El Dr. Cameron Lacey es pionero en administrar hongos alucinógenos con fines terapéuticos en un programa clínico de diez semanas supervisado por el gobierno
Las fronteras de la medicina están cambiando. Lo que durante décadas fue perseguido, demonizado y marginado, hoy empieza a encontrar su lugar en los protocolos clínicos. En Nueva Zelanda, el gobierno ha dado un paso inédito: autorizar por primera vez a un médico a recetar psilocibina, el componente psicoactivo de los llamados “hongos mágicos”, para tratar casos de depresión resistente.
Ese médico es el Dr. Cameron Lacey, psiquiatra y profesor, que lleva años investigando el potencial terapéutico de los psicodélicos.
La decisión del Ministerio de Salud neozelandés no es fruto de una moda, sino el resultado de un proceso riguroso. Lacey fue elegido por su experiencia clínica en el uso de psilocibina durante ensayos previos y por su compromiso con una práctica médica segura y culturalmente respetuosa.
“Empecé a interesarme en los ensayos con psilocibina en 2021, cuando observé que muchos pacientes no respondían a los antidepresivos convencionales”, recuerda el doctor.
Terapia con hongos, pero sin recetas para llevar
A diferencia de lo que algunos podrían imaginar, no se trata de recetar hongos y mandarlos a casa. El procedimiento está estrictamente regulado.
El paciente pasa primero por tres sesiones de terapia conversacional antes de recibir la dosis, en un entorno clínico controlado: tumbado o sentado en un sillón reclinable, con antifaz y auriculares, se le administra una cápsula de 25 miligramos de psilocibina.
La experiencia psicodélica comienza a los 45 minutos, mientras suena música ambiental y cantos tradicionales maoríes. El viaje dura unas ocho horas.
“Puede ser emocionalmente intenso, incluso desafiante. Algunos sienten miedo antes de la sesión por lo que intuyen que van a revivir”, explica Lacey.
En casos poco frecuentes, los efectos pueden prolongarse incluso después de la sesión. “Hay pacientes que reviven episodios del viaje días después. Es algo que hay que gestionar con cuidado”, añade.
Una terapia guiada, no una solución mágica
Tras el viaje, vienen nuevas sesiones de terapia. Es ahí donde se profundiza en los sentimientos, memorias y traumas que han emergido.
Durante su estudio clínico, dos de cada tres pacientes experimentaron una reducción significativa en sus síntomas depresivos, asegura el doctor. El programa completo dura entre 10 y 12 semanas.
El precio, eso sí, no es accesible para todos: entre 16.000 y 19.500 dólares neozelandeses. Aun así, Lacey asegura que ya ha recibido consultas de otros psiquiatras interesados en derivarle pacientes, muchos de los cuales estaban considerando viajar al extranjero para acceder a esta terapia.
En Nueva Zelanda, el sistema público cubre los tratamientos de salud mental totalmente aprobados, y no se descarta que en el futuro esta terapia pueda estar financiada por el Estado.
Una medicina con raíces ancestrales
Una de las fuentes de inspiración de Lacey ha sido precisamente el enfoque holístico de los maoríes, el pueblo indígena de Nueva Zelanda. En muchas culturas ancestrales, ciertos hongos han sido utilizados en ceremonias espirituales para sanar traumas y trastornos mentales.
Este vínculo con lo sagrado y lo terapéutico refuerza, en su opinión, la legitimidad del enfoque psicodélico, si se maneja con respeto y ciencia.
“Hay un alto coste personal en la discapacidad que genera la depresión cuando no mejora con tratamientos convencionales”, afirma Lacey. Y en un contexto donde la depresión es ya una de las principales causas de discapacidad en el mundo, la apertura a nuevas vías terapéuticas se vuelve urgente.
Un movimiento global imparable
El avance neozelandés no es un caso aislado. En 2023, Australia legalizó la psilocibina y el MDMA para tratar la depresión y el TEPT bajo supervisión médica.
En Estados Unidos, la psilocibina sigue catalogada como sustancia ilegal de tipo I, junto a drogas como la heroína. Pero la realidad va por delante de la ley: decenas de ensayos clínicos están en marcha para evaluar su eficacia en el tratamiento de adicciones, depresión y estrés postraumático.
El interés creciente por la psilocibina también tiene que ver con sus bajos niveles de adicción y toxicidad, a diferencia de otras sustancias como la ketamina, cuyo efecto antidepresivo puede diluirse con el tiempo y derivar en abusos.
El futuro ya está aquí
Con la aprobación del tratamiento con psilocibina, el Dr. Lacey no solo ha abierto una nueva vía terapéutica. También ha abierto un debate urgente: ¿estamos preparados para romper los tabúes que aún rodean a estas sustancias?
Porque quizá no estemos hablando de una droga peligrosa, sino de una medicina que, bien utilizada, puede salvar vidas.
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Acerca del autor
Amante del cannabis y especializado en el mundo de las sustancias psicoactivas. Escritor y psiconauta.



















