Gavin Newsom se declara a favor del acceso terapéutico a psicodélicos como la psilocibina o la ibogaína, pero advierte sobre los peligros de una comercialización masiva al estilo del cannabis

California: psicodélicos sí, pero con cautela y sin que el capital se los trague

Gavin Newsom lo tiene claro: California debe liderar la revolución psicodélica, pero no a cualquier precio. El gobernador del estado más poblado de Estados Unidos se ha mostrado abiertamente favorable a que los psicodélicos se utilicen con fines terapéuticos, especialmente en entornos clínicos y bajo supervisión profesional. Sin embargo, también ha lanzado una advertencia: el capitalismo podría torcer su verdadero propósito.

“Estamos completamente dentro”, dijo Newsom en el pódcast del ex Navy SEAL Shawn Ryan, especializado en salud mental de veteranos. Pero añadió con un tono muy californiano: “el diablo está en los detalles”.

Entre la medicina y el mercado

Newsom se muestra preocupado por la entrada masiva de inversores privados y empresarios que, como ocurrió con el cannabis, ven en los psicodélicos una oportunidad de oro para monetizar una necesidad sanitaria. “Tengo muchos amigos emprendedores que están deseando entrar en este terreno”, admitió. “Y eso me hace ser cauteloso”.

El gobernador, que ya firmó en 2022 una ley para facilitar la investigación científica sobre psicodélicos y cannabis, no quiere repetir los errores del pasado. “Creíamos en un mercado regulado para el cannabis”, recordó, “pero aún no hemos eliminado el mercado negro y los impuestos han generado mucha tensión”.

Veteran on psychotherapy

Una legislación que avanza a trompicones

Aunque Newsom vetó en 2023 una propuesta legislativa que habría despenalizado la posesión de pequeñas cantidades de psicodélicos como la psilocibina, lo hizo con matices. En su mensaje de veto pidió a los legisladores que regresaran con un proyecto más enfocado en el acceso terapéutico regulado y que se planteara una despenalización más amplia en el futuro.

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“La ciencia revisada por pares y los testimonios personales poderosos me llevan a apoyar nuevas oportunidades para abordar la salud mental a través de medicinas psicodélicas”, escribió entonces. “La psilocibina ha demostrado aliviar el sufrimiento de personas con depresión, TEPT, lesiones cerebrales traumáticas y adicciones. California estará en la primera línea de esta revolución”.

Pero desde entonces, el avance ha sido lento.

Veteranos, terapeutas y políticos frustrados

En mayo pasado, una comisión del Senado bloqueó una ley bipartidista que habría creado un programa piloto de terapia con psilocibina para veteranos y ex socorristas. Una oportunidad perdida, según muchos expertos, en un contexto donde la crisis de salud mental sigue agravándose.

El propio Ryan, exsoldado y presentador del pódcast, contó cómo una sesión con ibogaína en México le cambió la vida. “Llevo tres años sin beber. Fue como accionar un interruptor”, dijo.

A lo que Newsom respondió: “Estamos totalmente dentro, pero el problema es cómo aterrizamos el avión”.

Cannabis: el espejo que no quieren repetir

La experiencia con la legalización del cannabis en California sirve como advertencia. Pese a ser uno de los primeros estados en regular su uso medicinal y recreativo, el mercado negro sigue vivo, los precios legales son altos por culpa de los impuestos, y muchos pequeños productores se han visto ahogados.

Esto ha llevado al Senado a aprobar este mes una moratoria de cinco años sobre los nuevos impuestos al cannabis, en un intento por estabilizar la industria.

Mientras tanto, el gobierno de California ha repartido más de 52 millones de dólares en subvenciones a organizaciones comunitarias y departamentos de salud locales, con fondos provenientes del impuesto sobre la marihuana. Se trata de la séptima ronda del programa CalCRG (California Community Reinvestment Grants), que busca reparar parte del daño provocado por la guerra contra las drogas.

Una revolución con freno de mano

A pesar del impulso inicial, la reforma psicodélica en California está atascada entre el entusiasmo terapéutico, la prudencia política y la presión del capital. El riesgo es claro: convertir un potencial instrumento de sanación en otro producto más en el escaparate del mercado, vacío de sentido y lleno de etiquetas.

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El mensaje de Newsom, aunque moderado, apunta a una posición firme: sí al uso clínico de psicodélicos, siempre que se mantenga el control sobre su aplicación y se evite una deriva hacia la banalización comercial.

Conclusión: Psicodélicos, sí… pero no como negocio fácil

La revolución psicodélica, como la del cannabis, no será sencilla. Y si algo ha aprendido California, es que legalizar no basta: hay que hacerlo bien.

El reto ahora es redactar una ley que priorice la salud pública por encima del beneficio privado, que proteja a los pacientes, reconozca a los terapeutas, respete las raíces culturales de estas sustancias y, sobre todo, no repita los errores del pasado.

Como dijo el propio gobernador: “Estamos dentro. Pero hay que aterrizar el avión”.


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Acerca del autor

Justin Vivero

Escritor especializado en cannabis  y residente en Miami, combina su pasión por la planta con la vibrante energía de la ciudad, ofreciendo perspectivas únicas y actualizadas en sus artículos.