El proyecto Fénix traslada a excombatientes ucranianos a España para sanar las heridas invisibles del conflicto
España se ha convertido en el escenario inesperado de un experimento pionero: veteranos ucranianos que arrastran el trauma de la guerra viajan hasta aquí para participar en retiros terapéuticos con psilocibina, MDMA y otras sustancias psicodélicas. El proyecto Fénix, impulsado por un pequeño grupo de especialistas y activistas que desde 2014 acompaña a excombatientes, organiza estas sesiones en entornos privados y discretos desde 2024. La iniciativa surge como respuesta a la crisis de salud mental que vive Ucrania, donde millones padecen secuelas emocionales, y busca ofrecer a quienes pasaron por el frente una vía alternativa de alivio que la terapia convencional a menudo no consigue.
Oleh Fitkalo recuerda que, durante una de las sesiones, «sintió que se fundía con la roca» sobre la que estaba sentado. Al colgar el teléfono, tras decirle a su madre que la quería, descubrió algo tan simple como inquietante: por primera vez en mucho tiempo, su cuerpo no temblaba. La escena no representa un apunte lírico sino el arranque de una historia clínica compartida por decenas de veteranos ucranianos que buscan alivio para un trastorno de estrés postraumático (TEPT) que no entiende de turnos de guardia ni de fronteras.
El Proyecto Fénix, nacido en Ucrania y operativo hoy desde España, organiza retiros terapéuticos con apoyo psicoterapéutico y sustancias psicodélicas en entornos controlados. En agosto de 2024, Fitkalo —psiquiatra y militar en activo— viajó con cuatro compañeros. A la vuelta, relata, el que peor tartamudeaba ya hablaba con calma y el que no conseguía controlar el temblor dejó de hacerlo. El equipo atribuye la mejoría a un cóctel de factores: selección clínica estricta, preparación psicológica, sesiones con psilocibina, MDMA o DMT, y días posteriores de integración. No se trata de una «píldora mágica», insisten, pero sí constituye una vía que, cuando funciona, abre una ventana que la terapia y los fármacos convencionales no siempre logran abrir.
Más de una década de experiencia
Fénix es una iniciativa con rostro propio. La impulsa un pequeño grupo —entre ellos, Anton y Maryna Mormul— que desde 2014 trabaja con veteranos y que, ante la imposibilidad de operar con estas sustancias en Ucrania, buscó un país donde hacerlo de manera legal y segura. España ofrecía dos ventajas: un marco que no criminaliza el consumo en el ámbito privado y la posibilidad de trabajar en discretos entornos de retiro, lejos del ruido de la guerra. La dinámica se repite: cribado y consulta previa, recomendaciones (abstinencia de alcohol y psicoactivos, ajuste de medicación con psiquiatría), viaje, tres jornadas de preparación, un día de sesión y, después, integración para traducir lo vivido en cambios sostenibles.
Para calibrar el valor de estos relatos conviene salir del monasterio y mirar a la literatura. La MDMA asistida por psicoterapia ha completado dos ensayos de fase 3 con resultados clínicos relevantes: en poblaciones con TEPT moderado a grave, reducciones significativas de síntomas y discapacidad frente a placebo más terapia, con un porcentaje notable de participantes que dejaban de cumplir criterios diagnósticos al final del protocolo. La FDA, sin embargo, rechazó en 2024 la primera solicitud de aprobación al considerar que necesitaba más datos y que había dudas metodológicas, empezando por la dificultad de «enmascarar» un efecto tan obvio en un ensayo de doble ciego. El campo no se ha detenido: el Departamento de Asuntos de Veteranos (VA) de Estados Unidos anunció después la primera financiación pública desde los años 60 para estudiar MDMA-AT en veteranos con TEPT y trastorno por consumo de alcohol.
La evidencia se ensancha por otras orillas. La psilocibina (25 mg) ha mostrado eficacia en la depresión resistente al tratamiento en un ensayo de fase 2 publicado en The New England Journal of Medicine y, aunque la investigación en TEPT va más lenta, varios grupos trabajan ya con veteranos. La ibogaína, combinada con magnesio y un protocolo de apoyo (MISTIC, Stanford), registró descensos muy marcados de síntomas de TEPT, depresión y ansiedad tras un mes en veteranos de operaciones especiales con traumatismo craneoencefálico leve. Se trata de un resultado prometedor, sí, pero observado en estudios no aleatorizados y con una molécula que exige vigilancia cardiaca estricta. Y la 5-MeO-DMT, el psicodélico ultrarrápido, aporta una lección logística: sesiones de 15–20 minutos por vía inhalada con señales de mejora en ansiedad y depresión en contextos naturalistas. Aquí la ciencia clínica se encuentra aún en fase de diseño y prueba, pero el interés crece.
