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Los agricultores de Líbano se pasan al cannabis al no poder costear el resto de cultivos

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La grave crisis económica del país y el elevado coste del resto de alimentos afectan especialmente al sector de la agricultura

La tremenda situación de inestabilidad política, social y económica que está azotando a Líbano y que se considera la peor desde la cruenta guerra civil que duró 15 largos años (1975/1990), está empujando a muchos agricultores libaneses a pasarse al cultivo de cannabis, ya que su producción es mucho más barata y se obtiene de ella un mayor beneficio.

Los campesinos, debido a la devaluación de la libra libanesa que ha dejado a la mitad de la población del país sumido en la pobreza, no pueden permitirse asumir los costes de los fertilizantes, las semillas o los pesticidas para la producción de frutas y verduras que se importan desde otros países.

Si bien es cierto que, pese a que esta situación de crisis general estaría favoreciendo el cultivo de cannabis, Líbano lleva 30 años produciendo hachís en toda la zona del valle oriental de la Bekaa, y de hecho, según un informe de Naciones Unidas de 2020, la república árabe es el cuarto mayor productor del mundo de esta droga, sólo por detrás de Marruecos, Afganistán y Pakistán.

Aimad, que prefiere no revelar su verdadera identidad, es un agricultor de la región que ha utilizado parte de su terreno para el cultivo de cannabis.
Asevera que al estar que el costo de la vida tan alto, se vio empujado a sembrar esta planta dentro de sus tierras. “No nos gusta tener que plantar Cannabis pero, ¿qué otra cosa podemos hacer? No está en nuestras manos”, reconoce el agricultor a Público a través de una conversación por teléfono.

La situación de colapso que vive Líbano está afectando especialmente al sector de la agricultura y las condiciones de vida de los trabajadores del campo, en un país que además importa la mayoría de sus productos, es cada vez más difícil. “Vivimos sin nada. No podemos comprar los materiales para sembrar, porque pagamos de nuestros bolsillos todo lo necesario para la siembra y luego no obtenemos beneficios“, denuncia.

Según el agricultor, el cultivo de cannabis tiene algunas ventajas y no sólo las económicas, sino también a nivel de producción puesto que el cannabis no necesita la misma cantidad de trabajo que otro tipo de siembras. “Tengo un tractor con el que remuevo la tierra y con regar la plantación crece, no es como otros cultivos que necesitan cuidados. Es una planta fuerte y, además, a los seis meses ya puedes sacar beneficio“, reconoce.

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El trabajador lo tiene muy claro: la situación desesperante que está viviendo el pueblo libanés es culpa del Gobierno, al que tilda de “la mayor mafia del mundo y mucho peor que la italiana“. Asimismo, se lamenta de que la población esté incluso “sin suministros de gasolina” para arrancar sus vehículos. “Necesito vivir y darle una vida a mis hijos. No tengo miedo de que me lleven a la cárcel porque si no hiciera esto, no podríamos comer”, sentencia.

Asegura que el “80%” de los agricultores de la zona “están plantando” en alguna parte o en el total de sus tierras y que las autoridades locales son plenamente conscientes de la situación. Afirma que los cultivadores venden y que la Policía lo sabe y que no están haciendo nada para impedirlo. “Pero si te pillan con dos gramos para consumir, te meten en la cárcel. Es absurdo. No hay ley, ni hay nada”, remacha.

El primer país árabe en legalizar el Cannabis medicinal

En abril de 2020 el parlamento libanés votó a favor de legalizar el cultivo de cannabis para uso médico, en un intento de aumentar los ingresos de una economía al borde de la quiebra. Esto convirtió a Líbano en la primera nación del mundo árabe en legalizar la marihuana medicinal.

Antoine A. Saad, abogado libanés y el Jefe del Departamento de Derecho Internacional de la LCU (Lebanese Canadian University) cuenta a Público que, pese a que la ley se aprobó hace más de un año, se necesita una regulación para “entrar en los detalles de esta y que pueda aplicarse”. Esto implica que un agricultor que se dedique a este tipo de cultivo, a nivel legal “está cometiendo un crimen”. “Podría ser condenado a una pena de cárcel de unos cinco años”, asegura el abogado.

Para Saad, la solución queda en la creación de una institución del Gobierno para poder comprar a través de ella y de forma legal, y que se pudiera finalmente aplicar la ley. Pero en opinión del experto esto no se habría dado todavía porque, cuando se aplique, “todos los partidos políticos mayoritarios van a querer su parte de beneficios económicos”.

Asimismo, el pasado mes de abril Arabia Saudí suspendió la importación de frutas y verduras desde Líbano después de interceptar escondidas entre frutas cinco millones de pastillas Captagon, una droga que se consume, sobre todo, en Oriente Medio y que produce euforia, entre otros síntomas.

El abogado pone de relieve que la situación de la agricultura es aún más desesperante debido al “bloqueo a las importaciones agrícolas libanesas” por parte del reino saudí, que ha pasado a importar desde “Egipto, Siria o Jordania”.

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Del cannabis a la uva

Deir al Ahmar es una localidad libanesa ubicada en las profundidades del valle de la Bekaá. Popularmente esta localidad ha sido siempre conocida por sus plantaciones ilícitas de cannabis y Couvent Rouge es la bodega de vino que se fundó en ella para reemplazar las plantaciones de cannabis por el cultivo de uvas.

Muchos agricultores ahora siembran esta fruta con la que la bodega se encarga de elaborar vinos como el Cabernet Sauvignon o el Tempranillo, entre otros, y los cultivadores de la zona han estado suministrando uvas a las bodegas más importantes de Líbano desde principios de la década de los 2000.

Trabajan juntos en la Cooperativa Heliopolis, inspirada en el nombre helénico de Baalbek, una importante ciudad situada muy cerca de Deir al Ahmar. “Con las plantaciones de uva puedes dormir tranquilo. Muchos de los agricultores que se pasaron al cannabis no pueden salir de su zona, no pueden ir a Beirut, no pueden moverse porque si los identifica la Policía los detienen“, dice a Público uno de los miembros de la cooperativa y el cofundador de Counvent Rouge, Charbel Fakhri.

Fakhri asegura que en su ciudad muchos de los labradores no tuvieron otra opción mas que la de pasarse al cultivo de cannabis porque durante los últimos 30 años los políticos han estado “literalmente meándose en los agricultores, dejándolos solos y totalmente abandonados. ¿Cómo esperan que las nuevas generaciones se dediquen a la agricultura?”, denuncia.

Asimismo, el joven empresario niega que los campesinos se enriquezcan de este negocio y asegura que son los narcotraficantes los que realmente ganan mucho dinero de las plantaciones ilícitas de hachís. Los campesinos simplemente “plantan lo que saben que pueden vender” para sacar “algo de beneficio” y poder “mantenerse y mantener a sus familias”.

Unos 200 agricultores ahora trabajan los cultivos de uva para la cooperativa y han dejado las plantaciones de cannabis. “Algunos también plantan tabaco que venden al Gobierno pero a precios muy bajos” dice. Fakhri termina la conversación aludiendo al templo romano de Baco en Baalbek, uno de los templos dedicados al dios del vino más importantes y mejor conservados en todo el mundo. “Esta es una región del vino. Con nuestra bodega, revivimos nuestra identidad”, finaliza.

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