El Departamento de Justicia reclasifica el cannabis medicinal a Schedule III: cae la mayor barrera federal a la investigación

Durante más de medio siglo, el cannabis medicinal ocupó en Estados Unidos la misma categoría legal que la heroína. En otras palabras, el gobierno federal lo consideraba una sustancia sin uso médico aceptado y con alto potencial de abuso. Sin embargo, eso cambió el 23 de abril de 2026. Ese día, el Departamento de Justicia anunció una orden que reclasifica el cannabis medicinal con licencia estatal de la Lista I a la Lista III (Schedule III). En consecuencia, la decisión entró en vigor el 28 de abril y marca un punto de inflexión histórico.

Qué dice la orden del Departamento de Justicia

En primer lugar, el fiscal general en funciones, James McHenry, firmó la orden basándose en una revisión del Departamento de Salud. Esta revisión concluyó que el cannabis medicinal tiene un uso médico aceptado en Estados Unidos. Por consiguiente, el documento elimina al cannabis medicinal con licencia estatal del grupo de sustancias más restrictivo del país. Además, lo traslada a la Lista III, donde convive con fármacos como la ketamina y los esteroides anabólicos.

No obstante, la reclasificación del cannabis medicinal a Schedule III no equivale a una legalización federal. De hecho, los programas estatales de cannabis recreativo siguen en conflicto técnico con la ley federal. Ahora bien, el cambio elimina las restricciones más severas sobre investigación, comercio interestatal y fiscalidad que pesaban sobre el cannabis medicinal autorizado por los estados.

Lo que cambia para la investigación científica

El impacto más inmediato se sentirá en los laboratorios. Mientras el cannabis permanecía en la Lista I, los investigadores necesitaban obtener una licencia especial de la DEA. Además, el proceso podía tardar más de un año. Asimismo, solo podían utilizar material cultivado en una única plantación autorizada en la Universidad de Mississippi.

Con el paso a Schedule III, los científicos podrán acceder a cannabis medicinal de grado farmacéutico. En consecuencia, esto acelerará los ensayos clínicos sobre dolor crónico, epilepsia y estrés postraumático. También facilitará estudios sobre náuseas asociadas a la quimioterapia. Por otro lado, la DEA ya ha indicado que simplificará el registro para investigadores.

Consecuencias económicas y fiscales

Igualmente, la reclasificación tendrá un efecto transformador en la industria del cannabis en Estados Unidos. Hasta ahora, las empresas que operaban con cannabis en la Lista I estaban sujetas a la Sección 280E del Código de Impuestos. En la práctica, esta disposición les impedía deducir los gastos empresariales ordinarios. Por lo tanto, las compañías pagaban tasas impositivas superiores al 70 por ciento.

Sin embargo, con el cannabis medicinal en Schedule III, las empresas podrán acogerse a las deducciones fiscales habituales. De este modo, los analistas estiman que la medida liberará miles de millones de dólares en flujo de caja. En definitiva, se trata de un cambio radical para una industria que factura más de 30.000 millones anuales.

Una audiencia que puede cambiarlo todo

Por otra parte, la orden del 23 de abril no es necesariamente el final del camino. La DEA ha programado una audiencia administrativa para el 20 de mayo de 2026. En ella, defensores de la industria y organizaciones de pacientes podrán presentar argumentos. En consecuencia, podrían impulsar una reclasificación aún más amplia.

Además, varios estados con programas de cannabis recreativo han presionado para que la revisión abarque también el uso adulto. No obstante, fuentes cercanas al Departamento de Justicia indican que la administración prefiere un enfoque gradual. Es decir, el objetivo inicial se limita al cannabis medicinal con licencia estatal.

Un cambio que redefine el marco regulatorio

En resumen, hay decisiones que no transforman la realidad de inmediato, pero que establecen un nuevo marco. La reclasificación del cannabis medicinal a Schedule III es una de ellas. Ciertamente, no resuelve todas las contradicciones del sistema estadounidense. Sin embargo, elimina la ficción más dañina de todas.

En primer lugar, para los investigadores significa trabajar sin esposas burocráticas. En segundo lugar, para las empresas supone respirar sin asfixia fiscal. Finalmente, para los pacientes, el sistema reconoce por fin lo que ellos saben desde hace tiempo. Y para el resto del mundo, el reloj de la regulación acaba de adelantarse varios años.

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