-ORGÁNICO Y ECONÓMICO-

La diferencia entre cultivos en los que hemos usado abonos químicos o abonos orgánicos siempre ha sido notable. No sólo por el sabor final de los cogollos, más apreciado en cultivos orgánicos, sino por el ahorro económico que nos supone elaborar nosotros mismos los productos que necesitemos. En este número veremos cómo hacer un cultivo orgánico desde que germinamos la semilla hasta que recogemos la cosecha, con los recursos más naturales.

Texto: Nvidia

            Cultivar con abonos orgánicos siempre ha sido una ventaja, proporcionan un sabor más natural a nuestros preciados cogollos y aportan nutrientes mucho más solubles, dejando una cantidad mínima de sales en el sustrato. Si tenemos la posibilidad de cultivar en exterior, podemos recurrir al clásico estiércol como abono para nuestras plantas, aunque si por el contrario cultivamos en interior, nos veremos en la obligación de buscar alternativas menos olorosas.

            Los abonos químicos o minerales, como prefiráis llamarlos, son hoy en día los más utilizados en los cultivos de interior y buena parte de exterior. Sus aplicaciones específicas nos ofrecen la solución perfecta a diversidad de problemas en nuestros cultivos, principalmente cuando se trata de resolver alguna carencia o intentar aumentar la producción. En nuestro Grow Shop de confianza podremos encontrar un amplio abanico tanto de abonos químicos/minerales como de orgánicos, diferenciados por marcas y propiedades.

            La gama de productos orgánicos que podemos encontrar en estos establecimientos, es cada vez mayor. Señal inequívoca de que los cultivadores vamos aumentando en mayor proporción el consumo de abonos y estimuladores de las gamas BIO frente a los clásicos químicos/minerales. A cambio de ver menguar un poco nuestra producción, realizaremos cultivos más naturales siendo premiados con mejores sabores. Algunos cultivadores realizan cultivos mixtos, en los que aplican ambos tipos de abonos o estimuladores, algo perfectamente compatible si sabemos usarlos correctamente.

            No hay nada como la comodidad de disponer de estos productos ya preparados y usarlos con la dosificación que nos indican. Pero la crisis ha golpeado y golpea muchos bolsillos, por lo que algunos consejos sobre cómo ahorrar un poco de dinero elaborando nosotros mismo algunos de los productos que solemos usar en nuestros cultivos, nunca están de más. Si hurgamos un poco en nuestro interior y sacamos la faceta autodidacta que todos llevamos dentro, veremos que es bastante sencillo y gratificante. A lo largo de este articulo veremos cómo realizar un cultivo orgánico haciendo pausas para explicar la elaboración de los abonos y estimuladores que usaremos.

            Comenzamos con la hidratación y germinación de la semilla. Existen multitud de técnicas para germinar semillas, todas ellas válidas por supuesto aunque personalmente me decanto por una muy sencilla y efectiva. Consiste en hidratar la semilla sumergiéndola entre doce y veinticuatro horas en un vaso de agua con una cucharada pequeña de agua oxigenada, procurando que la temperatura del agua sea de unos veintidós grados constantes. El agua oxigenada no sólo nos ayudará a reblandecer la cáscara de la semilla sino que eliminará cualquier patógeno que pueda contener el agua.

Reciclar el sustrato que hemos usado durante un cultivo anterior no sólo es sencillo sino que nos ahorrará bastantes euros

            Una vez retiremos la semilla del vaso la podremos entre servilletas húmedas para que termine de germinar. En uno o dos días veremos cómo asoma la raíz y será entonces cuando la enterraremos a un centímetro de profundidad en un sustrato suave en nutrientes. Es recomendable usar una maceta pequeña hasta que desarrolle buenas raíces, para trasplantarla entonces a otra mayor. Regaremos con mucho cuidado para que el agua no apelmace el sustrato, usando agua rica en auxinas que estimulará el crecimiento de nuestra planta.

            Elaborar un abono rico en auxinas es muy sencillo. Ponemos en remojo unos cien gramos de lentejas o cañamones. Al día siguiente se escurre el agua, rica ya en auxinas y se guarda. Ponemos las lentejas o cañamones entre servilletas húmedas hasta que desarrollen unos tres centímetros de raíz; entonces cortamos las raíces desechando el resto. Las machacamos y las ponemos en agua durante un día en un lugar oscuro. Transcurrido este tiempo, escurrimos el agua y la mezclamos con la que habíamos separado el día anterior; así obtenemos unos litros de agua rica en auxinas que podremos mezclar con varios litros más para abonar todo nuestro cultivo. Las auxinas no sólo son buenas para el crecimiento, también son un excelente estimulador para la floración.

podríamos desarrollar un cultivo con abonos y estimuladores completamente orgánicos, elaborándolos nosotros mismos en su mayoría

            Cuando la planta haya desarrollado suficientes raíces colonizando la pequeña maceta donde la habíamos enterrado, la trasplantaremos a una maceta mayor, con un sustrato más rico en nutrientes que habremos preparado reciclando el sustrato utilizado en anteriores cultivos. Con esto no deberíamos tener problemas de carencias durante el periodo de crecimiento, aunque por si acaso nos hiciera falta, veremos cómo elaborar un abono rico en Nitrógeno, el mismo que usaremos para regenerar el sustrato una vez finalizado el cultivo y poder reutilizarlo: humus de lombriz.

