Una maceta, unas bolitas de arcilla expandida y un esqueje. ¿Sólo con esto voy a hacer una planta de un metro de altura y que me de un buen rendimiento? Buena pregunta, pero lo mejor es la respuesta: Definitivamente SI!!! Bueno, realmente, quizá necesitemos algo más, luz, agua… y nutrientes, ya que la planta tendrá que comer para poder crecer y darnos sus ansiados frutos. Ahora bien: ¿Esto como va? Porque si riego así sin más, se me sale directamente todo el líquido por abajo. Mmmm… Algo falla, esto no es igual que la tierra.

Fotos y Texto: Luis Hidalgo

Lo cierto es que cuando dominamos un sistema de cultivo, uno de las cosas que nos echan para atrás, a la hora de cambiar, es precisamente la incertidumbre sobre si podremos adaptar los conocimientos que ya poseemos, o por el contrario todo va a ser nuevo, complicado y difícil, y en vez de un avance vamos a ir a peor. Esto se da con mayor intensidad, si cabe, cuando la experiencia en el cultivo ha sido trabajanda con tierra, que es la manera más fácil de cultivar.

A la hora de la verdad, los sistemas de cultivo hidropónicos son relativamente sencillos de utilizar y aunque como vimos en la anterior entrega, también tienen sus inconvenientes, éstos son también fáciles de manejar siempre que se cumplan una serie de normas básicas precisamente en cuanto a régimen y tipo de riego y por supuesto, nutrición.

La Arcilla Expandida

Como ya sabemos, en este curso vamos a tratar con la arcilla expandida como sustrato, es decir, el medio donde se van a desarrollar las raíces, ya que como veremos más adelante, las plantas no tienen que estar sujetas necesariamente en el sustrato en sí, y, de hecho, algunos de los sistemas “llave en mano” disponibles en el mercado precisamente hacen uso de esta característica, sujetando la base del tallo por medios mecánicos y dejando solo el cepellón de raíces desarrollándose sobre y entre la arlita.

El proceso de fabricación de la arlita a nivel elemental es siempre el mismo: Primero, se realiza una molturación a partir de arcilla extraída de cantera. A continuación se almacena, se homogeiniza y se seca. Una vez seca, se muele hasta obtener un polvo muy fino, denominado ”crudo”, la base para el siguiente paso del proceso, la granulación: El crudo se aglomera con agua en platos granuladores formando unas esferas de barro de tamaño controlado. Estas esferas, de entre 0-4 milímetros, son el germen de la arcilla expandida tal y como la conocemos.

La fase final es la cocción de la arcilla, mediante la cual se consigue el aspecto y la textura del material conocido como arlita: La expansión de la arcilla se produce en hornos rotatorios a una temperatura de 1.200ºC. Al tiempo que la materia mineral se funde, se produce la combustión de la materia orgánica y los gases resultantes de dicha combustión expanden la bola de barro hasta alcanzar unas cinco veces el tamaño original. A continuación detallamos los distintos tipos de arlita:

Estos tipos de arlita son perfectamente válidos para el cultivo y se denominan “arlita gris”, muy económica y fácil de encontrar, aunque con el inconveniente de que viene con mucho polvo y residuos y resulta más difícil de limpiar y acondicionar, ya que, como veremos más adelante, en el curso, uno de los factores de más peso para que todo el ciclo de cultivo vaya perfecto es el “set up” inicial del medio en el que se va a desarrollar dicho cultivo, o sea, precisamente la eliminación de todo tipo de impurezas y la estabilización del pH de la arlita. Sin embargo, también existe la llamada “arcilla roja”, que aunque también hay que lavar y estabilizar, resulta mucho más manejable. Está mucho mejor “acabada” exteriormente y suele venir prelavada, lo que ya facilita sobremanera el lavado inicial. Por otra parte, mientras que la arlita gris carece de la cobertura exterior, lo que hace que vaya soltando restos de su superficie a lo largo del cultivo por la simple erosión del agua, la arlita roja soluciona también este problema.

Subrrigación

Sistemas de cultivo

Ya sabemos que los sistemas hidropónicos nos proporcionan más cosecha en menos tiempo a igualdad de número de plantas, y que el secreto no es otro que una mayor y mejor oxigenación del sistema radicular y el aporte directo de los nutrientes específicos para cada momento concreto del cultivo (vegetetativo, floración, etc…). Las características de la arlita cumplen perfectamente con los requisitos para ello, e igualmente el principio de su “funcionamiento” es que se seca muy rápido. Más en concreto, el agua con los nutrientes disueltos se queda fijada en forma de minúsculas gotas sobre los microporos de la arcilla hasta que es absorbida por algún capilar radicular o se evapora, teniendo en cuenta que este proceso (la evaporación) sucede a más velocidad de lo esperado, incluso a bajas temperaturas, debido a las características físico químicas de la arlita.

Esto implica otro factor clave: El riego. Pongamos un ejemplo, tras verter 10 litros de agua sobre un cubo de 10 litros lleno de arlita con sus orificios de drenaje en la base, veremos que tarda unos 40 minutos en secarse, con lo que ya podemos ver que el tema del riego manual estará complicado. Si bien no es imposible y se pueden buscar sistemas que alarguen el periodo entre riegos, esto redundará directamente en el rendimiento final y más aún, en lo complicado o sencillo que puede resultar el cultivo en cuanto a carencias y excesos nutricionales, ya que como hemos explicado en la presentación del curso (ver número anterior), al no existir ningún “colchón” entre los nutrientes y las raíces como puede ser la tierra, todas las reacciones en las plantas son muy rápidas, pudiendo apreciarse cambios en horas por errores en el control del pH de la solución nutriente.

