Introducción a la literatura cannábica
El barón Ernst von Bibra
por Nina Slick
Las plantas del barón Ernst von Bibra son plantas narcóticas en alemán, intoxicantes en inglés y beneficiosas para el hombre en español. Son diecisiete, aunque aquí sólo nos interese una, y su estudio ha convertido a este botánico alemán en uno de los padres de la tratadística sobre las drogas y sus usos.
El barón Ernst von Bibra y su obra
En este espacio dedicado a la literatura cannábica no podía faltar el barón Ernst von Bibra. Este alemán, cuya alma máter reside en Würzburg, publicó en 1855, el título Die narkotischen Genussmittel und der Mensch, también conocido por su traducción al inglés (Plants Intoxicants), realizada por Martin Haseneier y comentada por Jonathan Ott.
Él era botánico, zoólogo, químico, geógrafo y aunque escribió mucho, dedicándose también a la literatura de ficción y de viajes, nos interesa especialmente la aportación que realiza con esta obra, pues analiza los usos de hasta diecisiete sustancias narcóticas, inaugurando con su predecesor James F. Johnston (Chemistry of the common life, 1853) la tratadística sobre drogas y sus usos.
Aportaciones de Von Bibra a la ciencia
Ruiz Franco, en un artículo publicado en Cannabis Magazine, lo sintetiza a la perfección, al decir que “The Chemistry of common life, de James Johnston, fue el primer tratado general sobre drogas y su uso, con el que este autor habría inaugurado una línea que pasa por Ernst von Bibra, Mordecai Cooke (autor de The seven sisters of sleep, publicado en 1860), Carl Hartwich (Die menschlichen Genussmittel, 1911) y Louis Lewin (Phantastica, 1924), y que termina —de momento— en Ott y Escohotado”[1].
No obstante, la aportación de von Bibra llega aún más lejos pues sus ideas son además pioneras en la investigación, se adelantan a su tiempo, pues unen neuroquímica y psicofarmacología. En la web dedicada a él destacan la importancia de la obra para el sector científico: “publicado en una época en la que la noción de farmacología experimental era todavía un concepto novedoso incluso para los educados científicamente, Plants Intoxicants contribuyó significativamente al surgimiento del materialismo científico, y en su tono descriptivo y práctico fue claramente el progenitor literario de Phantastica de Lewis Lewin”[2].
Personalidad y legado de Von Bibra
Ahora vamos a aproximarnos más a la personalidad de este “aristócrata drogófilo”[3] decimonónico para comprender mejor por qué su obra ha resultado tan influyente y descubramos qué tiene que decir acerca del hachís, de sus diecisiete plantas narcóticas, la sustancia más nos interesa a nosotros.
La tratadística acerca de las drogas y sus usos

Siguiendo las ideas de Martin Haseneier, experto biógrafo de nuestro protagonista, y recogiendo las notas de Jonathan Ott, publicadas en la traducción al inglés de Die narkotischen Genussmittel und der Mensch, Ruiz Franco enmarca con cuidado los principales títulos de la tratadística acerca de las drogas y sus usos. Coinciden muchos autores, como él, en situar la obra del barón von Bibra en los orígenes de la tratadística, acompañada de The chemistry of common life, de James Johnston, publicada unos meses antes. Sin embargo, sí hemos de afinar explicando que, si bien Johnston se le había adelantado publicando la obra “realmente pionera en este campo”, ésta resultó ser “más rudimentaria y con menos detalles”[4].
Otros precursores del texto del barón fueron Friedrich Tiedemann, un año antes con Geschichte des tabaks und anderer ähnlicher genussmittel (traducida como Historia del tabaco y otros productos beneficiosos similares) y Justus von Liebig en la década de los cuarenta del siglo XIX con los dos volúmenes de Chemie in ihrer anwendung auf agrikultur und physiologie y Chemie in ihrer anwendung auf physiologie und pathologie (traducidos como La química orgánica en su aplicación a la agricultura y la fisiología y La química orgánica en su aplicación a la fisiología y la patología, respectivamente).
Con estas influencias, Johnston y von Bibra inauguran una línea literaria que pasará posteriormente por Mordecai Cooke (The seven sisters of sleep, o Las siete hermanas del sueño, 1911) y Louis Lewin (Phantastica, 1924), para acabar tocando a Jonathan Ott y Antonio Escohotado.
Aunque muchos coinciden en afirmar la superioridad de Phantastica de Louis Lewin en esta larga lista de tratados sobre drogas, esta ventaja está justificada por el momento de su publicación, tiempo en que la investigación estaba más avanzada. Sin embargo, Lewin le debe mucho a von Bibra, tal y como comenta Albert Hoffmann en El Dios de los ácidos: Conversaciones con Albert Hofmann: “Dentro del concepto de narcóticos von Bibra incluye no sólo el opio y el estramonio, sino también el café y el tabaco, así como la cocaína, la Amanita muscaria y el hachís. Luego, en 1927, se realizó la investigación de Louis Lewin, Phantastica, que debe mucho a von Bibra”[5].
