Continuamos con nuestra historia de las drogas clásicas que se han utilizado a modo de drogas inteligentes.

La cultura del café

En el capítulo anterior nos quedamos con el café. También existe otra leyenda que narra que, estando enfermo Mahoma, fundador del Islam, se le apareció el arcángel San Gabriel, quien le dio café, bebida hasta entonces desconocida que consiguió curarle al instante. Se nos muestra así la estrecha relación de la cultura musulmana con esta planta estimulante.

Aunque se trate de pura especulación, es posible que las tribus nómadas del desierto consumieran el café que crecía espontáneamente en esas latitudes, estimulando así su espíritu guerrero. Tendríamos así un ejemplo bastante antiguo de consumo de una droga estimulante con un objetivo claro de mejora del rendimiento físico.

Café en la cultura detalle 1

Dejando a un lado la leyenda, y a pesar de no conocer bien sus orígenes, sabemos que la planta del café comenzó a utilizarse en los países árabes a comienzos del segundo milenio, y que era ya usual en la cultura musulmana a partir de los siglos XIII-XIV. Los establecimientos donde se ofrecía este preciado líquido eran sitios de reunión de los ciudadanos más selectos. Hablando de sus propiedades, igual que se alabó que ayudara a mantener despierto durante el rezo, es seguro que algunas de las producciones de los intelectuales árabes deben mucho al consumo de este estimulante.

Los viajeros cristianos por países musulmanes llegaron a conocer el café durante el siglo XVI, pero sólo en el siglo XVII comenzaron a entrar cargamentos a Europa. Dice Braudel que el café llegó a Venecia en 1615, que alrededor de 1640 se introdujo en Francia, y que hizo lo propio en Inglaterra en la década siguiente. Al principio tuvo fama de medicamento maravilloso y era recomendado para fortificar el hígado, expulsar los gases, combatir la sarna, purificar la sangre, mejorar las digestiones… Sus enemigos, en cambio, alegaban que era anafrodisíaco, una bebida de castrados que sólo podía acabar con el apetito sexual. Sigue contando Braudel que, en París, un tal Hatariun, un armenio conocido con el nombre de Pascal, abrió en 1672 el primer establecimiento donde se vendió café, y que pronto ganó gran número de adeptos.

Lo que parece estar claro es que al café le sucedió como a casi todo nuevo producto: que la actitud inicial hacia él fue ambigua, porque junto a los defensores acérrimos hubo quienes calificaron de diabólica a la nueva bebida, lo cual no impidió que se difundiera por Occidente y se hiciese enormemente popular. A principios del siglo XVIII se logra exportar la plantación del café a varias colonias de países europeos ―Java, Martinica, Cuba, Guayana― en un claro intento de controlar la producción llevándola a climas semejantes al que había sido origen de la planta. Desde este siglo ―el siglo de las luces y de la Ilustración― el café es la droga estimulante intelectual, consumida por todas las clases sociales cuando se necesita un empujón que ayude a realizar alguna pesada tarea o energía para soportar las obligaciones. Mucho antes de que aparecieran los primeros estimulantes y drogas inteligentes de síntesis química, los intelectuales de los siglos pasados lograban activar sus cerebros consumiendo café. Es cierto que en los últimos tiempos se han hecho populares los comprimidos y las cápsulas de cafeína, pero nunca han podido ser competencia para esta bebida, elaborada en casa o en algún establecimiento: no en vano es la droga del que trabaja sentado.

El descubrimiento del té

El té

El té es estimulante por su contenido en cafeína, teofilina y teobromina. Dice Escohotado que su poder estimulante es menor que el del café sólo porque utilizamos las hojas sin moler y no esperamos a que todo su contenido impregne el agua.

Esta popular bebida es originaria de China, donde se consume desde tiempos inmemoriales, por lo que es imposible precisar una fecha concreta. Por eso ―como en el caso del café― se acude a la leyenda y se cuenta que cierto emperador sólo bebía agua hervida, y que un día, mientras descansaba bajo un árbol de té silvestre, unas hojas cayeron en el agua de su taza. El emperador vio que el agua cambiaba de color, probó el líquido, el cual le gustó mucho, y siguió bebiéndolo a partir de entonces.

