Cuando la polarización política encuentra un inesperado punto de encuentro en la búsqueda de la sanación espiritual y mental

Fíjense ustedes en la paradoja. Vivimos tiempos de trincheras cavadas a mucha profundidad, tiempos en los que la sociedad parece fracturarse en mil pedazos irreconciliables. Si uno observa el panorama estadounidense, verán desfilar ante sus ojos una procesión de identidades enfrentadas: ateos y marxistas culturales, científicos climáticos y estrellas del porno, activistas trans y ejecutivos corporativos. Todos ellos, en algún momento, han sido señalados por el dedo acusador de una derecha cristiana estadounidense que no solo ve adversarios políticos, sino fuerzas literalmente demoníacas.

Y sin embargo, en medio de este ruido ensordecedor de “guerra espiritual”, donde se deshumaniza al contrario hasta convertirlo en un títere del mal, está ocurriendo algo extraordinario. Algo que escapa a la lógica del conflicto maniqueo.

La guerra espiritual y el regreso de los demonios

Para entender lo que está pasando, hay que mirar primero al abismo. En Estados Unidos, la polarización ha alcanzado niveles que recuerdan a los preludios de su Guerra Civil. Pero no es solo política; es teología. Figuras como Tucker Carlson, que ha pasado de ser un comentarista secular a relatar ataques demoníacos nocturnos, o el entorno de la filosofía MAGA, están pintando un mundo donde el “otro” no está simplemente equivocado, sino poseído.

Es un escenario donde la realidad de consenso se rompe. Se habla de una “guerra espiritual” en las escuelas, en las oficinas, en el gobierno. Y cuando uno empieza a pelear contra demonios, la empatía desaparece. Al enemigo se le puede odiar sin remordimientos porque, en su visión, ya no es humano.

El giro inesperado: Psicodélicos contra el trauma

Pero aquí llega el giro de guion que nadie esperaba. En este mismo caldo de cultivo conservador, donde se sospecha de todo lo que huela a progresismo, está floreciendo una aceptación sorprendente de las sustancias psicodélicas.

No hablo de la cultura hippie de los años 60. Hablo de veteranos de guerra, de cristianos devotos y de legisladores republicanos en estados tan conservadores como Texas. ¿La razón? El sufrimiento.

Grupos como Heroic Hearts o la Veteran Mental Health Leadership Coalition están exigiendo acceso a terapias con MDMA o ibogaína. No lo hacen por recreación, sino por desesperación. Las tasas de suicidio y el trastorno de estrés postraumático (TEPT) entre los soldados son una herida abierta que la medicina convencional no ha logrado cerrar. Y ante el dolor, la ideología cede paso a la necesidad.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, lejos de ser un amigo de la contracultura, ha impulsado la investigación de la ibogaína, una raíz utilizada por chamanes africanos. ¿Por qué? Porque funciona para sus veteranos.

War veteran on wheelchair

De la demonización a la sanación

Es fascinante recordar que, hace apenas unas décadas, fueron precisamente los conservadores quienes demonizaron estas sustancias, asociándolas con la decadencia moral y la brujería. Hoy, sin embargo, vemos emerger una nueva narrativa.

Autores cristianos como Wendi Rees, en su Guía del Cristiano para los Psicodélicos, argumentan que estas medicinas son parte de la creación de Dios. Citan las escrituras, recuerdan que todo lo creado es bueno si se recibe con acción de gracias, y buscan un “discernimiento superior” más allá del estigma.

Lo que estamos viendo es un “Venn diagram”, una intersección improbable entre el bienestar wellness y el cristianismo evangélico. No se trata de abrir las puertas al caos, sino de sanar el trauma. Y el trauma, queridos oyentes, es quizás lo único verdaderamente democrático que nos queda: no distingue entre izquierdas y derechas.

La humanidad compartida en la herida

Quizás no sea suficiente para detener la deriva autoritaria o la retórica apocalíptica que nos rodea. Pero el hecho de que personas que ven demonios en sus rivales políticos sean capaces de sentarse a considerar que una sustancia alucinógena puede ser un regalo divino para curar la mente, nos dice algo importante.

Nos dice que, ante la vulnerabilidad compartida, ante el dolor insoportable, las barreras ideológicas pueden volverse porosas. Si el sufrimiento es el punto de encuentro, tal vez la sanación sea el puente. Y en estos tiempos de oscuridad y furia, encontrar un pequeño espacio de práctica compartida, por extraño que parezca, no es poca cosa.

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Acerca del autor

The Swami

Amante del cannabis y especializado en el mundo de las sustancias psicoactivas. Escritor y psiconauta.