Albert Hoffmann es uno de los grandes de nuestro tiempo en materia de psicodélicos que, junto con Schultes, entre otros, han reconocido la importancia de la aportación de von Bibra a la literatura sobre drogas.
Enfoque en el hachís
Una sustancia intoxicante: el hachís
De las 17 plantas a las que von Bibra dedica su obra (café, tabaco, guaraná, coca, opio, arsénico, etc.) es el hachís la que nos interesa.
A este respecto, von Bibra parece estar al tanto de los intentos investigadores que se están produciendo en distintos lugares del mundo. Por eso, en el capítulo dedicado al hachís alude a autores que, para nosotros, ya son grandes conocidos, como sería el caso del Dr. Moreau y sus experimentos con el club de los hachichinos parisino, para tratar los efectos; o el Dr. O’Shaughnessy y los estudios que está llevando a cabo en la India, para entender su aplicación medicinal.
Tal y como explican desde Psychedelic Press UK: “Además de los usos culturales contemporáneos, Bibra hace un buen intento por transmitir la historia de estas sustancias, aunque parte de la información ha demostrado ser errónea; El uso del hachís por parte de Hassan Ben-Sabbah, por ejemplo”[6].

Así, teniendo en cuenta que no hemos de seguir la información al pie de la letra, el conocimiento de von Bibra del hachís es extenso. En el capítulo del hachís trata de rastrear los orígenes de su consumo y, para ello, se remonta a Heródoto, una de las fuentes de consumo más antiguas de la que tenemos testigo.
De Heródoto, salta a Diodoro de Sicilia, y a Homero para contarnos que, en La Odisea, Helena tomaba hachís para olvidar el dolor y la tristeza. En este análisis histórico también cabe el personaje del viejo de la montaña y el popular cuento de los assassin, soldados que, confundidos por el consumo de hachís, luchaban buscando la muerte y un futuro paraíso plagado de placeres.
Efectos del hachís según Von Bibra
Los efectos del hachís son un aspecto de gran peso en el capítulo. Una de las grandes ideas de trasfondo en lo que a efectos se refiere, es la afirmación de que los efectos de la sustancia difieren en función de la procedencia de la sustancia, como sucede con el opio. Él defiende que el cáñamo desarrolla una química más potente con respecto a sus efectos narcóticos en climas cálidos que en climas fríos. En éstos últimos comenta que se requerirá mayor cantidad de hachís para lograr efectos similares a los obtenidos con la sustancia proveniente de climas cálidos como la India.
Entre los efectos habituales del hachís, éstos, según von Bibra, también difieren de unos lugares a otros y apunta que en Turquía son de alegría, de risas, mientras que en Persia y en India, el cáñamo se consume con fines estimulantes aunque advierte que, como efecto posterior, puede padecerse “desánimo de la mente, relajación de los músculos y apetito perturbado”[7].
Para fundamentar mejor su explicación, el barón consume hachís y elabora un trip report al más puro estilo decimonónico para narrarnos su experiencia. “Exactamente dos horas después de la ingestión de hachís, sentí de repente los primeros efectos. Se parecían a muchas de las emociones que el opio causa inicialmente, pero no eran lo mismo. Primero vi claramente que el impacto comenzó, pero no era la comodidad que produce el opio, sino más bien una cierta inquietud, un hormigueo en la sangre, una vivacidad antinatural […] en cualquier momento pude regresar al estado natural con cierta voluntad firme, e inmediatamente después me rendí de nuevo al estado de agitación. Esta inquietud pronto desapareció y una sensación de ligereza entró en todos los miembros […] y cuando mis ojos se posaron sobre ella, vi formase las más magníficas figuras”[8].
El colocón del barón comienza con un ligero nerviosismo seguido de alucinaciones visuales. A estas alteraciones se unen pronto otras como las que distorsión en la percepción del tiempo, que se vuelve elástico: “Las ilusiones sobre el espacio y el tiempo, como en Moreau, también tuvieron lugar conmigo. Durante ese estado de excitación, a veces me pareció que duraba una cantidad infinita de tiempo, aunque, por otro lado, recordé bastante bien que tomé la preparación unas tres horas antes. Me senté con la espalda contra una pared, y tenía las ventanas de mi habitación a la derecha, frente a mí una pared con paneles. Cuando cerré los ojos a medias y toqué la pared, pude ver las ventanas a voluntad y, al mismo tiempo, empujar ese lado de la habitación completamente a la distancia y extenderlo a una habitación infinitamente extendida. Pero debo repetir que solo se necesitó un momento para hacer que todos estos placeres desaparecieran, si lo deseaba, y para reprimir la lujuria de la risa”.
También advierte de lo sensible que es el viaje, que puede cambiar las sensaciones del consumidor con cada estímulo, por eso refiere que “cuando tomamos el hachís, nos convertimos en el juguete de cada impresión. Nuestro curso de pensamiento puede ser interrumpido por la más mínima causa […] La más mínima excitación lo aleja”.