En el siglo III antes de nuestra era, un médico chino recomendaba el té para aumentar la concentración intelectual, lo que constituye una referencia bastante antigua al uso de una droga inteligente. También se conserva un documento que cuenta cómo un general escribía a su sobrino para pedirle que le enviase té auténtico, porque se sentía anciano y deprimido. También se sabe que en épocas posteriores los monjes budistas japoneses bebían té para mantenerse despiertos y concentrarse durante los períodos de meditación.

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Frente a este uso milenario por parte de la cultura china, en Occidente era conocido sólo a través de las experiencias de viajeros y misioneros. Los árabes, gracias a la expansión del Islam hacia el este, tuvieron contacto con el té mucho antes.

Café en la cultura detalle 2

Los colonizadores portugueses introdujeron el té en Europa a través de Macao, a mediados del siglo XVI y, ya en el siglo XVII, los holandeses importaban el producto.

En Inglaterra, donde es la bebida nacional, fue introducido por Catalina de Braganza, princesa portuguesa casada con el rey Carlos II, y se hizo popular en poco tiempo. Después, durante su dominio colonial sobre la India, los británicos utilizaron a este país como suministrador.

Dice Braudel que el té vino de China gracias a portugueses, holandeses e ingleses, y que los europeos lo conocieron por primera vez en la India. El traslado fue largo y difícil porque hubo que importar no sólo las hojas, las teteras y las tazas, sino también la afición por esta exótica bebida.

Sigue contando que el consumo en Europa empezó a ser notorio a partir de 1720-30, y que pronto Inglaterra fue el país más aficionado, mientras Francia, España y Alemania nunca consumieron mucho. Así, el té llegó a España en el siglo XVIII como moda importada de Inglaterra y Francia. Considerado una moda extranjera, sufrió un claro rechazo frente a la popularidad del café y del cacao, situación que perdura hasta nuestros días, cuando el consumo de esta planta en nuestro país ha crecido respecto a sus primeros tiempos, pero no alcanza al del querido café.

La evolución del cacao

El cacao

Este producto es originario de Centroamérica. Los olmecas y los mayas fueron las primeras civilizaciones que cultivaron el árbol del cacao, y parece que los términos “cacao” y “chocolate” proceden de lenguas de pueblos precolombinos de esa región: el primero de “cacahuatl” y el segundo de “xocoatl”, del nahua, lengua indígena mexicana.

Se obtiene de las semillas de la planta Theobroma cacao, un árbol de pequeñas dimensiones. Sus propiedades estimulantes se deben a su contenido en teobromina y a una pequeña cantidad de cafeína. También tiene grasa en forma de manteca de cacao, lo cual le concede propiedades alimenticias.

Su introducción en Europa fue muy lenta. Al principio se limitaba a la nobleza, pero cuando se extiende su uso se le atribuyen todo tipo de propiedades medicinales y afrodisíacas, y es a comienzos del siglo XIX cuando se hace popular por el surgimiento de la industria del chocolate.

Café en la cultura detalle 3

Cuenta Braudel que el chocolate llegó desde México, sobre 1520, en forma de barras y tabletas. La introducción en Europa, desde España, siguió la ruta Países Bajos – Francia – Inglaterra. Era entonces considerado a la vez medicina y alimento. En Francia, en un principio, fue a veces alabado y a veces criticado, y a mediados del siglo XVIII los grandes lo toman algunas veces, los viejos a menudo y el pueblo jamás. Sólo triunfa en España, mientras los extranjeros se burlan del chocolate espeso con canela de los madrileños.

En la actualidad el cacao se consume principalmente en forma de tabletas de chocolate o disuelto en leche, y es popular sobre todo en niños y jóvenes.

Las propiedades de la hoja de coca

La hoja de coca

La hoja de coca es tan conocida por ser el producto base a partir del cual se elabora la cocaína, que se olvidan las cualidades de esta interesante planta. Ciertamente, las hojas contienen un 1 % de cocaína, pero no es ésta la única utilidad de la coca.

Muchos siglos antes de la conquista española, los indios americanos la utilizaban con propósitos terapéuticos, alimenticios y estimulantes, todo ello revestido de cierto carácter mágico-religioso, llegando a ser un símbolo de identidad y de unidad. Los incas consideraban divinas a las hojas de coca, por lo que reservaban su consumo a las clases más altas; representaban a la divinidad, se veneraban sus campos de cultivo y se quemaban en los sacrificios y homenajes al sol.

