Desde veteranos hasta inversores tecnológicos, pasando por progresistas californianos y figuras clave del trumpismo, el renacimiento psicodélico avanza entre alianzas sorprendentes y tensiones regulatorias

Psicodélicos: el terreno común entre Trump y los progresistas californianos

Pocas veces en la historia reciente se ha producido un fenómeno político tan insólito: los sectores más conservadores del trumpismo y los progresistas del Área de la Bahía de San Francisco están remando en la misma dirección. Y no es por impuestos, ni por armas, ni por medio ambiente. Es por los psicodélicos.

Sí, esos mismos compuestos que décadas atrás fueron demonizados por el gobierno de Richard Nixon y etiquetados como “sin valor médico”, están ahora siendo defendidos con entusiasmo por algunos de los rostros más influyentes de la nueva administración Trump, mientras la izquierda californiana, pionera en su investigación, observa atónita —y esperanzada— cómo el centro de gravedad de esta revolución terapéutica se desplaza a Washington D.C.

Robert F. Kennedy Jr., el nuevo adalid federal del renacimiento psicodélico

Al frente del movimiento institucional se encuentra nada menos que el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., quien ha declarado abiertamente que legalizará los psicodélicos en entornos clínicos regulados en menos de un año. Lo ha dicho en el Congreso y lo ha reiterado en público: “Esta línea de tratamientos tiene un potencial tremendo si se aplica en un contexto médico adecuado”.

Kennedy incluso propuso durante su campaña presidencial gravar con impuestos los psicodélicos y destinar los ingresos a centros de sanación donde las personas puedan tratar adicciones mientras aprenden técnicas agrícolas ecológicas. Una mezcla de medicina, sostenibilidad y rehabilitación comunitaria que sería impensable hace apenas una década… y que ahora suena a política oficial en ciernes.

Matt Zorn, de enemigo del sistema a zar psicodélico del trumpismo

Pero la señal más clara del giro político viene con el nombramiento de Matt Zorn como asesor legal adjunto del Departamento de Salud, centrado en la política psicodélica. Zorn, conocido por demandar al gobierno federal por su rigidez en política de drogas, ha pasado de ser adversario del sistema a dirigir desde dentro el nuevo enfoque regulador. Hoy, en los pasillos de Washington, se le conoce como el “zar de los psicodélicos”.

Su misión no es menor: acelerar el proceso de revisión y aprobación de terapias con psilocibina y MDMA, desmontar barreras regulatorias obsoletas y abrir las puertas a una medicina que ha demostrado ser eficaz para tratar depresión, estrés postraumático y adicciones resistentes.

Casey Means, la médica que predica desde el poder

El equipo de Trump no se detiene ahí. Su cirujana general, la doctora Casey Means, es una reconocida defensora del uso terapéutico de la psilocibina. En su libro de 2024, Good Energy, calificó su experiencia con esta sustancia como “una de las más significativas de su vida” y animó abiertamente a explorarla de forma intencionada y guiada.

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Su hermano, Calley Means, asesor de salud del equipo de Trump, ha invertido personalmente en varias empresas del sector tras una experiencia personal “transformadora” con hongos psicodélicos.

Del MAGA al mindfulness: libertarios, veteranos y empresarios tech al unísono

¿Cómo explicar este giro inesperado del Partido Republicano, históricamente hostil a las drogas y las terapias alternativas? Tres factores clave lo explican:

  1. Influencia libertaria: la idea de que los adultos deben tener libertad para decidir lo que introducen en su cuerpo ha calado en sectores del movimiento MAGA, especialmente entre inversores tecnológicos que ven en los psicodélicos una herramienta de expansión personal y sanación profunda.

  2. Rechazo a la sobrerregulación: los psicodélicos han pasado de ser vistos como “peligrosos” a ser “demasiado regulados”. En este nuevo marco, la prioridad es desbloquear su potencial clínico con rapidez, minimizando la burocracia.

  3. Impacto real en veteranos: los estudios sobre MDMA para el tratamiento del TEPT muestran resultados espectaculares. Un ensayo clínico de fase 3 realizado por MAPS (Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos) reveló que más del 70% de los participantes dejó de cumplir los criterios clínicos de estrés postraumático tras recibir tratamiento.

Un rechazo inesperado, y una reacción aún más fuerte

Sin embargo, no todo ha sido apoyo. En agosto de 2024, la FDA rechazó la solicitud de Lykos Therapeutics para aprobar el uso médico de MDMA, alegando preocupaciones metodológicas. Pero la respuesta del nuevo equipo político fue clara: la agencia se equivocó.

Desde entonces, la empresa ha trabajado para subsanar las deficiencias del ensayo original. Con Zorn en el equipo legal del Departamento de Salud, el viento sopla a favor de una nueva revisión más flexible y abierta.

California: de vanguardia científica a aliada institucional

Para los científicos de San Francisco y Berkeley, este cambio federal supone un impulso inesperado. En el Área de la Bahía —epicentro del movimiento psicodélico desde los años 60— los laboratorios llevan años investigando el potencial terapéutico de estas sustancias. Pero la falta de apoyo federal había sido un freno constante.

Ahora, con figuras del trumpismo empujando en la misma dirección, las universidades, startups biotecnológicas e inversores locales ven abierta una vía rápida para validar, escalar y aplicar estas terapias en contextos reales.

¿Un nuevo “boom” o una trampa de entusiasmo?

Pero no todo son buenas noticias. Los propios autores del análisis, Elliot Marseille y Stefano Bertozzi, llaman a la prudencia. Un entusiasmo prematuro sin suficientes salvaguardas podría dañar al movimiento entero. Ya ocurrió en los 70, cuando los psicodélicos fueron clausurados por su uso descontrolado y la falta de evidencia científica.

Hoy el escenario es distinto, pero el riesgo sigue presente. Abrir la puerta sin garantizar cribados clínicos, terapeutas cualificados y regulación efectiva podría tener consecuencias fatales para pacientes vulnerables… y para la credibilidad del campo.

Una alianza improbable, una oportunidad histórica

Que progresistas californianos y republicanos trumpistas coincidan en algo ya es noticia. Que esa coincidencia sea sobre el uso terapéutico de psicodélicos, es un síntoma de los tiempos.

Estamos ante un cruce entre la ciencia, la espiritualidad, la medicina y la política. Un terreno donde pueden crecer grandes avances… o brotar nuevos errores. La clave será encontrar el equilibrio: acelerar la innovación sin sacrificar el rigor.

Si lo consiguen, millones de personas con enfermedades mentales resistentes podrían beneficiarse. Si no, corremos el riesgo de matar el renacimiento psicodélico justo cuando empezaba a florecer.


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Acerca del autor

Justin Vivero

Escritor especializado en cannabis  y residente en Miami, combina su pasión por la planta con la vibrante energía de la ciudad, ofreciendo perspectivas únicas y actualizadas en sus artículos.