El proyecto bipartidista convertiría en ley parte de la orden de abril y obligaría a revisar la reclasificación de la ibogaína en 60 días si llega a aprobarse.

Los congresistas Morgan Luttrell, Lou Correa, Jack Bergman y Michael McCaul presentaron el 1 de julio el IBOGAINE Act, un proyecto bipartidista que intenta convertir en ley parte de la orden ejecutiva firmada por la Casa Blanca el 18 de abril para acelerar investigación y acceso regulado a terapias psicodélicas. El texto del proyecto plantea que el fiscal general tenga 60 días para decidir si abre el traslado de la ibogaína y sus compuestos de la lista I a la lista II federal.

La novedad importa porque fija en el Congreso una hoja de ruta que hasta ahora dependía de una orden presidencial reversible, pero su alcance práctico sigue siendo limitado: la iniciativa no autoriza un acceso clínico inmediato, todavía debe superar la tramitación legislativa y luego exigiría reglamentos, registros especiales y revisiones sanitarias posteriores antes de traducirse en uso terapéutico real.

El articulado no se queda en la ibogaína. También introduce ajustes para el programa de vales prioritarios de la FDA, modifica el encaje del Right to Try, crea requisitos especiales de registro para manejar sustancias de la lista I en ese marco y obliga a revisar cupos de fabricación cuando haya eventos regulatorios relevantes, incluidos productos que completen ensayos fase 3.

Ese enfoque enlaza con la estrategia federal que Cannabis Magazine ya había seguido en piezas como la orden de la Cámara al Pentágono para estudiar vías legales de acceso y la ampliación de la investigación militar con psicodélicos hasta 2033. El patrón es claro: Washington no está legalizando estas terapias, pero sí está construyendo un carril institucional cada vez más explícito para investigación, veteranos y salud mental.

La oficina de Correa insiste en que el vacío actual obliga a muchos veteranos con TEPT u otros daños psíquicos a buscar ayuda fuera de Estados Unidos. Esa presión política explica por qué el proyecto incluye además colaboración federal con los estados, trabajo conjunto con el sector privado y la designación de un alto cargo específico en el Departamento de Asuntos de los Veteranos para terapias emergentes.

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Conviene no exagerar lo que aporta la evidencia que suele acompañar a la conversación sobre ibogaína. La propia nota oficial cita un estudio de Stanford de 2024 con mejoras intensas en síntomas de TEPT, depresión y ansiedad, pero ese tipo de resultados no sustituye el recorrido regulatorio pendiente ni resuelve por sí solo las dudas sobre seguridad, indicaciones y supervisión clínica.

Para situar esta discusión en el mapa más amplio de la cultura y la política psicodélica, puede leerse también el trabajo de Fuertedélica. Aquí, sin embargo, el hecho nuevo no es un hallazgo clínico sino el intento de fijar por ley una infraestructura federal de acceso acelerado que aún está lejos de convertirse en tratamiento disponible.

Acerca del autor

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Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.

En 1996 impulsó, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.

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