            Reciclar el sustrato que hemos usado durante un cultivo anterior no sólo es sencillo sino que nos ahorrará bastantes euros. Basta con haber realizado un lavado de raíces, eliminando así las sales acumuladas. Al cosechar cortaremos nuestras plantas dejando las raíces en el sustrato, desmenuzaremos los cepellones mezclándolos con los restos de la manicura, dejando airear el conjunto durante unos cuantos días. Después añadiremos un puñado grande de humus de lombriz por cada cinco litros de sustrato y para finalizar un poco de guano de murciélago; con un pequeño puñado por cada diez litros es suficiente. Tras mezclarlo a conciencia lo guardaremos en un lugar fresco y seco durante cuatro o cinco meses, dejando así que toda la materia vegetal se descomponga correctamente regenerando el sustrato.

            Comprar Humus de lombriz es muy cómodo y sencillo, pero lo bonito, además de ganar en calidad, es hacerlo. Bastará con preparar un par de cajones, uno encajado encima del otro, con varios agujeros en la parte inferior y en los laterales para que esté aireado. Pondremos en el interior una mezcla de abono curado, materia orgánica en descomposición, restos de cartón, materia vegetal fresca y material vegetal seca. El abono debe estar curado y no es recomendable usar excrementos de vaca o animales de compañía que puedan contener parásitos. Excrementos de caballo u ovejas pueden servirnos como ejemplo. La materia orgánica debe estar en descomposición, ni fresca ni descompuesta completamente; los restos de la comida pueden valernos si los dejamos descomponer un poco antes de agregarlos. El cartón servirá a las encargadas de crear el humus, las lombrices, como lugar para depositar sus huevos, además de encantarles meterse entre los pliegos. Como materia vegetal fresca o seca, podemos usar paja, hojas, hierba, restos de poda o manicura, etc. Una vez esté todo preparado sólo debemos añadir lombrices rojas y esperar tranquilamente a que hagan su trabajo. Enseguida comenzarán a reproducirse y en unos pocos meses tendremos un montón de humus que tras un determinado curado podremos usar en nuestros cultivos. Un aspecto importante en la elaboración de humus es la humedad; el preparado donde depositaremos las lombrices debe estar húmedo pero no encharcado. Os animo a elaborar vuestro propio humus, apenas os robará un pequeño espacio en vuestra terraza o balcón.

            Tras unas cuatro o cinco semanas desde su germinación y habiendo mantenido unos buenos parámetros de temperatura y humedad, nuestra planta ya debería haber sexada, por lo que tras la pertinente comprobación en caso de partir de semilla regular y no feminizada, podremos pasarla a floración cambiándole el foto-periodo lumínico a doce horas de oscuridad continua y otras doce de luz. Durante las primeras semanas de floración podremos usar un preparado de auxinas que nos servirá como estimulador y humus de lombriz en caso de que la planta nos demande algo de abono mediante alguna carencia. Sino, esperaremos a la tercera o cuarta semana, cuando la planta comience a formar flores para abonarla con PK. Éste lo obtendremos mediante dos tipos de abono: por un lado el guano de murciélago que aportará el fósforo que la planta necesita y por otro lado el té de plátano que aportará potasio. El abonado será progresivo teniendo su pico más alto durante la quinta semana, siempre que hablemos de plantas índicas o híbridos; para sativas de larga floración es mejor abonar suavemente a lo largo de todo el ciclo.

            El guano de murciélago es rico en fósforo y calcio, además de estimular las defensas de la planta frente a bacterias. Dada la complejidad de recolectarlo, la mejor opción es comprarlo; además lo obtendremos ya esterilizado libre de bacterias no deseadas. Preferiblemente en polvo, añadiéndolo a la capa superior del sustrato o haciendo un té de guano. El té de guano podemos obtenerlo mezclando un litro de agua muy caliente con cien gramos de guano de murciélago. Lo mezclamos enérgicamente durante unos quince minutos y lo dejamos macerar cuatro o cinco días; después podemos mezclarlo con cuatro litros más de agua reposada obteniendo así un buen caldo rico en nutrientes.

            El té de plátano nos aportará todo el potasio necesario. Para elaborarlo pondremos a hervir cuatro o cinco cascaras de plátano en abundante agua, cuanto más maduras mejor, durante quince o veinte minutos. Una vez se enfríe el agua la colaremos y será ésta la que tras su pertinente calibración de PH usaremos para regar nuestras plantas. También podemos usar este agua para mezclarla con el té de guano de murciélago.

