The art of choice and consumption in literature

LOS PARAÍSOS ARTIFICIALES

por Lupe Casillas

“Tomad una porción grande [de hachís] como una nuez, llenad con ella una cucharita y poseeréis la felicidad, la felicidad absoluta con todas sus embriagueces, con todas sus locuras juveniles y también con sus infinitas beatitudes. La felicidad está allí, en la forma de un trocito de dulce; tomadla sin temor porque no mata; no daña gravemente los órganos físicos. Tal vez vuestra voluntad queda disminuida, pero ése es otro asunto”.[1]

Charles Baudelaire

Baudelaire y los paraísos artificiales

Baudelaire es uno de los genios literarios del siglo XIX occidental (comparado con Whitman o Wilde) y un habitual en nuestras páginas porque su pluma ha engendrado dos títulos imprescindibles de la literatura psiconauta. Hablo de Las flores del mal, escrito en primer lugar, y de los Paraísos artificiales, ambos dedicados al hachís y al opio.

Y es que, aunque por ahí se lo conoce como poeta maldito —término que él mismo ayudó a acuñar a Verlaine, sin saberlo, al escribir Bendición, el primer poema de Las flores del mal­­—, o como uno de los máximos exponentes del simbolismo, o como gran profeta de la poesía moderna, encontramos que estas apreciaciones son muy categóricas y superficiales, e ignoran los matices que realmente definen la originalidad de su personalidad artística.

Aquí sólo visitaremos una parte de esos Paraísos artificiales de Baudelaire, dedicados al hachís, ya que lo nuestro es la literatura cannábica; y el motivo de ello es que Paraísos artificiales ha trascendido para acabar erigiéndose como un verdadero paraíso para los consumidores, un espacio colectivo reconocido por muchos usuarios de hachís y de otras sustancias.

Estructura y análisis del consumo en Baudelaire

El hachís

El libro está estructurado en tres partes claramente diferenciables. La primera, foco de nuestra atención, es “El poema del hachís”; la segunda se titula “Un comedor de opio”; y la última resume sencillamente en su título su contenido, “Del vino y del hachís, comparados como medios de multiplicación de la individualidad”.

Lo más adecuado, por contenido, es quizás situar el texto dedicado al hachís delante de “El poema”. ¿Por qué? Porque en esta parte explica qué es el hachís, quizás de un modo más científico, convirtiéndolo en una valiosa fuente de información para debutantes: se describen minuciosamente los efectos, por lo general, comunes a toda ingesta de hachís (aunque adornados con ejemplos y ayudados por la fantasía), se da consejo a neófitos y se trata el tema desde una perspectiva histórica.

Literatura psiconauta detalle 1

La segunda parte está más centrada en los aspectos psíquicos y morales del consumo, tratando aspectos como la prohibición del hachís, las consecuencias de su consumo continuado, etc.

Sin embargo, el hachís al que Baudelaire se refiere no es el que actualmente se usa. Él hace referencia al hachís, consumido en forma de extracto graso (resultado de mezclarlo con manteca) y que habitualmente se endulza para hacerlo un bocado más sencillo. En ocasiones también se ha adulterado con opio: “El hachís se compone de una cocción de cáñamo indio, manteca y una pequeña cantidad de opio”.

En este sentido, el mismo Baudelaire alude, en su comparación con el vino, al mal sabor y olor que algunos perciben: “He aquí un dulce verde, singularmente oloroso, tan oloroso que causa una especie de repulsión, como, por lo demás, la causaría cualquier aroma fino llevado a su máximo de potencia y, por decirlo así, de densidad”.

Pasada la primera toma, conocidos por el cuerpo sus efectos, el hachís adquiere una personalidad única para el consumidor.

Las fases del consumo según Baudelaire

Las fases de Baudelaire para los efectos del hachís

Éste es quizás el aspecto más finamente delimitado en su explicación: las fases en que se agrupan los efectos del hachís.