El viaje es susceptible y puede también cambiar el ánimo del consumidor, por ello dice “para los orientales, el efecto común del hachís es de un agradable y excitado espíritu, que los induce a reír y que aumenta su apetito. Para ciertas personas, sin embargo, el hachís produce el efecto contrario, volviéndolos pendencieros y fácilmente dispuestos a tomar armas”[9].
Al leer esto, Isaac Campos en Home Grown: Marijuana and the Origins of Mexico’s War on Drugs apunta que “muchas otras fuentes decimonónicas reforzaron la idea de que el cannabis era la quintaesencia oriental en sustancia que producía visiones o violencia, o ambas”[10]. Es por ello que concluye que, aunque es un tanto dicotómica tal perspectiva, la personalidad de von Bibra puede englobarse en el conjunto de autores del siglo XIX que mantienen una postura abierta ante los usos de la sustancia.

Apreciación sobre el consumo de cannabis
Siguiendo con los efectos del hachís, el botánico siente afectado también el sentido del oído, por eso dice “me pareció que los sonidos estaban encarnados, pero no puedo y no quiero describir estos sentimientos, ya que uno es fácilmente incomprendido en tales ocasiones”; y al apetito, cuando explica “sin notar nada especial, excepto el ya mencionado sentimiento de fatiga, y luego un aumento del apetito, que pronto se convirtió en un hambre real, lo que me hizo cenar un poco antes de lo habitual”.
La esperada consecuencia de este colocón, la resaca, no le resultó a nuestro autor tan desagradable, pues escribe que “la acción del hachís duró aproximadamente cuatro horas, y luego desapareció bastante rápido, para poder decir que se había terminado. Dormí perfectamente tranquilo después de haber leído unas horas antes, y el otro día no sentí las más mínimas consecuencias malvadas”. Incluso llega a reportar mejoría en sus dolencias: “En cuanto a mi indisposición antes mencionada, concluyo, que mejoró notablemente. Durante el hachís, casi lo había olvidado por completo, ya no sentía dolor, y cuando de repente lo recordé, me enderecé, lo que antes era imposible, y pude hacer todos los movimientos”.
Como narcótico, compara al hachís con el opio pues encuentra que es la sustancia que más se le parece, a pesar de las sustanciales diferencias como las secuelas y el riesgo de su consumo, mayores en el caso del opio, y el potencial analgésico y calmante, también mayor en el caso del opio.
No obstante, es interesante su defensa de los efectos medicinales de la planta de cáñamo. Basándose en los experimentos de O’Shaughnessy, concluye que el consumo terapéutico de hachís puede resultar beneficioso para tratar dolencias como el espasmo rígido la catalepsia. Además, aboga por el uso de la tintura de cáñamo para el reuma, el delirium tremens, proclama sus virtudes como antídoto para la intoxicación de estreptocina y admite que fue útil para paliar los síntomas del cólera en europeos (no así en indios más tolerantes a los efectos por fumar gunjah) o de la peste.
Conclusión sobre la obra de Von Bibra
Si queréis saber más de las virtudes que Ernst von Bibra encuentra en el hachís y otras sustancias de origen vegetal buscad su libro, indagad entre sus páginas y parafraseando caprichosamente al propio autor, si no te gusta lo que ha escrito, es que no es para ti.
REFERENCIAS
A los pies de cada página.
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Para más información: https://goo.gl/Nan2e1. ↑
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Para más información: http://www.bibra.net/. ↑

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Para más información: https://goo.gl/tcnG5D. ↑
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Ibídem. ↑
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Gnoli, A.; Volpi, F. (2008). El Dios de los ácidos: Conversaciones con Albert Hofmann. Madrid: Siruela. ↑
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Para más información: https://goo.gl/gAaVEH. ↑
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Von Bibra, E. (1855). Die narkotischen genussmittel und der mensch. Nuremberg: Wilhelm Schmid. ↑
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Campos, I. (2012). Home grown: Marijuana and the origins of Mexico’s War on drugs. EE. UU.: University of North Carolina Press. ↑
Preguntas Frecuentes
P: ¿Quién es considerado uno de los padres de la tratadística sobre las drogas y sus usos?
R: El barón Ernst von Bibra es considerado uno de los padres de la tratadística sobre las drogas y sus usos, especialmente por su obra publicada en 1855, ‘Die narkotischen Genussmittel und der Mensch’.
P: ¿Cuál es la contribución significativa de ‘Plants Intoxicants’ de von Bibra en el campo científico?
R: ‘Plants Intoxicants’ de von Bibra contribuyó al surgimiento del materialismo científico y fue pionera en unir neuroquímica y psicofarmacología, influyendo en el desarrollo de la farmacología experimental.
P: ¿Cómo se compara la obra de von Bibra con la de James Johnston en el ámbito de la tratadística de drogas?
R: Aunque James Johnston se adelantó a von Bibra con su obra ‘The Chemistry of Common Life’, esta era más rudimentaria y con menos detalles en comparación con la contribución detallada de von Bibra.
Acerca del autor
Equipo editorial de Cannabis Magazine especializado en actualidad, cultura, industria, ciencia, salud, cultivo y regulación del cannabis y del cáñamo.