            Una vez que nuestra planta ha desarrollado cogollos y éstos comienzan a engordar, podemos suministrarle azúcares mediante riegos con aguamiel, que aportará una buena cantidad de azúcares y generará multitud de microorganismos que serán muy beneficiosos para el sustrato y raíces. Tras esto sólo debemos esperar a que terminen de engordar los cogollos, realizando un buen lavado de raíces unos diez o doce días antes de la cosecha. Así la planta consumirá la mayor parte de nutrientes que tenga acumulados, precisando menos curado tras el secado para poder degustar el fruto de nuestro esfuerzo con su mejor sabor.

            El aguamiel se realiza diluyendo una cucharada sopera de melaza de caña de azúcar en un vaso de agua caliente. Podemos encontrar melaza en cualquier herbolario o centro comercial. Una vez esté bien disuelta, mezclamos este vaso de agua con cuatro o cinco litros de agua, obteniendo así aguamiel. Respecto a este preparado existen multitud de opiniones, algunos ponen más melaza, otros usan miel convencional, etc. Tenemos que tener cuidado con las cantidades, pues un exceso de melaza podría dejar nuestro sustrato convertido en una materia pringosa e inservible.

            Y con todo esto deberíamos estar ya en el final de la floración, dejando secar el sustrato para cortar y colgar boca abajo nuestras plantas entre diez y quince días, dependiendo de la temperatura y humedad ambiental. Aunque aún quedan algunos trucos por desvelar…. Sigamos:

            Si queremos obtener un extra de resina en nuestra cosecha, bastará con mantener un clima frío en nuestra zona de cultivo durante los últimos cuatro o cinco días. También podemos dejar nuestras plantas durante los dos últimos días en absoluta oscuridad, evitando así que la planta haga la fotosíntesis, perdiendo parte del nitrógeno acumulado.

            Otros abonos o preparados que quizás necesitemos o queramos usar a lo largo del cultivo, pueden ser un repelente de insectos, un fungicida que nos ayude a evitar hongos y una solución enzimática que transforme buena parte de los nutrientes no solubles en solubles, además de aportar vida bacteriana al sustrato.

            Como repelente el ajo es nuestro aliado, en todos sus sentidos. Ponemos a hervir un litro de agua con cinco dientes de ajo bien machacados durante media hora. Dejamos enfriar el agua y la colamos; el resultado lo podemos pulverizar sobre nuestra planta para que una buena parte de insectos no se acerquen. Hay cultivadores que al preparado le añaden el contenido de tres o cuatro cigarros y un poco de cebolla machada, igualmente eficaz. Lo malo de este preparado el es mal olor que dejará en nuestro cultivo, no siendo recomendable su uso durante la floración avanzada.

            Como fungicida podemos usar un preparado de cola de caballo. Esta planta contiene un alto contenido en sílice además de una saponina tóxica para los hongos llamada “Equisetonina”. Además de ser un excelente fungicida nos puede servir en la lucha contra la araña roja o el pulgón. Podemos encontrar esta planta en la mayoría de nuestros bosques o ya seca en cualquier herbolario. Añadiremos quince gramos de esta planta si está seca o cien gramos si está verde a un litro de agua y la pondremos a hervir durante quince minutos. Una vez se haya enfriado escurriremos el agua y la diluiremos en 1:3; por cada parte de preparado de cola de caballo pondremos tres partes de agua para pulverizar nuestras plantas. El olor de este preparado es muy agradable.

            Como solución enzimática casera no hay nada mejor que el alpiste. Regando con este preparado obtendremos un sustrato mucho más activo, lleno de vida bacteriológica beneficiosa para la planta. Transformará la mayoría de nutrientes insolubles y restos de raíces muertas en minerales y azúcares solubles. Para elaborarla pondremos trescientos gramos de alpiste en un litro de agua durante un día, después lo batiremos todo y lo colaremos. La parte sólida, los restos de cáscaras que queden los podemos usar añadiéndolos al sustrato que queramos regenerar, una vez terminado el cultivo. La parte líquida la diluiremos en 1:5; por cada parte de solución enzimática pondremos cinco de agua. Podemos usar este preparado durante todo el ciclo de cultivo, siendo más recomendable durante la floración.

            Y con esto finalizamos el cultivo. Como veis podríamos desarrollar un cultivo con abonos y estimuladores completamente orgánicos, elaborándolos nosotros mismos en su mayoría. Sólo necesitamos un poco de tiempo y ganas para realizar un trabajo realmente sencillo y fructífero. Tenéis a vuestra disposición en la red toda esta información y mucha más. Basta con llamar al dios google y teclear lo que buscamos.

Me gustaría agradecer especialmente al compañero SONIDOMONO por su ayuda durante la documentación. Sed felices, Nvidia.