Antigua y Jamaica lideran un renacimiento verde entre legalización, exportaciones y justicia social
Huele a tierra húmeda, a sol caribeño y a una vieja reivindicación que por fin empieza a encontrar cauce legal. Michaelus Tracey, cultivador experto en Antigua, acaricia las hojas de una de sus nueve variedades de cannabis con la precisión de un enólogo. “Frota la hoja e inhala”, dice. Detrás de ese gesto hay años de ensayo, error y conocimiento ancestral.
La pequeña isla de Antigua, en pleno corazón del Caribe, se perfila como uno de los nuevos epicentros de la industria del cannabis medicinal. Acompañada por gigantes culturales como Jamaica, donde fumar marihuana forma parte casi identitaria del paisaje, el Caribe está pasando del estigma a la estrategia, del tabú a la exportación.
Desde 2018, Antigua y Barbuda despenalizó el uso de cannabis con fines medicinales. Hoy, seis granjas legales, cuatro dispensarios y un lounge cannábico componen el esqueleto de un sector que aún lucha por abrirse camino frente a la competencia ilícita. La paradoja es evidente: mientras las empresas legales deben pagar sueldos y electricidad, el mercado negro sigue siendo más rentable.
Pero el desafío no se queda ahí. Como señala la profesora Rose-Marie Belle Antoine, ex presidenta de la Comisión Regional sobre Marihuana de la CARICOM, “la despenalización no es suficiente; hay que legalizar y regular”. A su juicio, la legalidad plena permitiría no solo mayor desarrollo económico, sino también el avance de la investigación científica. El Caribe, afirma, posee un acervo valiosísimo en cuanto a variedades y conocimientos, reprimido durante décadas por la llamada “guerra contra las drogas”.
Un cambio inesperado vino desde el norte. En diciembre, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para reclasificar el cannabis como droga de menor peligrosidad. Esto ha generado esperanza entre empresarios como Alexandra Chong, directora ejecutiva de Jacana en Jamaica. “Este cambio podría abrir la puerta a exportaciones legales hacia EE.UU.”, sostiene, aunque de momento la legislación federal aún impide importaciones, a pesar de que 24 estados ya han legalizado el uso recreativo.
Mientras tanto, países como Jamaica han empezado a establecer procedimientos para permitir la exportación de cannabis a mercados donde sea legal. Antigua, por su parte, ya cuenta con la infraestructura legal y logística —incluido un aeropuerto internacional— para dar ese salto. Regis Burton, director de la Autoridad del Cannabis Medicinal de Antigua, asegura que la isla podría convertirse en un actor relevante por la simple novedad de su producto: “Pocos pueden decir que han probado cannabis de Antigua”.
No todo son cifras y permisos. También hay una profunda dimensión social. En 2018, el primer ministro de Antigua, Gaston Browne, pidió perdón formalmente a la comunidad rastafari por décadas de represión. Hoy, estos grupos tienen autorización sacramental para cultivar cannabis, y el gobierno planea borrar antecedentes penales por posesión de pequeñas cantidades. Para líderes como el Sumo Sacerdote Selah, de la comunidad Nyabinghi, el perdón llega tarde pero significa mucho: “Nos encarcelaban, destruían nuestras plantas y nos humillaban”, recuerda.
Curiosamente, Antigua ha optado por una vía original con los productores ilegales: invitarlos a regularizarse. En lugar de castigos, ofrece formación gratuita. De los primeros 22 graduados, dos ya están en camino de abrir sus negocios medicinales.
Volvemos a Pineapple Road. Allí, entre aromas terrosos y flores cuidadas con mimo, dos empleados enrollan a mano cigarrillos de un gramo de marihuana pura. Un trabajo artesanal que simboliza más que una nueva industria: es una nueva era.
No se trata de crear un nuevo Ámsterdam —como puntualiza Robert Hill, asesor del sector— sino de encontrar un modelo propio, sostenible y anclado en el bienestar. Y en un Caribe históricamente castigado por el narcotráfico y la marginación, eso sí que huele a justicia.
Acerca del autor
Escritor especializado en cannabis y residente en Miami, combina su pasión por la planta con la vibrante energía de la ciudad, ofreciendo perspectivas únicas y actualizadas en sus artículos.




















