por Germán Pereira

El siguiente artículo reúne, siguiendo un hilo correlativo de tiempo, los acontecimientos más importantes que se sucedieron en Argentina en materia cannabis.

Se avanzó muchísimo, pues será por la necesidad de los hechos y/o de la presión social actual, lo que sí, se están ganando espacios para colocar a la planta en escena principal como alternativa productiva socioeconómica.

En Argentina, el cultivo de cáñamo era común en el país hasta el año 1977, donde, a través de mecanismos bajo régimen dictatorial, se elaboró la Ley 21.671 (vigente hasta hace unos meses) que prohibía  todo tipo de cannabis, a pesar de que Argentina suscribe desde sus inicios a la convención única de estupefacientes de 1961, que excluye de la fiscalización a la planta de cannabis destinada a fines industriales u hortícolas. Si bien por aquellos años era rudimentaria la producción de cáñamo, con esa ley nefasta y grotesca se eliminó una industria más que prominente.

Sin embargo, y al fin, después de más de 4 décadas de ocultamiento y difamación, no sólo se debate la utilización del cannabis y cáñamo como alternativa productiva y estratégica socioeconómica sino que se autoriza y avanza en la materia. En este sentido, en mayo 2022, la Cámara de Diputados votó la ley que da “marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial”. El proyecto fue sancionado con 155 votos positivos, pero hubo rechazos en particular, algunos legisladores advirtieron que podría ser la antesala de la legalización de la marihuana. El Gobierno había presentado, a través del Ministerio de Desarrollo Productivo, el proyecto de ley con el objetivo de otorgar estrategias de seguridad, fiscalización y trazabilidad a la cadena de producción y comercialización en el todo el territorio y/o con fines de exportación de la planta de cannabis, sus semillas y sus productos derivados afectados al uso medicinal e industrial. Dicha Ley 27.669, con la publicación en el Boletín Oficial, fue formalizada y promulgada en ese mismo mes de mayo por el Poder Ejecutivo Nacional.

Siguiendo una línea temporal de los hechos, en noviembre 2022, mediante Boletín Oficial, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó el uso de cannabidiol -CBD- en productos cosméticos, para la higiene personal y perfumes. Este cannabinoide es el que más se ha desarrollado e investigado en los últimos años debido a sus propiedades calmantes, terapéuticas y relajantes.

Asimismo, a mediados de diciembre 2022, la ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, en la apertura de la reunión N° 148 de la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL), se presentó para debatir y buscar la incorporación de las partes, derivados y subproductos de la planta de cannabis al Código Alimentario Argentino (CAA). Según la ministra, esta normativa daría herramientas que impulsaría el desarrollo de las economías regionales productivas del sector.

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Por último, el lunes 23 de enero, por medio de un Decreto, el Gobierno designó el directorio de la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y el Cannabis Medicinal (ARICCAME), el organismo estatal que tendrá como tarea principal reglamentar y poner en marcha la Ley 27.669. La Agencia tendrá entre sus funciones regular, administrar y fiscalizar toda la cadena productiva de cannabis y cáñamo.  Este organismo será competente para accionar, controlar y emitir las autorizaciones. En su articulado se afirma que se contemplará muy especialmente aquellas solicitudes orientadas a contribuir al desarrollo de las economías regionales y promover la actividad de cooperativas y de pequeñas y medianas empresas productoras agrícolas atendiendo, asimismo, la inclusión de la perspectiva de género y diversidad en su otorgamiento.

En cuanto al cannabis medicinal, lucha que abrió el cause cannábico, si bien el proyecto de Ley 27.350 fue aprobada en el Congreso en marzo 2017 que permite el acceso gratuito a los derivados del cannabis para tratamientos pero no se contemplaba el autocultivo, además de otros puntos más. No obstante, en noviembre 2020, mediante Decreto y publicada en el Boletín Oficial con la firma del presidente de la Nación, se legalizó el cultivo personal para uso medicinal, importación y el expendio de aceites en farmacias. El Gobierno había prometido apenas asumía revisar dicha ley, ya que había sido muy criticada por la comunidad de usuarios, médicos, militantes, cultivadores y empresarios interesados en el creciente negocio y empleo en torno a la planta para uso como alternativa y herramienta terapéutica, una industria en total expansión en todo el mundo. Y ahora, en la actualidad, esta Ley Medicinal se va a adecuar y complementar a la Ley de Desarrollo de la Industria del Cannabis.

Haciendo una retrospectiva y pudiendo recopilar las voces y discursos con más sapiencia, autoridad y experiencia en el mundo cannabis, se puede soslayar lo siguiente. En primer lugar, la expectativa está puesta en ver si se realiza una cierta permisividad del cáñamo industrial respecto al cannabis medicinal, es decir, sería considerar al cáñamo como un cultivo simple que tenga cierta flexibilidad de control y burocracia en comparación al cannabis, un punto importante pedido por el activismo cañamero. Según especialistas afines, es necesario que al cáñamo se lo tome como un cultivo más, como el trigo o como alternativa de rotación, que no tenga tantas restricciones administrativas -como chalecos de fuerza burocráticos- porque eso ralentiza el correcto desarrollo del cultivar en el circuito productivo. Por ejemplo, se necesitarán ciertos controles a cultivos por la cuestión del nivel de THC, pero que sean eficientes, expeditivos y de manera competente. Como punto segundo a resaltar es tomar como enseñanza y referencia las regulaciones de países vecinos. Tal es el caso de en Paraguay o Colombia. Pequeños productores denunciaron el exceso de trabas burocráticas mientras que grandes empresas controlan casi la totalidad de la cadena productiva. Grandes capitales y/o buffets empresariales se adueñan de las autorizaciones y licencias vigentes, para movidas especulativas y no dejando lugar para pequeños y medianos productores.

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Postular una agroindustria a base de cannabis no sólo es beneficio económico sino también ecológico. Se sabe a largas los avances en medicina, de hecho, se sigue estudiando e investigando los distintos cannabinoides y otras moléculas propias del cannabis para uso terapéutico. Aunque, además, hay que subrayar, debido a las características industriales de la planta, sus características, su cultivo y usos masivos, como a la diversidad y versatilidad de aplicaciones de los productos derivados del procesamiento del cáñamo, se encontró vínculos directos y estrechos entre la planta en 15 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), estos forman parte de la “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, un diagrama de acción elaborado por la ONU en 2015. Los 2 objetivos restantes, agua y vida marina, la planta cañamera se ve relacionado de manera indirecta. Es importante ya que Argentina suscribió al pedido de generar un desarrollo sustentable y alentar a actividades que siga una línea más eficiente y conciente hacia el cuidado del ambiente.

Es difícil encontrar algo negativo y en detrimento hacia el cultivo de cannabis. Lo único en contra son los prejuicios e ignorancia, que no es más que resabios de una prohibición agonizante. Un buen plan es re-tomar y re-emprender con la planta como se hizo hace milenios y lo es todavía, una compañera de la humanidad y del planeta.

Fuentes Consultas:

Acerca del autor

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Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.