En la actualidad existen distintas maneras de entender la práctica médica, que si bien se encuentra siempre orientada al diagnostico y tratamiento de las distintas afecciones que alteran de alguna forma el funcionamiento “normal” del organismo del ser humano, lo hace de distinta manera dependiendo de la “filosofía” subyacente en el origen socio cultural de dichas prácticas. Así pues, no es igual que nos sometamos a un chequeo médico en España que en China o en India.

 Texto y Fotos: Luis Hidalgo

Primeros Pasos

El concepto de “medicina” como conjunto de prácticas y métodos para la detección de enfermedades y el tratamiento necesario para su alivio o curación no es algo único e inamovible, sino que más bien depende básicamente de cómo se ha llegado a esa base de conocimiento que relaciona enfermedad y remedio.

En el caso de la medicina occidental, la cuestión se centra en categorizar enfermedades aislables o agentes de enfermedad, y una vez determinada ésta, se aísla, y se trata de modificarla, controlarla, o eliminarla. El médico occidental empieza por un síntoma y a continuación busca el mecanismo subyacente, una causa precisa que provoca una enfermedad específica. Según este concepto, la enfermedad puede afectar varias partes del cuerpo, pero es un fenómeno relativamente bien definido y bien delimitado. La diagnosis hecha con precisión debe producir una descripción exacta y cuantificable de la enfermedad y sus causas con muy poco o nulo margen de error. La lógica del médico es analítica cortando a través de la acumulación de fenómenos corporales como el escalpelo de un cirujano para aislar una única entidad o causa.

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Diferentes maneras de curar

Una de las formas de aplicar la medicina es la oriental, y más en concreto la que se ha desarrollado desde épocas milenarias en China, al contrario que el occidental, el médico chino dirige su atención al individuo completo, a nivel fisiológico y psicológico. Toda la información relevante, incluyendo tanto el síntoma como las demás características generales, es reunida y tejida hasta que forma lo que la medicina china designa como un “pauta de desarmonía”. Esta pauta de desarmonía describe una situación de “desequilibrio” en el cuerpo del paciente. La técnica de diagnóstico oriental no busca la determinación de una enfermedad específica o una causa precisa, sino que dicta una descripción de la persona que siendo casi poética es operativa. La cuestión de la causa y el efecto es siempre secundaria frente a la situación general. Uno no se pregunta: ¿Qué X está causando Y?, sino, ¿Cuál es la relación entre X e Y?, es decir, esta manera de entender la práctica médica está enfocada a discernir la relación entre eventos corporales que ocurren simultáneamente, por lo que podríamos denominarla como organimística o sintética, tratando de organizar los síntomas y signos en configuraciones comprensibles. Las configuraciones totales, los patrones de desarmonía, proveen del marco para el tratamiento. La terapia trata luego de poner la configuración en equilibrio, de restaurar la armonía del individuo.

Otra de las corrientes médicas más importantes o extendidas en la actualidad es también oriental y milenaria y nació en la India hace más de 5.000 años. Hablamos de la medicina Ayurveda o Ayurvédica que es seguida por muchas personas gracias a su filosofía, que aúna el cuidado del cuerpo, la mente y el espíritu, a diferencia de otros muchos sistemas médicos. De esta manera se supone que ayuda a alcanzar la relajación necesaria para vivir en un equilibrio físico y emocional imprescindible para el total bienestar de nuestra salud. Una característica muy especial de su práctica médica es que es válida para tratar todo tipo de dolencias, desde simples resfriados hasta asma, epilepsia, colesterol, psoriasis o depresión, y de hecho, en algunos casos se utiliza como complemento de la medicina común al estilo occidental.

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Para que el Lector se pueda hacer una idea más clara, el término “Ayurveda” significa “la ciencia de la vida” y se basa en lograr un bienestar equilibrado entre el cuerpo, la mente y el espíritu. De ahí sus numerosos beneficios, que tradicionalmente alcanzan a todos los ámbitos de la vida de una persona. Al contrario que muchas otras formas de medicina alternativa o “no occidental”, la práctica médica Ayurvédica se encuentra reconocida por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como sistema médico tradicional. Actualmente está adquiriendo una gran relevancia como complemento a la medicina occidental debido a que abarca numerosos ámbitos como la alimentación, la respiración y la paz espiritual.

Una de las grandes diferencias de la medicina Ayurveda con respecto a la occidental es que se basa en métodos de origen natural, no invasivos. Se trata de prácticas muy sencillas que utilizan ingredientes vegetales y con total ausencia de experimentación animal. Su carácter preventivo también constituye un importante beneficio para la salud, pues al apoyarse en el conocimiento del propio cuerpo nos permite evitar determinados problemas que puedan manifestarse. Se ha llegado a demostrar su eficacia en la prevención de enfermedades como la diabetes o el cáncer. Los hábitos alimenticios son algo clave para este tipo de medicina, que trata de corregir el estilo de alimentación de los pacientes, buscando una buena nutrición, ya que ésta afecta en todos los sentidos a nuestro organismo y estado anímico.

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¿Oriente u Occidente?

