El Gobierno aprueba un marco para cultivar, procesar y comercializar cannabis medicinal y cáñamo industrial con límite de THC y con la mira puesta en empleo inversión y control del mercado ilegal

Paquistán ha dado un paso que hasta hace poco parecía improbable en un país de tradición marcadamente represiva en esta materia. El Gobierno federal ha aprobado su primera política nacional de control y regulación del cannabis, un marco legal amplio que pretende ordenar de principio a fin la cadena de valor de la planta y sus derivados, desde el cultivo con licencia hasta el procesamiento, la fabricación y la comercialización. El objetivo declarado es doble: cerrar espacio al mercado ilegal y convertir un fenómeno clandestino en una palanca económica formal para el país, según informó The Express Tribune.

La decisión llega después de que, el año pasado, las autoridades ya dejaran entrever su interés por impulsar una industria regulada, con un límite de 0,3% de THC, orientada al cannabis medicinal y al cáñamo industrial. En enero de 2026, la llamada National Cannabis Control and Regulatory Policy empezó a dibujar las líneas maestras de un cambio de enfoque: menos castigo indiscriminado y más regulación, supervisión y aprovechamiento industrial.

El documento fue aprobado en una reunión del gabinete federal tras pasar por la revisión de un comité de alto nivel encargado de ajustar la propuesta a las prioridades económicas del Ejecutivo, a los mecanismos de control y a prácticas regulatorias internacionales. El texto fija principios comunes para toda la cadena, establece reglas de supervisión y define un esquema de coordinación entre autoridades federales y provinciales, una pieza clave en un país donde el reparto competencial puede decidir el éxito o el naufragio de cualquier reforma.

La política se apoyará en el marco legal que crea una autoridad nacional específica para el cannabis. Ese organismo será el encargado de emitir licencias, fiscalizar actividades, garantizar el cumplimiento normativo y prevenir abusos, desvíos de producción y usos ilícitos. La ambición del Gobierno es clara: controlar mejor el sector a la vez que se abre un espacio regulado para industrias vinculadas al cannabis medicinal, al cáñamo industrial y a sus derivados.

Y aquí conviene subrayar lo que el Ejecutivo insiste en remarcar. No se trata, dicen, de liberalizar el consumo recreativo. La apuesta se presenta como una exploración controlada del potencial económico, científico e industrial de la planta, con el Estado reforzando los mecanismos de seguridad y control. Paquistán quiere posicionarse en un mercado global en expansión, apoyándose en condiciones agrícolas favorables y en conocimiento local acumulado, pero sin renunciar a la vigilancia.

Ahora comienza la parte difícil, la que convierte los anuncios en realidad. La implementación dependerá de la redacción de reglamentos específicos, de la definición de criterios de licenciamiento y de la coordinación efectiva con los gobiernos provinciales. Si ese engranaje funciona, el Ejecutivo confía en que la nueva política ayude a crear empleo, aumentar ingresos y facilitar la integración del país en el comercio internacional de productos legales derivados del cannabis.

En suma, Paquistán intenta hacer lo que tantos países han descubierto tarde: que la prohibición sin control no elimina el problema, solo lo desplaza a la sombra. Y que, a veces, la economía también se gobierna ordenando lo que ya existe, no fingiendo que no está.

Acerca del autor

Manu Hunter
Escritor y periodista cannábico

Periodista cannábico con un estilo desenfadado pero siempre riguroso. Cuenta historias que prenden, informan y desmontan mitos, acercando la cultura cannábica al mundo con frescura y credibilidad. ¡Donde hay humo, hay una buena historia!