La empresa JuicyFields prometía retornos del 50% en tres meses a quienes financiaran plantas de marihuana. Cumplió durante un tiempo, luego desapareció

“Me lo dijo un amigo de Mallorca en febrero de 2021″, recuerda David Martínez, valenciano de 35 años. Martínez venía de perder 2.000 euros en QubitLife, un fraude con criptomonedas, y era reacio a invertir más dinero en proyectos aparentemente jugosos. Pero probó con 300 euros en JuicyFields, y al cabo de 108 días le dieron 450 euros. JuicyFields estaba en el sector del cannabis. Sus inversores compraban “plantas”, decían, y al final del plazo recogían las increíbles ganancias de su cosecha, aproximadamente un 50% de lo invertido. Pretendía ser un sistema de microfinanciación colectiva de plantaciones de cannabis.

Martínez puso otros 2.000 euros. “Volvimos a cobrar todos”, recuerda. El anzuelo ya estaba echado, y el valenciano fue viendo detalles a lo largo del año que lo convencieron cada vez más: la empresa salió en un programa de la CNN mexicana por participar en una feria de cannabis en aquel país, y abrió una oficina en la plaza del Ayuntamiento de Valencia; Martínez se topó con un camión con su logo en la autopista cerca de Alicante, y también vio cómo presumían de dos Lamborghinis en una gran feria en Barcelona.

Con todos estos detalles, en enero de 2022 Martínez fue a por todas: invirtió 18.000 euros. “Estás todo el tiempo con el culo apretado”, describe. Pero en abril llegaron a su cuenta 27.000 euros. Bingo. ¿Podía ser realmente que fuera tan fácil hacer dinero? “Había un grupo de inversores de la Universidad Politécnica de Valencia que había invertido, mucha gente lo había hecho, daba un poco más de veracidad”, explica. Pero a pesar de este consenso y del progresivo éxito, Martínez seguía sin creerlo del todo. En primavera empezaron a salir vídeos en YouTube sobre el posible fraude piramidal. Pero el gancho del dinero fácil seguía allí. Y puso de nuevo 5.500 euros.

Pero ya nunca cobraría el rédito y no volvería a ver ese dinero. La promesa empezó a desvanecerse el 11 de julio con un correo que anunciaba una huelga de los empleados en un español extraño: “Se ruega a todos los miembros que no promuevan o anuncien JuicyFields por más tiempo de ninguna manera”, decía el correo, y luego: “Nuestra unidad tiene una gran solidez, y es el momento de que el departamento legal y de cultivo muestren su fuerza”. A los miles de “e-cultivadores” (así los llamaban) se les puso mal cuerpo. “Fue una sorpresa, me quedaba una semana para cobrar”, dice Martínez. Perdió esos 5.500 euros, con lo que al sumar todas sus operaciones en JuicyFields, aún salió ganando. Pero había compartido su éxito con amigos, y alguno había invertido 14.000 en la última ronda, que perdió. “Entre todos perdimos 50.000 euros”, calcula.

Inmediatamente, varios bufetes de abogados empezaron un proceso de querellas colectivas. EL PAÍS ha consultado las cifras que manejan dos despachos. Ambos están desbordados de mensajes. “Han contactado con nosotros cerca de 6.000 personas por email”, estima la abogada Emilia Zaballos. “Tengo a seis personas abriéndolos y nos quedan 5.300 sin abrir”, añade. En su querella hay ya unas 700 personas. En el despacho Martínez-Blanco tienen de momento una querella con más de 1.400 personas. No son los únicos bufetes trabajando en este caso.

Ambos abogados sugieren que hay mucha más gente afectada y que las cantidades perdidas superan al menos los 10 millones de euros y probablemente mucho más. España, según datos de la empresa, era el segundo país con más inversores después de Alemania, y por delante de Francia y Portugal. Hay historias sin confirmar de parejas que han invertido la cantidad máxima, 180.000 euros.

“Es de los casos más increíbles que he visto”, asegura Zaballos. “Que la gente compre plantas e invierta todos sus ahorros sin informarse antes es de las historias más locas que he podido ver en 34 años de ejercicio. Es, de las grandes estafas, una de las que me parece más sorprendente”, afirma.

