Qué efectos tiene la combinación de bebidas energéticas con alcohol en jóvenes y adultos y por qué conviene actuar con precaución
por Claudio Vida, Energy Control
El mercado de las bebidas energéticas se ha convertido, en los últimos años, en un negocio multimillonario. Dominado en un inicio por Red Bull, progresivamente otras marcas han ido ocupando su espacio y, como el caso de Monster, disputado con claridad el reinado del sector. Y, como con otros muchos productos, las grandes superficies no han tardado tampoco en ofrecer al público sus propias marcas, como es el caso de Mercadona o Día, por citar algunas.
¿Qué son las bebidas energéticas?
El target principal de las marcas de bebidas energéticas es el público joven. Las campañas de publicidad de Red Bull han sido espectaculares y consiguieron afianzarla como marca referente del sector. No sólo ha patrocinado saltos desde el espacio, sino que también se ha permitido mantener una escudería de Fórmula 1. Por su parte, Monster buscó abordar un problema clásico de estas bebidas, su sabor “a medicina”, y para ello diversificó su oferta con una gama algo disparatada de sabores. Además, obligó al consumidor a beber más por menos dinero (sus latas son de medio litro) con el resultado final de que ha conseguido hacerle sombra al gigante “que da alas”.
El componente principal de las bebidas energéticas es la cafeína. La cafeína es la sustancia estimulante más consumida por la población. Descubierta en 1819 por un químico alemán, es un alcaloide que actúa sobre el sistema nervioso central incrementando el nivel de alerta y disminuyendo la sensación de sueño. En las bebidas energéticas, la cantidad de cafeína depende de la marca concreta (ver gráfico). Junto a la cafeína, otro de los ingredientes de las bebidas energéticas es la taurina. Aunque producida naturalmente por el cuerpo, su nombre no tiene que ver con que “te ponga como un toro” sino que se debe a que fue asilada por primera vez en 1827 de la bilis de un toro por unos científicos alemanes. Se ha postulado que puede mejorar el rendimiento cognitivo y físico. Más allá de estas dos sustancias, las bebidas energéticas suelen contener también combinaciones de otras sustancias (guaraná, vitaminas, etc.) cuya efectividad para los propósitos con que se anuncian ha sido puesta en duda.
A día de hoy contamos con poca información sobre el uso de este tipo de bebidas entre la población. Las dos fuentes de datos principales proceden de un estudio de la EFSA (2013) y de la Encuesta en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad. Según el primero, se estima que en Europa un 30 % de los adultos han consumido bebidas energéticas al menos una vez en el último año, aunque esta prevalencia alcanza el 53 % en la franja de edad entre los 18 y los 29 años. Suelen consumirse fundamentalmente como “fuente de energía”, aunque también hay personas que las consumen para mantenerse despiertas, conducir largas distancias y, en algunos casos, para mejorar la concentración o aumentar el rendimiento deportivo. Se estima que, entre los adultos jóvenes, un 13 % podría catalogarse como “consumidor crónico”.
Por su parte, en el Informe 2016 del Observatorio Español sobre Drogas se presentaron por primera vez los datos relativos al consumo de bebidas energéticas por parte de los estudiantes de Enseñanzas Secundarias (entre 14 y 18 años) de España. Y las estadísticas confirman que se trata de una de las bebidas más consumidas, especialmente por los chicos, siendo el 50 % de ellos quienes dicen haber consumido alguna bebida energética en los últimos 30 días a partir de los 16 años, en comparación con el 33-35 % de las chicas. A la hora de escribir este artículo no se dispone de datos actuales relativos a población joven y adulta a través de las encuestas del Plan Nacional sobre Drogas.

La mezcla de bebidas energéticas con alcohol
En el citado Informe 2016 del OED también se recogen las prevalencias de consumo combinado de alcohol y bebidas energéticas en los últimos 30 días en adolescentes de entre 14 y 18 años (ver gráfico). En este caso, las diferencias entre chicos y chicas, aún siendo relevantes, son menores. En ambos casos, se trata de una combinación relativamente popular que ha realizado el 16 % de los chicos y el 12,6 % de las chicas en los últimos 30 días, siendo estas prevalencias superiores a partir de los 16 años.
