España está perdiendo el tren de la marihuana light, un incipiente negocio por su potencial recreativo y terapéutico, por el vacío legal que enfrenta a fiscales y policías con jueces y empresarios

El 90% de los españoles está a favor de la legalización del uso terapéutico del cannabis, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda su uso y por tanto su regulación y en la, muchas veces, conservadora América del Norte, hasta 37 de los 51 estados de los Estados Unidos permiten su uso medicinal. Otros diecisiete países permiten su uso recreativo bajo condiciones, como en Canadá, a la vanguardia de la regularización del cannabis. En 2001 comenzó el proceso por el que se convirtió, junto con Uruguay, en el primer estado del mundo que legalizó el cultivo, comercialización y uso del cannabis recreativo y medicinal.

España, sin embargo, es diferente. Veintiséis años después del éxito de Ska-P, el grupo punk que cantaba «¡Lega-legalización! (Cannabis) / De calidad y barato», el consumo de maría está despenalizado pero todas las formas de tráfico están prohibidas. Su uso en lugares públicos también está fuera de la ley, así como su cultivo, restringido al cáñamo industrial de fibra y semillas bajo licencia de la Agencia Española del Medicamento, un organismo estatal. A pesar de ello, si se siguen determinadas reglas de tamaño y ubicación, los jueces, a pesar de las denuncias de los cuerpos policiales, no castigan la plantación para disfrute propio. El cultivo con objetivos comerciales y a escala industrial tampoco es legal para la conocida como marihuana light, aquella cuyos efectos alucinógenos son más suaves.

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Precisamente, el CBD —este tipo de marihuana menos potente— es uno de los negocios del futuro. Aún lejos del potencial de la maría con THC (tetrahidrocannabinol, el principal elemento psicoactivo del cannabis), que según la consultora New Frontier Data moverá, legal o ilegalmente, 450.000 millones de euros en 2025, el futuro del CBD es prometedor. De nombre técnico Cannabidiol, el CBD es uno de los dos componentes cannabinoides más importantes de la planta. Si el THC tiene efectos psicotrópicos —te coloca para realizar el viaje que buscan los usuarios recreativos—, el CBD solo es relajante, actúa sobre el sistema nervioso pero sin alterar la percepción de la realidad. Su uso puede ser recreativo y también terapéutico.

Avalado por la OMS

Se ha demostrado, según la OMS, que permite paliar eficazmente determinados trastornos epilépticos que no responden a otros tratamientos. Hay multitud de estudios científicos que también catalogan de positiva su prescripción para la ansiedad, la artrosis, los dolores menstruales o las dificultades para dormir, pero, en general, más investigación es necesaria en este campo para sacar conclusiones definitivas sobre sus potenciales beneficios, que no se limitarían al campo de la salud. La OMS, un organismo perteneciente a la Organización de Naciones Unidas (ONU), otra organización supraestatal, cree que el CBD no es dañino ni tóxico ni genera dependencia, y que su desarrollo en el campo de la medicina es prometedor.

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