Monash lanzó el 15 de junio un estudio clínico registrado en Australia para pacientes con síntomas persistentes tras una conmoción, aunque todavía no existen resultados en humanos.
La Universidad de Monash anunció el 15 de junio el lanzamiento de un ensayo clínico con psilocibina para personas con síntomas persistentes tras una conmoción cerebral, y el protocolo ya figura en el registro oficial de Australian Clinical Trials bajo el código ACTRN12626000576325. Según la universidad, se trata del primer estudio australiano aleatorizado, doble ciego y con placebo activo que probará esta terapia en humanos para este cuadro.
La novedad importa porque las secuelas prolongadas de una conmoción siguen teniendo pocas opciones terapéuticas sólidas, pero conviene no confundir apertura de ensayo con evidencia clínica. El estudio acaba de arrancar en Melbourne y, por ahora, no ofrece resultados de eficacia ni de seguridad en pacientes; lo que existe es un diseño experimental que intentará comprobar si la combinación de psilocibina y psicoterapia reduce síntomas que persisten al menos seis meses después del traumatismo.
La ficha del registro indica que el protocolo comparará una dosis oral única de 25 miligramos de psilocibina en la cuarta semana frente a una dosis de control de 5 miligramos, ambas integradas en un programa psicoterapéutico. Ese acompañamiento incluye tres sesiones preparatorias, cuatro sesiones de integración posteriores y un trabajo intensivo autoguiado durante dos semanas, un detalle relevante porque el efecto que se quiere estudiar no depende solo del fármaco, sino también del encuadre terapéutico.
El objetivo principal será medir la carga de síntomas postconmoción con el cuestionario Rivermead, mientras que entre las variables secundarias figuran la fluidez verbal, la satisfacción vital y otros indicadores cognitivos y emocionales. El planteamiento refleja un problema clínico bastante concreto: muchas personas arrastran durante meses cefaleas, mareos, irritabilidad, alteraciones del sueño o dificultades cognitivas después de una lesión inicialmente clasificada como leve, sin que exista una intervención estándar claramente eficaz para todos los casos.
Monash sostiene que la hipótesis del ensayo es que la psilocibina podría reducir neuroinflamación y favorecer nuevas conexiones neuronales, pero esa expectativa sigue siendo una hipótesis, no una conclusión. En Cannabis Magazine ya contamos cómo la psilocibina mejoró marcadores de daño cerebral crónico en ratas; precisamente por eso conviene separar con cuidado la evidencia preclínica de lo que pueda observarse ahora en personas con secuelas de conmoción.
También hemos seguido el marco regulatorio australiano en la revisión de salvaguardas para prescribir MDMA y psilocibina, así como otras vías clínicas recientes, como la que explora la Universidad de Nuevo México con psilocibina en terapia grupal para TEPT. El ensayo de Monash se sitúa en esa misma expansión del campo, pero con una indicación distinta y especialmente sensible porque mezcla neurología, salud mental y recuperación funcional tras traumatismo.
Para seguir el debate cultural, científico y político en torno a estas terapias también puede consultarse Fuertedélica cuando aporte contexto. En esta historia, sin embargo, la pieza clave sigue siendo más modesta: Australia ha abierto un ensayo riguroso sobre una necesidad clínica real, pero todavía no ha demostrado que la psilocibina alivie estas secuelas fuera del marco experimental.
Acerca del autor
Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.
En 1996 impulsó, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.
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