Un área que ha recibido poca atención es la de las motivaciones para combinar alcohol con bebidas energéticas. Aunque, a priori, podemos pensar en que su mayor disponibilidad en los locales de ocio junto con las campañas de publicidad, hagan el producto más apetecible para el público, las razones encontradas en los estudios son de lo más diverso. El más reciente de estos estudios, realizado por un equipo de investigadores británicos, holandeses y australianos (Johnson et al., 2016), encontró que las principales razones eran el sabor y el deseo de emborracharse. Contrarrestar conscientemente los efectos depresores del alcohol o tener la posibilidad de beber más alcohol no parecían ser razones expuestas por muchas de las personas que hacían esta combinación (ver gráfico).
Se acepta que una dosis de hasta 200 mg de cafeína (aproximadamente 3 mg por kg de peso corporal) no supone grandes riesgos para un adulto sano. Una dosis total de hasta 400 mg/día (aproximadamente, uno 5,7 mg/kg/día) se considera segura para los adultos, a excepción de para las mujeres embarazadas. Por otra parte, una dosis de hasta 200 mg de cafeína combinada con una cantidad moderada de alcohol (aproximadamente de 0,65g/kg) no tendría riesgos especiales y se considera que es poco probable que la cafeína, al menos hasta los 200 mg, enmascare los efectos subjetivos de intoxicación del alcohol (European Food Safety Authority, 2015).
No obstante, dado que la combinación de alcohol con bebidas energéticas se da en el contexto de un uso recreativo y, en ocasiones, excesivo del propio alcohol, se ha postulado que los efectos estimulantes de las bebidas energéticas sí podrían enmascarar los efectos sedantes del alcohol, a la vez que aportan un toque estimulante a la experiencia. Como resultado, sería más difícil para la persona el poder hacer una estimación de su nivel de intoxicación, bebería más alcohol del que hubiera bebido si no hubiera tomado la bebida energética y, finalmente, acabaría asumiendo mayores riesgos (por ejemplo, la persona podría verse más inclinada a conducir porque notaría menos la intoxicación por alcohol).
Por otra parte, tanto el alcohol como las bebidas energéticas tienen un efecto diurético que podría favorecer la deshidratación corporal. Esto tiene una especial importancia en contextos de consumo de esta mezcla en los que se realiza un ejercicio físico intenso como el baile durante varias horas. Además, esta deshidratación también podría ser responsable de una mayor resaca al día siguiente. Finalmente, algunos autores también han apuntado a que el consumo combinado de alcohol y cafeína durante la adolescencia podría conducir al desarrollo de una dependencia (Xiang et al., 2017).
Sin embargo, diferentes revisiones de los estudios científicos llevados a cabo hasta la fecha dan lugar a resultados algo contradictorios. Por una parte, hay estudios que muestran que, entre quienes mezclan alcohol con bebidas energéticas se da un mayor consumo del primero y sufren de más consecuencias negativas (por ejemplo, Breda et al., 2014; Marczinski y Fillmore, 2014; McKetin et al., 2016). Otros estudios, sin embargo, ponen en cuestión estos hallazgos y concluyen lo contrario (por ejemplo, Peacock et al., 2014; Verster et al., 2016). Finalmente, otros estudios plantean la hipótesis de que la combinación de alcohol con bebidas energéticas es simplemente una conducta más del repertorio de ingesta de alcohol, especialmente entre quienes hacen un consumo abusivo (Rossheim et al., 2016).

Reducción de riesgos
Como es evidente, la falta de evidencias científicas sobre los riesgos también supone que sea difícil establecer pautas específicas de consumo de menor riesgo más allá de las habituales para el consumo de alcohol. No obstante, por un simple principio de precaución, parece importante no arriesgarse y andar con precaución si se decide combinar alcohol con bebidas energéticas.