Cuando los descubridores españoles la conocieron, los misioneros censuraron duramente su consumo, probablemente por los ritos a los que iba asociada, aparte del rechazo etnocéntrico por parte de una cultura que sólo aceptaba el alcohol como droga tolerable. Pero poco a poco empezó a ser asumida e incluso fomentada, porque se dieron cuenta de que facilitaba el trabajo y aumentaba la productividad de los nativos. Ciertamente, a los conquistadores les impresionó el efecto que producía en los indios, ya que les permitía trabajar durante días sin comer otra cosa. La coca se utilizaba también en las grandes caminatas, y es síntoma de su popularidad que las distancias se midieran por cocadas, es decir, por los descansos en los cuales se mascaban las hojas, cuyo efecto no solía rebasar los tres cuartos de hora.

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A mediados del siglo XIX empezaron a entrar en Europa cantidades apreciables de hojas. Paolo Mantegazza, neurólogo italiano, publicó un ensayo sobre ellas, impresionado por las sensaciones que producían: euforia general, aumento de la fuerza muscular, sentimiento de agilidad, suave fluir de las ideas, placidez y delicioso estado de alerta. En 1860 Albert Niemann logra sintetizar la cocaína a partir de las hojas de coca, acontecimiento importante en la historia de la medicina y de la anestesia.

Prueba de la gran fama de que gozaba la droga es que, en 1893, el químico corso Ángelo Mariani patentó el Vino Coca Mariani, extracto de coca diluido en vino, que llegó a ser la bebida más popular de Europa. Se alababan sus propiedades y se recomendaba para múltiples dolencias e inspiró a John Pemberton para idear la fórmula de la Coca-Cola, que se vendió al principio como remedio para el dolor de cabeza y como estimulante. En sus comienzos contenía algo de alcohol y cocaína, que luego fueron sustituidos por agua con gas y extracto de nuez de cola, fuente de cafeína.

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A principios del siglo XX, numerosos preparados farmacéuticos, bebidas, e incluso tónicos reconstituyentes, contenían cocaína; pero en 1914, EEUU decide prohibirla. Desde entonces su tenencia y consumo empiezan a ser perseguidos.

Dejando a un lado los avatares de su alcaloide, a la hoja de coca hay que reconocerle el haber sido, durante siglos, un estimulante utilizado y apreciado por los habitantes de los países andinos para resistir duros trabajos, por lo que constituye una droga del esfuerzo para muchos sudamericanos. Su valor es mayor si tenemos en cuenta que contiene una gran cantidad de principios nutritivos, otro motivo para estar mascándolas durante toda la jornada.

Frente a la mala prensa que le ha dado el ser producto base del que se extrae la cocaína, y para evitar la destrucción sistemática de los cultivos ―única fuente de ingresos de muchas regiones― algunos fomentan su consumo para sostener la economía de amplias zonas de Sudamérica. Y así, recomiendan la hoja de coca para tratar la impotencia sexual ―como afrodisíaco―, para la fatiga crónica, desgaste intelectual, depresión y anemia, para retardar el envejecimiento, y para aumentar el rendimiento de los deportistas.


Preguntas Frecuentes

P: ¿Cuál es la relación del café con la cultura musulmana?
R: El café tiene una estrecha relación con la cultura musulmana. Fue utilizado en los países árabes desde el segundo milenio y era común en su cultura a partir de los siglos XIII-XIV, siendo consumido por intelectuales y valorado por su capacidad de mantener despierto durante el rezo.

P: ¿Cómo se introdujo el café en Europa?
R: Los viajeros cristianos conocieron el café en el siglo XVI en los países musulmanes, pero comenzaron a llegar cargamentos a Europa en el siglo XVII, empezando por Venecia en 1615, y pronto se popularizó en Francia e Inglaterra.

P: ¿Qué papel jugó el café durante el siglo de las luces y la Ilustración?
R: Durante el siglo XVIII, conocido como el siglo de las luces y la Ilustración, el café se convirtió en una droga estimulante intelectual, ampliamente consumida por varias clases sociales para mejorar la actividad cerebral y facilitar tareas pesadas.

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