Aunque se daba por descontado que el gobierno aprobaría la exportación de flor seca, en la Casa de Nariño hay dudas de que este mercado termine favoreciendo a los grupos ilegales.

La industria del cannabis medicinal en Colombia está muy inquieta. Aunque todos daban por hecho la aprobación de la exportación de la flor seca y que se permitiera su uso en alimentos y productos dietarios, en Palacio de Nariño parece haber dudas de última hora.

En febrero pasado se publicó un borrador de decreto para comentarios que incluía estas posibilidades, pero desde entonces nada volvió a saberse del asunto. Con una gravedad: se trata, ni más ni menos, que de los dos pilares de la nueva reglamentación que le urge a la industria para expandir el negocio.

“El mercado de cannabis a nivel internacional muestra en estadísticas que la flor seca es el producto más vendido en los mercados más maduros como lo son los Estados Unidos, Alemania, Canadá, Israel, Reino unido y muchos otros. Básicamente estamos hablando de un producto terminado que los médicos recetan y que los pacientes consumen en farmacias o dispensarios autorizados. Eso representa el 50 por ciento de las ventas de la industria total del cannabis. Y Colombia, que tiene todas las condiciones para competir de una forma muy importante en ese segmento, se está autoexcluyendo de ese mercado”, dice Camilo De Guzmán, vicepresidente de asuntos jurídicos y regulatorios de NatuEra, una de las compañías más sólidas del mercado.

En tiempos de pandemia y desempleo, con una economía deprimida y en medio de la incertidumbre por los bloqueos, las proyecciones de esta industria del cannabis medicinal en Colombia resultan prometedoras.

Un gramo de flor seca de cannabis como producto terminado, por ejemplo, puede venderse en el mercado internacional en casi 8 dólares, es decir unos 28 mil pesos. Y producir ese gramo en Colombia apenas cuesta medio dólar, unos 1.800 pesos.

“Si abrimos las puertas a la exportación de la flor seca, que es una flor de alto valor agregado, podríamos estar viendo una multiplicación muy importante en la inversión de los proyectos productivos que ya están en curso y podríamos estar viendo también una expansión en el empleo que eso generaría”, añade De Guzmán.

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Oportunidades de la industria del cannabis medicinal en Colombia

Canadá es el gran referente. Entre 2018 y 2020 el mercado médico canadiense exportó 22.658 kilogramos de cannabis con ingresos superiores a los 176 millones de dólares. Según cifras oficiales, Alemania importó el año pasado 9.231 kilos de cannabis con fines médicos.

Para los expertos, si Colombia lograra suplir el mercado canadiense y exportar a Alemania podría obtener ingresos de 690 mil millones de pesos al año.

El mercado está ahí, dicen los promotores de la industria, pero entre más tardemos en competir con los grandes jugadores del mundo, como Canadá, Holanda y Uruguay, más difícil será arañar el negocio del cannabis medicinal.

Rodrigo Arcila, presidente ejecutivo de la Asociación Colombiana de industrias del Cannabis lo dice crudamente

Aquí dependemos de todo eso que hagamos para agilizar todo el proceso de darle la competitividad que la industria necesita y eso, por ejemplo, está muy dado en la agilización de cupos, en poder exportar la flor, en tener la capacidad de usar todos esos elementos beneficiosos de la planta en alimentos, en productos veterinarios como se está usando en todo el mundo

Los cálculos incluso sostienen que, si el mercado de la exportación del cannabis medicinal en Colombia florece, en los próximos años esta industria podría tributar más renta que todo el sector agrícola. La posibilidad de extender el uso de la planta a sectores industriales y alimenticios, tal como prometía el borrador de decreto de febrero, constituiría un salto importante.

“Uno de los países más avanzados en esto es el Reino Unido en donde usted puede encontrar una cantidad de productos alimenticios que tienen contenidos cannábicos. Allí los denominados “novel food” están siendo reglamentados de una manera mucho más precisa, pero es una práctica que viene desde hace muchos años”, resalta Arcila.

A lo que añade De Guzmán: “Hay estudios científicos que demuestran que esto es seguro. NatuEra ha invertido en estudios de toxicología para realizar estas investigaciones que demuestran esto y que es algo que ya se permite en el Reino Unido, en la Unión Europea y más de 36 estados en Estados Unidos. Y Colombia al abrir esta puerta se convertiría en un importante polo de inversión”.

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Desde 2017, el Ministerio de Justicia ha entregado más de 2.000 licencias para la producción de semillas o de derivados de cannabis. Por su otorgamiento el gobierno ha recaudado 30.219 millones de pesos. De aprobarse la exportación de flor seca, advierten los expertos, podría crecer en un 50 por ciento la solicitud de licencias en el país.

¿Por qué hay dudas en el Gobierno?

Y, sin embargo, estos números o proyecciones parecieran no terminar de convencer del todo al gobierno. ¿La razón? Las movidas del mercado ilegal para aprovechar estas ventanas de negocio.

Noticias Caracol consultó al gobierno, pero su respuesta es que todavía están valorando las circunstancias técnicas y científicas que pueden generar la toma de esa decisión de aprobar la exportación de flor seca.

Rafael Amador, director corporativo de Procannacol, señala: “Ha pasado muchísimo tiempo sin que salga la reglamentación y estos atrasos perjudican tremendamente la industria porque se han hecho inversiones. El argumento posiblemente que percibimos que tiene el gobierno es que podríamos estigmatizar al país con dedicarnos a exportar la flor seca del cannabis, pero la verdad es que la industria del cannabis medicinal en Colombia es la más regulada que existe en el mercado”.

Según Amador, quizá sea el inri del narcotráfico lo único que podría explicar que el gobierno todavía tenga temores en avanzar en un mercado así de atractivo. Pero, insiste, resultaría absurdo que esos fantasmas truncaran las nuevas regulaciones que necesita la industria.

“Lo que nosotros estamos viendo es que Colombia tome algo que siempre ha sido un punto negativo en su historia y lo convierta en una oportunidad”, remata De Guzmán.

Hoy Colombia tiene 32.238 hectáreas de cultivos de plantas de cannabis no psicoactivo en todo el territorio. Meta, con 4.863 hectáreas, Magdalena con 4.456, Cundinamarca con 3.416, Valle del Cauca con 3.304, Antioquia con 2.790 y Vichada con 2.471 hectáreas, encabezan la lista.

Por ahora la industria del cannabis medicinal en Colombia está inquieta y pide pista para expandirse. Las llaves las tiene el gobierno.

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