En primer lugar, hay que ser consciente del consumo de cafeína. Aunque se esté bebiendo con alcohol, no debe sobrepasarse la cantidad diaria recomendada (hay que tener en cuenta la cafeína que también se ha consumido no desde las bebidas energéticas). La cafeína es estimulante y, aunque la investigación aún no es concluyente, sí puede ocurrir que ciertos efectos depresores del alcohol queden amortiguados. Ello no nos debe llevar a pensar que tenemos menos alcohol en la sangre. Simplemente estaremos más despiertos. Si no debemos conducir tras haber bebido alcohol, tampoco hay justificación para hacerlo si hemos combinado este con una bebida energética.
También es importante tener en cuenta que, si vamos a añadir otros estimulantes al combo, deberemos ser prudentes. Añadir cocaína o speed (que ya suele llevar cafeína) puede conducir a estados de excesiva estimulación.
Así que, como siempre, ha de imperar el sentido común y la protección. Mezclar alcohol con bebidas energéticas tiene evidentemente sus placeres, pero también puede conllevar sus riesgos.
Una nota final muy relevante
Como hemos comentado más arriba, el estado actual de la investigación no permite extraer muchas conclusiones sobre el papel causal que pueda tener la combinación de alcohol con bebidas energéticas en la experimentación de más problemas que los que se podrían sufrir por no hacer esa mezcla. Es cierto que existen numerosas dificultades metodológicas para conocer estas relaciones causales ya que la manera que lo permitiría no es éticamente posible (administrar alcohol y bebidas energéticas directamente y a diferentes dosis en un estudio aleatorizado con grupo control y ver qué pasa) y así queda patente en la literatura científica que normalmente hace uso de diseños de investigación que no permiten sacar dichas conclusiones.
Sin embargo, hay otro hecho importante a tener en cuenta y que ha sido denunciado en varias ocasiones. Una parte de las investigaciones realizadas hasta la fecha han sido llevadas a cabo por investigadores financiados de una u otra manera por las empresas del sector y cuyas investigaciones tendían a concluir que los riesgos de la combinación no se sostenían en base a las evidencias disponibles. Estos conflictos de interés hacen un flaco favor, no sólo a la ciencia, sino también a las personas ya que no es posible extraer conclusiones útiles a partir de la investigación. Así que, mientras todo se aclara, no cabe otra que ser prudentes.
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REFERENCIAS
European Food Safety Authority (2013). Gathering consumption data on specific consumer groups of energy drinks. Supporting Publications, EN-394.
European Food Safety Authority (2015). Scientific opinion on the safety of caffeine. EFSA Journal, 13, 5, 4102.
Johnson, S. J., Alford, C., Verster, J. C., & Stewart, K. (2016). Motives for mixing alcohol with energy drinks and other non-alcoholic beverages and its effects on overall alcohol consumption among UK students. Appetite, 96, 588–597.
Marczinski, C., & Fillmore, M. T. (2014). Energy drinks mixed with alcohol: what are the risks? Nutrition Review, 72, 98–107.
McKetin, R., Coen, A., & Kaye, S. (2015). A comprehensive review of the effects of mixing caffeinated energy drinks with alcohol. Drug and Alcohol Dependence, 151, 15–30.
OCU (2016). Bebidas energéticas: cafeína enlatada. Disponible en https://goo.gl/mw80qr.
Peacock, A., Pennay, A., Droste, N., Bruno, R., & Lubman, D. I. (2014). “High” risk? A systematic review of the acute outcomes of mixing alcohol with energy drinks. Addiction (Abingdon, England), 109(10), 1612–1633.
Rossheim, M. E., Thombs, D. L., Weiler, R. M., Barry, A. E., Suzuki, S., Walters, S. T., … Cannell, B. (2016). Alcohol mixed with energy drink: Use may be a consequence of heavy drinking. Addictive Behaviors, 57, 55–61.
Xiang, Q., et al. (2017). A review of the addiction potential of energy drink-alcohol mix. Medical Research and Innovations, 1, 1-2.
Acerca del autor
Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.












