Aspirantes de grandeza

por Germán Carrera

No confundáis a los que persiguen la grandeza a través del esfuerzo con los que creen merecerla porque sobreestiman sus capacidades. Aquí no hablaremos de aquellos que, a pesar de los delicados momentos que estamos viviendo, conservan la ilusión de que puedan ocurrir cosas buenas, de que se les pueda valorar la perseverancia, la formación, el trabajo… Hoy me gustaría referirme a los que obvian todo esto y se consideran merecedores de cosas increíbles, de sueldos desorbitados, de anecdóticos puestos de trabajo. Con la que está cayendo en nuestro país, resulta curioso cómo, aparentemente, parece aumentar el número de personas que creen estar destinadas a hacer grandes cosas sin haberse esforzado en absoluto.

Consejos para la realidad

“Eh, tío, creo que no te ha sentado del todo bien el último canuto que te has fumado. Tú, que trabajas en este sector, sabrás algo de reducción de riesgos. Conviene hacer descansos y, si algún día te crees mucho más de lo que eres, no viene mal que te tomes un respiro cannábico para que tus pies vuelvan a tocar el suelo”. Así es. Conviene soñar, es muy recomendable continuar esperanzado, seguir luchando, pero parece que las aspiraciones de grandeza infundadas contaminan aquello que se denominó “generación X” y, en mayor medida, a los “millennials”.

Millennials y la crisis

Hace años leí un artículo con el que, pensé, no estaba en absoluto de acuerdo. Afirmaba que los millennials, aquellos chavales nacidos entre 1982 y 1994, fruto del boom en la construcción y la prosperidad económica en nuestro país, parecían vivir como si el mundo les debiera algo. Muchos de estos jóvenes habían dejado pronto los estudios, en la adolescencia, y habían comenzado a trabajar en diferentes ámbitos, como la construcción o el sector servicios, cobrando sueldos considerables y metiéndose en follones hipotecarios con los bancos. En 2008 pusimos nombre a la crisis, y estos chavales, que rondaban los veintimuchos, se dieron de bruces con una realidad que jamás habían vivido. De pronto, el mundo que habían construido se caía en pedazos y sus preocupaciones aumentaban drásticamente. Las deudas se convertían en impagos, los trabajos en paro o en precarios, se comenzaba a echar a gente de sus casas, que pasaron a ser de los bancos y, según el autor, fue el mundo quien empezó a endeudarse con la gente.

La realidad de los millennials

Aquel artículo nos retrataba (pues yo soy uno de esos millennials) como niños caprichosos y poco formados que no sabían defenderse en el cruento mundo que les esperaba. Sin embargo, en mi entorno sólo había ejemplos que contradecían argumentadamente al articulista. Jóvenes muy formados, con experiencia laboral, que no tenían miedo a trabajar en el extranjero y afrontar cualquier obstáculo que se pusiera en su camino.

Aspiraciones de grandeza detalle 1

Experiencia personal

Según fui adquiriendo experiencia laboral (porque yo he tenido la suerte de trabajar para cuatro empresas en los últimos diez años y no estar nunca en paro), me iba topando con personas muy poco formadas, con una experiencia laboral limitada, muy poco currantes y con unas aspiraciones de grandeza nada acordes a la realidad.

Conclusiones

Animadversiones heavies hacia sus jefes o compañeros; delirios de grandeza que no se equiparan, en absoluto, a su esfuerzo, a sus horas de trabajo, a su formación; discursos ridículos al margen de la realidad sobre los derroteros empresariales que deben tomar empresas consolidadas…; y un largo etcétera de sinsentidos que no vamos a relatar aquí, pues lo único que pretendemos, siempre que escribimos en clave de mímesis, es canalizar algo que también podría ser una proyección del que escribe, por haber estado muchos años leyendo empedernidamente, escribiendo sin parar, luchando por hacerme un hueco en el mundo de los que escriben. Y sí, no tengo intención alguna de engañaros, queridos lectores, estoy profundamente harto de los demasiado listos, de los espabilados de calle, de los que van de buenos y de buenos no tienen nada, de los que engañan a los que son más tontos para prosperar, para ser más valorados, para promocionar…

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De veras estoy cansado de los que, sin haberse esforzado ni un ápice (en lo que respecta a la formación o al propio trabajo en sí, lo mismo me da), creen merecer grandes cosas. Harto de voces que piden lo que es suyo cuando no han podido justificar su valía más allá de lo espabilados que han sido para vender la moto a alguien sobre sus potencialidades. Capacidad con la que, supongo, creen haber nacido; y eso que hace años que nos hemos percatado de que, en este mundo, o eres rico o te construyes a base de esfuerzo y tesón, pues nadie regala nada.

Bueno, miento, he conocido a dos personas que han vendido tan bien la moto que actualmente ocupan puestos de relevancia e ingresan sueldos considerables. Pero conozco a decenas de personas que se han consolidado a través de la formación y el esfuerzo. La diferencia en el porcentaje es apabullante. Elijan ustedes qué quieren ser, pero, por favor, a mí no me hablen de sus delirios de grandeza.


Preguntas Frecuentes

P: ¿Cuál es la diferencia entre aspiraciones de grandeza y esfuerzo real para lograr metas?
R: Las aspiraciones de grandeza sin fundamento se basan en creencias infladas sobre las propias capacidades sin esfuerzo ni logros reales, mientras que el esfuerzo real para lograr metas implica dedicación, formación y trabajo constante.

P: ¿Por qué es problemático tener aspiraciones de grandeza infundadas?
R: Es problemático porque crea expectativas irreales y puede llevar a frustraciones cuando las metas no se logran debido a la falta de esfuerzo genuino y experiencia.

P: ¿Cómo pueden los millennials evitar caer en el trampa de tener aspiraciones de grandeza infundadas?
R: Los millennials pueden evitar esta trampa centrándose en la formación continua, el desarrollo de habilidades prácticas, y la búsqueda de experiencias laborales significativas que respalden sus aspiraciones.

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