Miedo societal

Reflexiones sobre la pérdida de valores esenciales

por Germán Carrera

Mientras daba una profunda calada a mi vaporizador me preguntaba qué habría sido de algunos valores esenciales; dónde estaba la bondad, la indulgencia, la incondicionalidad, la empatía que, durante al menos un tiempo, parecía innata al ser humano… y pensaba en la posibilidad de que la sociedad fuese quien nos hubiera convertido en seres hostiles, envidiosos y malvados.

El papel del miedo en la sociedad

Me preguntaba qué llevaba a las personas a ser así y, casi con total seguridad, pensaba que se trataba del miedo. El miedo puede hacer que una persona se sobreponga, supere sus temores y crezca; pero también, y creo que es así en la mayoría de los casos que nos ocupan actualmente, puede sacar lo peor que lleva dentro.

El miedo nos bloquea, nos impide pensar con claridad, nos hace mirar con desconfianza e, incluso, puede convertirnos en rabia, ira y ansiedad. Creo que el daño, en la mayor parte de sus formas, nace del miedo, o al menos así prefiero creerlo.

La búsqueda de mejora humana

Preparaba una nueva carga de mi vaporizador mientras me preguntaba qué podía hacer el ser humano para mejorar, para volver a encontrarse con esos valores que nos pertenecen y que son parte esencial de nuestra existencia; y no se me ocurría nada que pudiera cambiar a corto plazo. Nada que produjera un cambio sustancial en cómo transcurren nuestras relaciones en sociedad, en cómo vemos a otras personas.

La única forma de desterrar a la maldad es cambiar el mundo.

Desigualdad y exigencia de bondad

Sólo puede habitar una cierta cantidad de bondad en la indigencia, en la marginalidad. No podemos pedir a una persona que lucha cada segundo por subsistir que, además, sea buena, empática y altruista. No podemos pedir a un niño que ha vivido en los márgenes de la sociedad, maltratado y soñando durante miles de noches con una vida mejor, que no envidie al que nació rico y, además, es avaricioso; al que no se preocupa por el prójimo y no le importa enriquecerse a costa de la felicidad de otros.

Miedo societal detalle 1

¿Cómo podemos pedir bondad cuando nuestra sociedad sólo ofrece dolor e inclemencia? Los “privilegiados” que pertenecemos a cualquiera de las clases medias, esos que sostenemos el país a costa de impuestos que nos impiden ahorrar y nos obligan a vivir al día, no podemos siquiera concebir la vida de la marginalidad, esa que afecta a una quinta parte de la población, y sólo podemos intuir, a través de publicaciones de Instagram, la vida de una centésima parte de nuestros congéneres, los más adinerados.

La perpetuación de un mundo injusto

Somos, también, los que sostenemos este mundo injusto y desigual, porque continuamos alimentando la precariedad laboral y haciendo la vista gorda ante los mayores desastres de nuestra especie.

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Miro a través de mi ventana y sólo veo asfalto. Hay algunos árboles plantados a los lados de la avenida, que dicen mustios y mal cuidados. Al fondo, en la puerta de un supermercado, hay una mujer con las piernas amputadas que pide limosna, y las personas ni siquiera se atreven a mirar para no tener que afrontar su miedo. Un segundo después de cruzar la puerta, se han olvidado por completo de esa persona que no tiene nada.

Reflexión final sobre el cambio societal

“Los indigentes tienen lo que se merecen”, “todo el mundo tiene oportunidades en esta vida, es una cuestión de saber aprovecharlas”, “se trata de esfuerzo, no puedes pretender lo mismo que yo si nunca has dado un palo al agua”… y una infinidad de intransigentes y autoritarias verdades que sólo lo son para el que las pronuncia.

No, el mundo no es justo, claro que no lo es. La sociedad no nos da las mismas oportunidades a unos y a otros; de hecho, cada vez menos. No, claro que no tenemos lo que cada uno nos merecemos y por supuesto que el esfuerzo es importante, pero también lo es la capacidad, siquiera, de albergar esfuerzo, de ver la luz al final del túnel, de barajar la posibilidad de una vida mejor.

Nosotros podemos seguir mintiéndonos si así nos sentimos mejor, si silenciamos nuestro miedo y nuestras conciencias… pero mientras sigamos haciendo la vista gorda, mientras continuemos alimentando un mundo cruel y desigual, no podemos exigir bondad.

Yo, por lo pronto, voy a continuar disfrutando del asfalto y de esta sativa colombiana que me permite, durante unos instantes, estar un poco más lúcido que el resto de los mortales. Al menos más lúcido que aquellos que no han conocido, todavía, las bondades de nuestra planta amiga.


Preguntas frecuentes

P: ¿Qué es el miedo societal?
R: El miedo societal se refiere al temor compartido por una comunidad o sociedad, que puede dar lugar a comportamientos hostiles y falta de empatía entre sus miembros.

P: ¿Cómo afecta el miedo societal a las personas?
R: El miedo societal puede bloquear a las personas, impidiéndoles pensar con claridad, generando desconfianza y provocando sentimientos como rabia, ira y ansiedad.

P: ¿Es posible superar el miedo societal?
R: Superar el miedo societal implica un cambio en la forma en que las personas se relacionan y en cómo la sociedad ofrece oportunidades, requiriendo más empatía, bondad y justicia para todos.

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