No obstante, antes de lanzarse a tal análisis, se atreve a dar consejos a aquellos que se enfrenten a la sustancia por primera vez, tratando de anular falsos mitos y aproximarlos a las consecuencias de un modo sencillo. Por eso cuenta: “Conviene no someterse a su acción sino en ambientes y circunstancias favorables”, porque “produce en el hombre una exasperación de su personalidad y al mismo tiempo una sensación muy viva de las circunstancias y del ambiente”. A lo que añade en referencia a la toma: ”todo júbilo y bienestar son excesivos, así también todo dolor y toda angustia son inmensamente profundos”.

Ahí ya se adivina la riqueza con que más adelante Baudelaire habla de los efectos. Las fases, inspiradoras e influyentes para muchos, están bien delimitadas y explícitas en el capítulo cuatro de este “Hachís”:

  1. Esta fase inicial está caracterizada por el inicial nerviosismo e impaciencia que tiene en ascuas al consumidor que espera la llegada de los efectos. Baudelaire, además, tiene en consideración a los debutantes en esto del consumo de hachís y los pone en preaviso para que entiendan que los efectos los sentirán en función de sus “temperamentos” y de la “costumbre”.

En este comienzo del viaje, empiezan a percibirse los primeros efectos y se comprende que la mente está operando de un modo diferente: “Sucede algunas veces que personas completamente inhábiles para los juegos de palabras improvisan interminables sartas de retruécanos, de asociaciones de ideas enteramente improbables, capaces de desconcertar a los maestros más grandes en ese arte ridículo”.

Sin embargo, es una agudeza que se pierde rápido pues, como añade, “al cabo de unos minutos las asociaciones de ideas se van haciendo tan vagas, los hilos que ligan vuestras concepciones son tan tenues (…)” y la mente empieza su viaje.

Literatura psiconauta detalle 2

Además, Baudelaire ha experimentado el consumo en compañía, cuando formaba parte del Club des hashischins (tan habitual en nuestras páginas), por lo que explica también cuál es el clima que la sustancia genera en un grupo consumidor: “Pronto ya os comunicáis con la mirada. Es una situación un tanto cómica la de los hombres que gozan de la alegría incomprensible para quien no está situado en el mismo mundo que ellos”.

Para los que asisten a la reunión y no han tomado hachís, la situación es comparable a estar en un grupo en que todos se ríen de un chiste que tú no has pillado. Sin duda, la comicidad de la escena viene dada por esa complicidad única que el hachís establece entre aquellos que participan de él.

Esta primera fase es el preámbulo de lo que está por venir, mucho más impresionante e intenso.

  1. La segunda fase tiene aquí su inicio, marcada por sensaciones como un debilitamiento generalizado, pesadez corporal o estupefacción. Poco a poco se perciben los indicios de una agudeza mental recién adquirida.

Aquí “comienzan las alucinaciones. Los objetos exteriores adquieren apariencias monstruosas. Se os presentan en formas desconocidas hasta entonces. Luego se deforman, se transforman y, finalmente, penetran en vuestro ser o bien vosotros penetráis en ellos (…)”.

Este es el momento en que Baudelaire alude a la sinestesia como uno de los efectos explicado de un modo muy sencillo: “Los sonidos tienen color y los colores música. Las notas musicales son números”.

Y perdemos la noción del tiempo o, mejor dicho, el hachís demuestra cuán relativo es el tiempo, haciendo de un minuto en el mundo real, una eternidad en el sueño del hachís: “Un intervalo de lucidez os permite consultar el reloj mediante un gran esfuerzo. La eternidad ha durado un minuto. Otra corriente de idea os arrastra y os arrastrará durante otro minuto en su torbellino viviente y ese minuto será también una eternidad. Las proporciones del tiempo y la existencia son desbaratadas por la multitud innumerable y por la intensidad de las ideas y sensaciones. Se viven muchas vidas de hombre en el término de una hora. Ése es el lema de La piel de zapa (peau de chagrin/hachís)”.