Emilio Collazo, youtuber en el canal The Crypto Era, lleva varias semanas investigando el caso, sobre todo porque tiene dos amigos que han perdido 90.000 euros. “El día en que llegó el correo de la huelga, cierran el grifo de sacar dinero”, explica. ”Me pongo entonces a mirar el registro de las criptomonedas, y veo que solo hay entradas de dinero, pero encuentro también dos o tres salidas. Eso enciende todas mis alarmas”, recuerda.

Collazo encuentra en total “cientos de millones repartidos en siete u ocho carteras”. Observa también que los movimientos tienen algo extraño: “Usaban una técnica para que la gente que mira como yo se confunda. Es un método con el que se hacen miles de operaciones pequeñas para esconder retiradas de dinero. Tengo la certeza de que alguien retiró dinero cuando no se podía. Las técnicas son las propias de un delincuente para que se les pierda la pista”, afirma.

En su último vídeo de esta semana, Collazo ha logrado hablar con el expresidente ejecutivo de JuicyFields, un oscuro personaje llamado Alan Glanse, que dice que vive ahora en Portugal y que cobraba 10.000 euros al mes. Glanse llevó aparentemente a su familia y amigos a invertir cientos de miles de euros en la empresa, que también han perdido. Asegura también que colaborará con las autoridades. “Me dio la impresión de ser alguien que quiere hacer parecer que no tiene conocimiento de la situación y que no está muy al tanto, pero que tiene información que puede ser clave para solucionar el caso”, opina el youtuber.

Qué es una estafa piramidal

Una estafa piramidal consiste en que el dinero que llega de los nuevos inversores sirve para pagar a los antiguos. Mientras haya dinero fresco, puede ir creciendo. Una de las hipotéticas ventajas de JuicyFields es que no insistía a los inversores en que trajeran a nuevos incautos, según explica David Martínez. Aunque las increíbles ventajas financieras que ofrecía parecían ya suficiente reclamo.

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El problema de estas supuestas estafas es que, por ejemplo, en el caso de Martínez, se puede salir ganando con una retirada a tiempo. En primavera, sin embargo, ya varios canales de YouTube advertían de que esto parecía más bien un fraude. Meses antes, habían salido artículos en prensa internacional, también en medios españoles, sobre las aparentes bondades de este sistema de inversión en cannabis. No siempre es fácil resistirse a la trampa.

Para la recuperación del dinero o de una parte, es esencial la rapidez en bloquear cuentas de los supuestos delincuentes. Tienen al menos cuentas en Chipre y Estonia. “El camino es difícil, no quiero ponerlo fácil”, previene el abogado Norberto Martínez Blanco. “Es un doble reto: la rapidez de los medios judiciales y conseguir el bloqueo cuanto antes”, describe.

La empresa es originalmente alemana, aunque luego se trasladó a Holanda y Suiza, según Deutsche Welle, que cita una historia que corre por internet donde la propiedad última se asigna a ciudadanos rusos. En la entrevista con Collazo, Glanse confirma que al frente de la compañía había rusos, aunque le da poca importancia porque “los españoles también pueden ser mafiosos”.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores añadió a JuicyFields en una larguísima lista de empresas que “no cuentan con ningún tipo de autorización ni están registradas a ningún efecto en la CNMV y que podrían estar realizando algún tipo de actividad de captación de fondos o prestando algún servicio de naturaleza financiera”. La propia CNMV añadía que “la lista no es exhaustiva y deriva principalmente de ejercicios de búsqueda y análisis en internet y redes”. El 3 de junio, las autoridades alemanas prohibían a JuicyFields “ofrecer inversiones de capital en forma de oportunidades”.

El último correo desde la cuenta oficial de JuicyFields fue en inglés el 19 de julio, con el asunto: “Se necesitan voluntarios”. El texto parecía una broma para que los afectados pudieran recuperar el dinero. Así terminaba: “Utilice las siguientes direcciones de correo para enviar su historia, expresar en voz alta lo que tiene que decir, enviar garantías para un reembolso de emergencia o emprender un largo camino de interminables conversaciones con nuestros abogados”. Una de las cuentas era “[email protected]” y aún continuaba: “Además, los chicos con capuchas negras y los que corren por la calle pueden enviar sus propuestas indicando las cantidades de hachís o flores que pueden vender mensualmente. Después de todo, es bueno ser parte de una gran familia italo-rusa-colombiana”.

Fuente El País