Como hemos podido ver, dentro de las distintas maneras que predominan a la hora de diagnosticar y tratar nuestro cuerpo cuando éste sufre algún tipo de enfermedad sólo existe una que se basa en la precisión del diagnóstico y la exactitud del tratamiento, separando el cuerpo de las cuestiones mentales o “espirituales”. Existen prácticas aún más “sui géneris” al estilo de la medicina “holística” o las técnicas de “bio descodificación” no reconocidas por la ciencia occidental, aunque en realidad es cada persona a nivel individual quién debe juzgar y evaluar la metodología médica que mejor le venga, evitando por supuesto el caer en manos de charlatanes, exorcistas, gurús, cirujanos psíquicos y toda una sarta de timadores pseudocientíficos sin escrúpulos dispuestos a vender panaceas a personas desesperadas y enfermas, y cuyas prácticas suelen empeorar los síntomas e incluso a provocar complicaciones inesperadas e incluso la muerte.

Quizá el uso medicinal que se le ha dado al cannabis desde su comienzo hasta el día de hoy se ha encontrado más ligado a la forma oriental de entender la medicina, alejándose de los principios médicos occidentales por distintos motivos, siendo el más importante el hecho de que uno de sus principios activos, el D9 TetraHidroCannabinol (THC) se encuentre fiscalizado como droga de abuso a nivel internacional, y como consecuencia también se prohíbe el cultivo de la marihuana, independientemente de que se vaya a utilizar para extraer el THC se vaya a destinar a cualquier otro fin, incluyendo el simple uso ornamental o como aromaterapia.

Por esto, desde que fue prohibido definitivamente en la Convención de Viena de 1961, su uso medicinal ha venido siendo “clandestino” y al margen del sistema médico occidental, lo que ha llevado en muchos casos a una mala utilización o al desconocimiento de que el cannabis puede ayudar en el tratamiento de distintas patologías. Por un lado, hasta hace pocos años existía muy poca información veraz acerca del uso medicinal del cannabis al alcance del público en general e incluso a nivel profesional, pues por ejemplo, aún hoy no existe ningún tipo de especialidad o especialización en tratamientos con cannabinoides reconocida a nivel oficial.

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La consecuencia directa de todo esto es que unos principios activos (los cannabinioides) disponibles de manera económica (cultivando marihuana) y cuyas aplicaciones en salud ya se encuentran comprobadas y corroboradas, e incluso utilizadas en algunos medicamentos “oficiales” (nabilona, sativex, etc…) en realidad no son utilizados por los cuerpos médicos que tratan a los pacientes, y aunque ya existe cierta sensibilización entre muchos profesionales, el hecho de que el THC sea una sustancia prohibida hace que ningún “galeno” incluya el cannabis en los tratamientos habituales. Indirectamente, lo anterior ha provocado que los pacientes potencialmente susceptibles de ser tratados con cannabis hayan buscado información por su cuenta y riesgo, en ocasiones en fuentes poco fiables, sobre como automedicarse, lo que no suele ser recomendable.

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Es por esto que el Autor de esta serie de artículos sobre cultivo medicinal ha desarrollado una metodología de cultivo y posterior proceso de cannabis narcótico que lo acerque a los principios de la medicina occidental oficial en cuanto a presentación, posología y forma de uso y que además proporcione a cualquier médico la seguridad de que se puede utilizar como cualquier otro medicamento estándar con todas las garantías.

Buscando el diagnóstico

En la entrega anterior explicamos el proceso básico para obtener un producto homogeneizado y que cumpla los niveles de seguridad necesarios para que tanto el paciente como el facultativo tengan absoluta garantía de que la que se está prescribiendo y consumiendo es lo que debe ser: un medicamento en forma de polvo encapsulado que contiene un excipiente que es la materia vegetal, y unos principios activos que son los cannabinoides contenidos en los tricomas, glándulas con forma de palo y una esfera en su extremo superior que se forman principalmente en la superficie de los cálices y hojas de la planta del cannabis.

De la misma manera comentábamos cómo analizar los distintos lotes para conocer de manera exacta, o con muy poco margen de error, el contenido medio de cada uno de los cuatro cannabinoides principales que actualmente se están aplicando en la faceta medicinal, al objeto de poder establecer una relación óptima entre ellos para una patología concreta. Más adelante a lo largo de la serie podremos ver como estos niveles pueden ser alterados a partir de la transformación de unos cannabinoides en otros por métodos relativamente sencillos, como la descarboxilación, la oxidación o la gasificación.

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De igual manera indicábamos como acceder a las páginas de la SEIC y la IACM, las dos organizaciones (nacional e internacional) de médicos y científicos investigadores especializados en cannabinoides y salud, pero tras la multitud de peticiones por parte de nuestros Lectores, a partir del próximo número incluiremos una recopilación de las distintas patologías susceptibles de ser tratadas con cannabinoides como complemento de la medicina oficial, siempre según la información publicada por los organismos anteriormente citados, así como el ratio entre cannabinoides recomendado para ellas y una pequeña reseña sobre su vía de administración.

En el próximo capítulo empezaremos a categorizar variedades y explicaremos como mantener nuestro propio banco de clones de manera autogestionada, para no tener que depender de nadie y poder garantizar que el producto obtenido va a ser acorde con lo que esperamos de él. Hasta entonces, un saludo.