no tienen percepción de padecer una enfermedad pero sí son conscientes de los efectos adversos que producen las medicaciones. Así, los abandonos de la medicación son un problema frecuente, lo que dificulta el tratamiento y empeora el pronóstico. Disponer de fármacos antipsicóticos que presenten eficacia con menos efectos negativos sería un avance muy significativo y en este sentido, los usos terapeúticos del CBD representan una esperanza.

Otra enfermedad en la que el CBD parece tener aplicaciones potenciales importantes es la encefalopatía perinatal hipóxico-isquémica. Con este nombre se conoce al síndrome neurológico que aparece en recién nacidos como consecuencia de un insuficiente aporte de oxígeno y nutrientes durante el parto. Existen muchas circunstancias durante el parto que pueden dar lugar a esta situación, cuya frecuencia ha disminuido drásticamente durante las últimas décadas por los métodos de diagnóstico perinatal y posibilidad de hacer cesárea si es necesario. Pero se siguen produciendo casos, sobre todo en prematuro,  cuyas consecuencias pueden oscilar entre sutiles déficits neurocognitivos y daños neurológicos severos, dependiendo de la causa, el tiempo que el cerebro haya estado sin oxígeno y el tratamiento que se haya podido utilizar.

En la encefalopatía perinatal hipóxico-isquémica se produce daño cerebral por la falta de oxígeno. Los daños se extienden más allá de las células destruidas inicialmente y la liberación de sustancias y el desarrollo de procesos bioquímicos complejos d a lugar a que la destrucción de neuronas se prolongue varios días después de que desapareció la causa.  El tratamiento no puede resucitar las células que han muerto pero busca limitar estos daños y evitar la destrucción de más neuronas. La hipotermia es la medida terapéutica más eficaz para la encefalopatía hipóxico-isquémica y supone bajar la temperatura del cuerpo de forma artificial para ralentizar y paralizar los procesos destructivos que están teniendo lugar en el cerebro.  Este tipo de técnicas sólo se realizan en Unidades de Cuidados Intensivos muy especializadas y su mayor eficacia se ha demostrado en los cuadros leves y moderados.

Las características y los mecanismos de acción del CBD hacen que se trate de un buen candidato para la encefalopatía hipóxico-isquémica. La entrada de calcio dentro de las neuronas y la liberación de glutamato son  dos de los mecanismos por los que se produce muerte celular en esta enfermedad y el CBD actúa de forma selectiva sobre estos dos sistemas.  Además los cannabinoides tienen propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, modulan la producción de óxido nitroso y son vasodilatadores. Además son neuroproliferativos (inducen el crecimiento y desarrollo de nuevas células nerviosas) y remielinizantes (reparan las vainas que recubren el tejido nervioso). Hasta el momento, los efectos beneficiosos del CBD se han demostrado en modelos animales como cerdos, ratones y ratas. En todas estas especies se ha estudiado el efecto del CBD en crías recién nacidas y asfixiadas, con resultados muy positivos. En algunas investigaciones el CBD es eficaz no sólo administrado de forma inmediata, sino hasta 12 a 24 horas después de la asfixia. Además podría aplicarse en conjunción con la hipotermia, mejorando los resultados. Es probable que durante los próximos años comiencen los primeros ensayos clínicos, destinados a intentar mejorar los resultados sobre una enfermedad grave en la que las opciones de tratamiento son limitadas. Los usos terapeúticos del CBD constituyen una amplia variedad de situaciones clínicas.

 

Acerca del autor

Fernando Caudevilla (DoctorX)

Médico de Familia y experto universitario en drogodependencias. Compagina su actividad asistencial como Médico de Familia en el Servicio Público de Salud con distintas actividades de investigación, divulgación, formación y atención directa a pacientes en campos como el chemsex, nuevas drogas, criptomercados y cannabis terapéutico, entre otros.

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