Hacemos notar que sea cual sea el método de riego que utilicemos, lo haremos recirculando la solución nutriente (agua + nutrientes), ya que trabajar a solución perdida, esto es, eliminando el agua drenada tras cada riego, además de resultar bastante más caro rebaja la autonomía del sistema al tener que rellenar muy frecuentemente el tanque de solución nutriente debido al alto número de riegos por día que serán necesarios para mantener el sistema radicular correctamente y a máximo rendimiento.

Así pues vemos que un equipo básico de cultivo en arcilla expandida consta de un cubo o contenedor donde se almacena la arlita (y se pone la planta), un depósito con el agua y los nutrientes, y algún sistema que lleve esta agua hasta el contenedor, que debe tener un desagüe que devuelva el drenaje sobrante de nuevo hasta el depósito.

Maneras de Regar

Como sucede con otros medios de cultivo, la uniformidad del riego es fundamental para obtener un cultivo homogéneo y de calidad pues si la arlita no se humedece de manera uniforme, se producirán diferencias de desarrollo en las raíces provocando una mayor heterogeneidad de cultivo con el paso del tiempo. La uniformidad del riego depende de varios factores de cultivo como son el diseño del sistema de riego, el tipo de los emisores o goteros, un buen reparto de la arlita y el tamaño de las bolas, las proporciones de alto/ancho/largo del contenedor, etc…

A continuación vamos a ver los sistemas más utilizados para automatizar la cuestión del riego que, como siempre, tienen individualmente sus ventajas y sus inconvenientes:

El sistema más sencillo es el de goteo. Con esta forma de regar el tipo y forma de contenedor es indiferente y el funcionamiento de las diferentes variantes es muy parecida a como comentábamos más arriba: El agua con nutrientes se almacena en un depósito de reserva dentro del cual se introduce una bomba de extracción a la que se conecta una tubería en la que se pinchan microtubos que pueden acabar en goteros, piquetas o microaspersores que se colocan en la superficie de la arlita. En realidad, el funcionamiento es exactamente igual que los sistemas de riego por goteo para tierra, y se pueden usar la mayoría de las piezas disponibles para este tipo de riego por, incluyendo “T”, codos, grifos o tapones.

La manera más sencilla de recuperar el agua drenada es colocar los contenedores de las plantas a más altura que el tanque de solución nutriente de forma que sea la fuerza de la gravedad la que haga llegar de nuevo al tanque por su propio peso. En otro caso tendríamos que disponer de otra bomba que impulse el agua hasta su destino. Dependiendo de la metodología de cultivo que empleemos usaremos un temporizador o bien riego continuo.

Una alternativa más “casera” podría ser la aplicación del sistema de “mecha”, un sistema pasivo que no hace uso bombas de agua o aire, sino que la solución nutriente se lleva desde el tanque hasta la superficie de la arlita mediante acción capilar, usando para ello una cuerda o mecha por la que se mueve de un lugar al otro, siendo el sistema más barato y relativamente simple de mantener, aunque no tendremos mucho control sobre el caudal de agua que aportamos y tendremos que tener en cuenta la posible modificación del pH debido al material del que esté compuesta la mecha.

Por otro lado, están los sistemas de flujo y reflujo que se basan precisamente en llenar y vaciar los contenedores con la arlita desde abajo, para lo que se suele usar una bandeja grande sobre la que se colocan los contenedores con las plantas. El tanque de solución nutriente se coloca debajo de la bandeja y con una bomba se lleva el agua hasta ella. Cuando la bandeja se llena de agua se desconecta la bomba y el agua sobrante cae por un orificio de la bandeja de drenaje al tanque para reutilizarla. Para la cuestión de la automatización del proceso tendremos que usar algún dispositivo anti-rebose para controlar la altura del nivel del agua y evitar desbordamientos.

Podemos usar desde un simple tubo de goma a cierto nivel de la bandeja a modo de desagüe, de forma que cuando el agua de la bandeja alcanza la boca del tubo escapa por él hasta el tanque de solución nutriente. Podemos controlar el tiempo de llenado conectando la bomba impulsora a un temporizador o a un “flotador” electrónico que se encargue de apagarla y encenderla, aunque esté con este sistema se suele regar unos 10 ó 15 minutos cada 2 horas.

Para terminar, tenemos el sistema NFT o Film Nutriente que viene a ser como un sistema de goteo basado en tanque de solución nutriente con bomba impulsora sumergida de la que sale una tubería principal de la que salen, a su vez, varios microtubos que van hasta las plantas, pero en este caso no van a la superficie de grandes contenedores con arlita, sino que el riego se realiza directamente a la raíz. Las plantas van sobre una especie de “taper” gigante, muy ancho, fino y bajo y con una ligera inclinación.

La tapa suele tener unos agujeros redondos o cuadrados donde se insertan unas cestas que contienen la arlita y las plantas que estarán más separados cuanto más grandes vayan a ser. El agua se desplaza por dentro del taper de un lado al otro siguiendo la inclinación. De esta forma, al poco tiempo el sistema radicular colonizará el fondo del taper. El agua deberá correr de forma permanente por el fondo del taper.

En la próxima entrega entraremos en detalle sobre cada uno de los sistemas “llave en mano” que podemos encontrar en el mercado especializado basados en cada sistema de riego y cómo utilizarlos correctamente. Hasta entonces, buenas cosechas.