Este momento plagado de ideas y emociones conduce en ocasiones a la desaparición momentánea de la personalidad, que sume al individuo en una objetividad tal que, en palabras de Baudelaire, “os confundís con los seres exteriores”. Es decir, puedes confundirte con personas que te rodeen, puedes identificarte con un árbol o verte incluso como un pez.

Sin duda es una objetividad muy atractiva pues se dejan atrás los dolores y los problemas derivados de la identidad, haciendo que el hachís sea un tónico escapista para los atormentados: “Ya no lucháis, os llevan, ya no sois dueños de vosotros mismos y no os afligís por ello. La idea del tiempo desaparecerá por completo en seguida”.

Aunque esta fase sea intensa, el consumidor puede desconectar del sueño por momentos, tener algún despertar ocasional.

  1. La tercera fase es la que los orientales llaman Kief o la bienaventuranza absoluta. Está “separada de la segunda por un acrecentamiento de la crisis, por una embriaguez vertiginosa seguida por un malestar nuevo”.

Esta fase es serena pues la mente parece haber encontrado respuestas a sus preguntas más complejas, todos los opuestos parecen encajar, todo adquiere un sentido nuevo y la persona siente una comprensión total: “Ya no se trata de algo remolinante y tumultuoso. Es una beatitud apacible e inmóvil. Quedan resueltos todos los problemas filosóficos. Todas las cuestiones difíciles contra las cuales batallan todos los teólogos y que desesperan a la humanidad razonadora, son límpidas y claras. Todas las contradicciones se transforman en unidad. El hombre ha pasado a ser Dios”.

Literatura psiconauta detalle 3

No obstante, Baudelaire también advierte de que todas las emociones se tornan más intensas, tanto aquellas positivas como las negativas, por eso cuenta el temor como uno de los “más grotescos efectos”, pues en este estado es “llevado a la locura más meticulosa”.

También el amor se intensifica: “En ese estado supremo, el amor, en los espíritus afectuosos y artísticos, toma las formas más raras y se presta a las combinaciones más extravagantes. Un libertinaje desenfrenado puede amalgamarse con un sentimiento de paternidad ardiente y cariñosa.”

Este kief es el remate de la velada. Pronto el consumidor se sumirá en un sueño que lo transportará a la mañana siguiente, a la resaca: “Cuando en la mañana del día siguiente veis la luz del sol instalada en vuestra habitación, vuestra primera sensación es de profundo asombro. El tiempo había desaparecido por completo. Poco antes era la noche y al presente es el día”.

Tras la descripción de las fases, el poeta francés hace algunos apuntes acerca de ese día siguiente, de la posible resaca. Aunque al despertar pueda parecer que estáis descansados y vuestra mente funciona rápidamente, conforme os levantéis sentiréis los rastros del colocón nocturno. Y es que tal viaje tiene que dejar algún rastro, como la pesadez de piernas o una languidez placentera que recuerda a la reciente embriaguez. La mente no está tan fresca como pudo parecer al despertar y puede ser difícil trabajar y concentrarse.

Y termina sentenciando: “Es el castigo merecido por la prodigalidad impía con la que habéis hecho tan gran gasto de fluido nervioso. Habéis arrojado vuestra personalidad a los cuatro vientos del cielo, y ahora se os hace difícil recogerla y concentrarla”.

Reflexiones sobre el uso y la moral en el consumo

De otras cuestiones que componen los paraísos: ideas y moral.

Thomas de Quincey es la principal inspiración para Baudelaire y, como él, acabó entendiendo que el hachís no supone más que la aniquilación de la voluntad humana y afirma: “Se dice que esta sustancia no origina daño físico alguno. Eso es cierto, por lo menos hasta el presente. Pero yo no sé hasta qué punto se puede decir que un hombre que no hace más que soñar y es incapaz de actuar goza de buena salud, aunque todos sus miembros se hallen en buen estado. La víctima es la voluntad, que es el don más precioso”.

