Modelos personalizados a partir de resonancia magnética simulan LSD y psilocibina sin administrar fármacos y apuntan a un posible salto hacia una actividad cerebral más flexible
Hay noticias que llegan sin hacer ruido, pero que mueven el suelo. Un equipo de la Universidad de Lieja, en Bélgica, ha construido algo parecido a un espejo íntimo del cerebro de pacientes con trastornos de la conciencia: modelos computacionales personalizados del cerebro completo, creados con resonancia magnética. Los llaman digital twins, gemelos digitales. Y con ellos han ensayado, en un entorno virtual, lo que podría ocurrir si estos pacientes recibieran psicodélicos como el LSD o la psilocibina, sin necesidad de administrar la sustancia real.
La idea nace de una mezcla de ambición científica y prudencia ética. Porque hablamos de personas que, por definición, no pueden consentir ni describir posibles efectos adversos, y de drogas cuya investigación clínica está rodeada de límites legales y debates morales. Por eso, el investigador Naji Alnagger, doctorando y autor principal del trabajo, lo resume con una frase que suena a umbral: este tipo de simulaciones pueden ser “un primer paso” para entender teóricamente cómo funcionaría un tratamiento y preparar ensayos futuros.
Qué se sabe y qué no se sabe sobre la conciencia
La conciencia sigue siendo uno de los grandes enigmas de la ciencia, pero hay un consenso mínimo: influyen tanto la estructura física del cerebro —su “cableado”, las conexiones de sustancia blanca— como la función —cómo se coordinan las regiones cerebrales en su actividad.
En los trastornos de la conciencia suele distinguirse entre dos estados:
- Síndrome de vigilia sin respuesta: hay periodos de vigilia y reflejos, pero no respuesta significativa al entorno.
- Estado de mínima conciencia: aparecen respuestas a órdenes y cierta coordinación ocular, pero sin comunicación funcional.
En condiciones como el coma o la anestesia, el cerebro tiende a mostrar una actividad menos compleja y con menor integración de información. Y aquí entra un elemento clave del debate psicodélico: en diversos estudios con personas sanas, los psicodélicos se han asociado a un aumento de la complejidad de la dinámica cerebral y a un funcionamiento cercano a un punto llamado criticidad, ese borde delicado entre el orden y el desorden donde, teóricamente, el procesamiento de información puede ser más eficiente.
La hipótesis es tentadora: si en los trastornos de la conciencia el cerebro opera “por debajo” en complejidad, quizá un psicodélico podría empujarlo hacia un régimen más flexible y cercano a un estado saludable.
Ensayos fase cero, pero dentro de un ordenador
El trabajo describe un ensayo virtual “fase cero”, una exploración previa a cualquier ensayo clínico tradicional. El equipo construyó gemelos digitales a partir de dos tipos de datos:
- fMRI en reposo para captar patrones funcionales (flujo sanguíneo como señal indirecta de actividad).
- MRI de difusión para mapear conexiones estructurales (la arquitectura del cableado cerebral).
Primero comprobaron que los modelos podían distinguir estados de conciencia distintos —vigilia, anestesia y estados psicodélicos— midiendo cómo respondía el cerebro simulado a pequeñas perturbaciones simuladas. Después cuantificaron el “efecto psicodélico” usando datos de personas sanas bajo psicodélicos y lo trasladaron, como intervención virtual, a los modelos de pacientes con trastornos de la conciencia.
Qué encontraron
Según el estudio, al simular LSD y psilocibina en estos gemelos digitales:
- La dinámica cerebral se desplazó hacia un régimen más flexible, asociado en la literatura a mayores niveles de conciencia.
- El desplazamiento fue más notable en pacientes en mínima conciencia que en quienes estaban en vigilia sin respuesta.
Apareció una diferencia importante según el tipo de paciente:
- En los no respondientes, la estructura (el daño físico y el cableado) pesó más como límite de la respuesta simulada.
- En los mínimamente conscientes, la conectividad funcional (cómo cooperan las regiones) pareció predecir mejor la respuesta.
La lectura humana de este resultado tiene un filo incómodo: si la estructura es el cuello de botella en los casos más graves, y hoy no podemos “recrear” tejido cerebral perdido, el horizonte terapéutico puede ser más estrecho para pacientes con daño estructural severo.
La advertencia que cambia el tono
Aquí conviene no caer en el entusiasmo fácil. Los propios autores ponen el freno: esto no demuestra que los psicodélicos “aumenten” la conciencia en la vida real. Es una prueba de concepto teórica, no un ensayo clínico. Y además existe una posibilidad inquietante: que un psicodélico induzca un estado distinto que no sea una mejora. Que aparezcan comportamientos que parezcan conciencia, o una experiencia interna distinta, o nada.
Dicho de otra manera: el ordenador puede sugerir caminos, pero no puede certificar destinos.
Por qué importa
Porque si esta aproximación madura, podría ofrecer dos cosas a la vez:
- una vía más segura para explorar tratamientos en poblaciones extremadamente vulnerables, y
- una herramienta de medicina personalizada, donde cada paciente tenga un modelo que ayude a elegir intervenciones con mayor probabilidad de éxito, o a filtrar candidatos antes de llegar a ensayos clínicos.
Pero también importa por lo que revela: que la frontera de la conciencia, esa línea borrosa, empieza a medirse no solo con preguntas filosóficas, sino con simulaciones capaces de ensayar hipótesis donde la realidad impone límites éticos.
Referencias
- N. L. N. Alnagger et al. A Virtual Clinical Trial of Psychedelics to Treat Patients With Disorders of Consciousness, Advanced Science (2025). DOI: 10.1002/advs.202511780
- P. Cardone et al. Psychedelics and disorders of consciousness: the current landscape and the path forward, Neuroscience of Consciousness (2024). DOI: 10.1093/nc/niae025
Acerca del autor
Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.
Fundador de www.psiconautica.org en 1996, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.





















