El consumo de marihuana se dispara entre los mayores de 65 años impulsado por el alivio del dolor, el insomnio y la ansiedad

Hubo un tiempo en que el cannabis era símbolo de rebeldía juvenil, de protesta, de contracultura. Hoy, sin embargo, quienes lideran silenciosamente el crecimiento del consumo no llevan camisetas psicodélicas ni van a festivales. Tienen más de 65 años, muchos están jubilados, y cada vez más recurren a la marihuana —en todas sus formas— para aliviar los achaques de la edad, dormir mejor y vivir con más calma.

Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa Journal of the American Medical Association, pone cifras a esta tendencia. En 2023, un 7% de los adultos mayores en Estados Unidos declaró haber consumido cannabis en el último mes. En 2021 eran apenas el 4,8%. La progresión es clara, sostenida y, según los expertos, no se trata de una moda pasajera: la tercera edad se ha convertido en la generación más canna-curiosa de todas.

Y no solo consumen más. Lo hacen con propósito, conocimiento y, muchas veces, bajo supervisión médica.

Los mayores se acercan al cannabis por salud, no por recreo

“El uso de cannabis entre los adultos mayores sigue creciendo, y además está cambiando según el perfil socioeconómico y demográfico”, explica Joseph Palamar, profesor de salud poblacional en la Universidad de Nueva York y uno de los autores del estudio.
Por primera vez, los investigadores han podido medir el “uso actual” (es decir, en el último mes) en lugar de limitarse al consumo anual. Esto ha permitido detectar un cambio de patrón importante: las mujeres mayores, en especial aquellas con estudios superiores y mayor poder adquisitivo, lideran este crecimiento.

La razón principal parece clara: el cannabis está funcionando como una alternativa —o complemento— a los medicamentos tradicionales, en especial para el tratamiento del dolor crónico, la ansiedad, el insomnio y otros síntomas relacionados con enfermedades como la hipertensión, la diabetes, el cáncer o las enfermedades respiratorias.

Según una encuesta realizada en 2024 por la Universidad de Míchigan y AARP, uno de cada cinco adultos mayores de 50 años reconoció haber consumido cannabis en el último año. Entre ellos, más del 60% dijo utilizarlo específicamente para dormir mejor, relajarse o aliviar el dolor.

El tabú cae, pero la conversación médica aún es insuficiente

Lo preocupante no es el consumo, sino el silencio que a menudo lo acompaña. Menos de la mitad de los encuestados admitió haber hablado de cannabis con su médico. Un dato que inquieta, ya que la interacción entre cannabinoides y medicamentos tradicionales puede tener consecuencias importantes.

“Todavía hay una falta enorme de formación médica en torno al cannabis terapéutico”, advierte el Dr. Benjamin Han, coautor del estudio y experto en geriatría en la Universidad de California San Diego. “Es fundamental que los profesionales de la salud entiendan tanto los beneficios como los riesgos del cannabis en personas mayores”.

THC y CBD: aliados, pero con matices

Con el paso de los años, el cuerpo cambia: el metabolismo se ralentiza, la sensibilidad se agudiza. Por eso, el impacto de una sustancia como el THC —el principal compuesto psicoactivo del cannabis— puede ser más fuerte en personas mayores. Incluso dosis pequeñas pueden provocar mareo, ansiedad o desorientación.

Por eso, los expertos recomiendan empezar con dosis mínimas, nunca superiores a 2mg de THC, y preferiblemente por la noche. En cambio, el CBD (cannabidiol), no psicoactivo y con efectos antiinflamatorios y ansiolíticos, es considerado mucho más seguro para uso diario. Su efecto es más suave, pero eficaz.

Un estudio canadiense publicado en 2022 en la revista Drugs & Aging analizó durante seis años el consumo de cannabis medicinal en casi 10.000 pacientes mayores de 65 años. La mayoría utilizaba aceites o flores con alto contenido de CBD. Los resultados fueron reveladores: un 36% logró reducir el consumo de opioides y un 20% disminuyó su dependencia a benzodiacepinas.

El cannabis no es una panacea, pero puede ser un gran aliado

No estamos hablando de milagros, sino de una herramienta complementaria, que usada con responsabilidad puede mejorar la calidad de vida. El desafío ahora está en formar a los médicos, en fomentar el diálogo entre pacientes y profesionales, y en seguir investigando los límites y posibilidades de esta planta milenaria en el contexto del envejecimiento.

La legalización en muchos estados de EE. UU. ha facilitado el acceso y ha reducido el estigma, lo que ha permitido a muchos mayores explorar opciones terapéuticas sin sentirse fuera de lugar. Personas que durante décadas veían el cannabis como algo ajeno, hoy lo incorporan a su rutina con la misma naturalidad con la que se toman una infusión relajante.

Eso sí, no todo vale. Los expertos insisten en la importancia de consultar siempre con un profesional de la salud, sobre todo si ya se están tomando otros medicamentos. El cannabis puede ser un alivio, pero también puede interactuar con tratamientos y producir efectos no deseados.

Una generación que cambia las reglas

La llamada «Generación Silver» está redefiniendo el envejecimiento. Ya no se resigna al dolor, al insomnio o a la dependencia farmacológica. Busca alternativas, exige calidad de vida y está dispuesta a explorar caminos antes impensables.

El cannabis, lejos de ser una moda, parece haber llegado para quedarse en sus vidas. Con conocimiento, responsabilidad y apoyo profesional, puede convertirse en una de las herramientas más valiosas de esta etapa.

Al fin y al cabo, como dice el refrán: nunca es tarde si la dicha es verde.

Acerca del autor

The Swami

Amante del cannabis y especializado en el mundo de las sustancias psicoactivas. Escritor y psiconauta.