Una esperanza ante la crisis de salud mental
Mientras tanto, la demanda no afloja. Ucrania vive una crisis de salud mental sin precedentes: estimaciones de la OMS y estudios académicos sitúan en varios millones las personas con trastornos emocionales y en torno al 14–31% la prevalencia de probable TEPT según cohortes y momentos de medición. En refugiados y desplazados, algunos trabajos sitúan la cifra por encima del 40%. En ese contexto, la propuesta de Fénix —retirar a los veteranos del frente y sumergirlos durante cinco días en silencio, terapia e introspección— se ha convertido en un salvavidas para muchos.
España actúa como escenario y también frontera. Aquí, el consumo privado no constituye delito; el consumo o tenencia en vía pública se sanciona administrativamente con multas que, en su tramo grave, arrancan en 601 euros; y el tráfico sigue conllevando un delito con penas de prisión. En la práctica, cualquier programa serio que trabaje con psicodélicos en nuestro país debe hacerlo fuera del espacio público, con criterios clínicos, asesoramiento legal y protocolos de seguridad. Esa franja gris —legal pero delicada— explica la discreción con la que se mueven estos retiros.
En Fénix, las sustancias no «curan» por sí mismas; facilitan que el paciente aborde su trauma desde otro ángulo. La sesión, cuentan, arranca con una preparación minuciosa y discurre con la persona tumbada, con antifaz y música, en presencia de facilitadores y terapeutas. La clave llega después: la integración. Convertir una vivencia extrema —de unidad, de reconciliación, de duelo— en decisiones pequeñas que sostenemos al volver a casa. Quien espere milagros saldrá decepcionado; quien busque una palanca para mover su terapia, acaso encuentre un apoyo. El propio Departamento de Asuntos de Veteranos norteamericano, cauto por definición, ha publicado en 2025 una revisión del estado del arte y ha organizado equipos internos para preparar la investigación y posibles implementaciones clínicas si los datos lo justifican.
Más allá del laboratorio
La conversación ya no se limita a los laboratorios. Australia autorizó en 2023, bajo un régimen de prescripción restringida, el uso de MDMA para el TEPT y de psilocibina para la depresión resistente por parte de psiquiatras acreditados. Otros países tantean su propio camino, y en Estados Unidos el impulso político y académico se ha traducido en más financiación, ensayos piloto en hospitales militares y una presión social —sobre todo desde comunidades de veteranos— para acelerar con prudencia.
Raúl del Pino, cofundador del congreso internacional Fuertedélica, lo resume de forma clara: «Los ensayos con psicodélicos para el TEPT llevan años en marcha en Estados Unidos e Israel, y han mostrado resultados clínicos relevantes: los dos en fase 3 con MDMA no representan una anécdota. La evidencia con psilocibina en depresión resistente resulta sólida, y los datos observacionales con ibogaína en veteranos golpeados por el trauma y el daño cerebral leve son espectaculares, aunque exijan cautela y cardiomonitorización. Incluso la 5-MeO-DMT, por su brevedad, apunta a modelos de atención más eficientes. Todo esto no sustituye a la psicoterapia, pero sí la potencia. Y no solo sirve a combatientes; puede ayudar a víctimas de violencia sexual u otras violencias, siempre con protocolos serios de preparación, seguridad e integración». Sus palabras aterrizan donde duele: en contextos de trauma, lo importante no es la etiqueta de la sustancia, sino cómo y para qué se usa.
La pregunta que sobrevuela cualquier crónica es la de siempre: ¿y ahora qué? La negativa de la FDA ha devuelto la pelota a la ciencia —harán falta más datos y ensayos impecables— y a la clínica —protocolos de calidad, más formación y vigilancia—. En el tablero real, donde duermen mal los veteranos y sus familias, Fénix y otros equipos trabajan con lo que hay: evidencia creciente, marcos legales ajustados y un compromiso claro con el daño mínimo y la utilidad máxima. Quizá sea la forma más adulta de responder a un problema que no admite eslóganes.
Al cerrar esta crónica, Fitkalo no habla de epifanías sino de medidas: menos ansiedad, mejor sueño, menos reactividad a ruidos, menos temblor. Son marcadores prosaicos, sí, pero también representan, para quien ha vivido en guerra, toda una vida.
Fuertedélica, epicentro del debate sobre psicodélicos y salud mental
Del 4 al 9 de noviembre de 2025, Fuerteventura volverá a acoger una nueva edición de Fuertedélica, el congreso internacional sobre psicodélicos, neurociencia y salud mental, que reunirá a investigadores, médicos, terapeutas, psicólogos y entusiastas de todo el mundo. Raúl del Pino lo tiene claro: «si trabajas en salud mental o estás investigando nuevas terapias para el trauma, Fuertedélica no es una opción, sino una cita ineludible».
El evento abordará temas como la regulación legal, los avances clínicos con psilocibina y MDMA, la ética de la terapia asistida con sustancias, y el papel de los retiros terapéuticos como herramienta complementaria.
Con información de United24media y Fenix Project
Acerca del autor
Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.



