Valdovinos resume esta idea a la perfección: “De Quincey y Baudelaire terminaron por repudiar el opio y el hachís, que apabullan y envilecen la imaginación. Los elixires del placer, si bien posibilitan vivir setenta o cien años en una sola noche, también embotan y anestesian la voluntad y el impulso creativo, hundiéndolos en una cárcel de sueños”[2].

Para Baudelaire, el hachís es un “placer solitario”, una vía de escape individual, “hecho para los ruines ociosos”. No puede disfrutarse en compañía, pues sus efectos te sumen en un sueño alucinatorio que te aísla del entorno. Es un columpio en que columpiarse, un paraíso en un lugar mental al que escapar, una vía de evasión de la realidad.

Muchos han entendido que, especialmente, “El poema del hachís” y la comparación de éste con el vino son textos que, por su carga moral e interés antropológico, suponen una divagación acerca de la drogodependencia: “Ese señor visible de la naturaleza visible (hablo del hombre) ha querido, por consiguiente, crear el Paraíso por medio de la farmacia y de las bebidas fermentadas, semejante a un maniático que reemplaza muebles sólidos y jardines auténticos con decoraciones pintadas en una tela y montadas en bastidores. En esa depravación del sentido de lo infinito reside, a mi parecer, la razón de todos los excesos culpables, desde la embriaguez solitaria y concentrada del literato (…) hasta la borrachera más repugnante de los arrabales”.

Literatura psiconauta detalle 4

Bien parece que, para Baudelaire, la artificialidad de los paraísos del hachís es finalmente vista como un aspecto negativo. De ahí se desprende claramente la importancia que su moral tiene en la narración, como bien cuenta T.S. Eliot: “Toda la poesía de primer orden está ocupada con la moralidad: esta es la lección de Baudelaire. Más que cualquier otro poeta de su tiempo, Baudelaire era consciente de lo que más importaba: el problema del bien y del mal”[3].

Dentro de esta línea moral, Baudelaire se atreve incluso a hacer juicios acerca de la prohibición a nivel estatal, tema muy en boga en nuestros días. Por eso, a razón de la situación de ilegalidad de la sustancia en suelo egipcio, aprovecha para expresar su opinión: “Un estado razonable no podría subsistir si se emplease el hachís, que no crea ni guerreros ni ciudadanos. En efecto, al hombre le está prohibido, bajo pena de decadencia y de muerte intelectual, alterar las condiciones primordiales de su existencia y romper el equilibrio entre el medio y sus facultades. Si existiera un gobierno interesado en corromper a sus gobernados le bastaría con alentar el empleo del hachís”.

El hachís, para Baudelaire, sólo engendra tontos y vagos y es, en definitiva, “uno de los medios más terribles y seguros de que dispone el Espíritu de las Tinieblas para reclutar y esclavizar la humanidad”.

Referencias y créditos

REFERENCIAS

Tres a pie de página

  1. Baudelaire, C. (2016). Paraísos artificiales.

  2. Valdovinos, Mario. (2000). Thomas de Quincey y los paraísos artificiales. Literatura y lingüística, (12), 197-203.

  3. Eliot, T. (1950). The lesson of Baudelaire. En Selected essays, 1917-1932(460). Londres: Faber.

     


Preguntas Frecuentes

P: ¿Qué libro de Baudelaire se centra en el uso de hachís?
R: El libro de Baudelaire que se centra en el uso de hachís es Paraísos artificiales, donde dedica una parte significativa al tema del hachís.

P: ¿Cuáles son las fases del hachís descritas por Baudelaire?
R: Baudelaire describe diversas fases del consumo de hachís, comenzando con una fase de nerviosismo e impaciencia, seguidas de otras fases detalladas en el capítulo cuatro del libro.

P: ¿Por qué Baudelaire es considerado un autor de literatura psiconauta?
R: Baudelaire es considerado un autor de literatura psiconauta debido a sus obras Las flores del mal y Paraísos artificiales, que abordan el uso de sustancias como el hachís y el opio.

Acerca del autor

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Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.