Abordar el tema del uso de cannabis durante el embarazo puede ser una tarea muy sencilla. Durante la gestación, sólo deberían utilizarse aquellos fármacos que sean exclusivamente imprescindibles para la prevención y tratamiento de las enfermedades.
Además, siempre se requiere de una valoración médica que evalúe los beneficios para la madre y los potenciales riesgos para el feto. Durante su evaluación, todos los medicamentos comercializados se someten a una serie de pruebas para valorar sus potenciales daños y existen protocolos que indican los fármacos más seguros a utilizar.
Drogas recreativas y gestación
Esto, a priori, excluye cualquier droga de uso recreativo, incluyendo el cannabis; y, en el caso de las usuarias terapéuticas existen alternativas razonablemente más seguras. Los principios mínimos de ética indican que cada uno debería de ser libre de hacer con su cuerpo o su mente lo que le plazca siempre que no afecte potencialmente a terceros. Y el embarazo, como la conducción de vehículos, es una de esas circunstancias. Así que ninguna mujer debería utilizar el cannabis mientras está embarazada. Tampoco durante la lactancia, ya que existen pruebas de que el cannabis fumado por la madre se excreta en la leche materna (aunque a bajas concentraciones, en torno a 10 microgramos por kilogramo de peso) sobre todo en usuarias habituales1.
Cuestionamientos y reflexiones
Así podríamos terminar el artículo, pero surgen dos inconvenientes. El primero es que los editores de la revista se iban a pillar un buen mosqueo porque les hago polvo la maquetación con un texto de quince líneas; el segundo, y más importante, es que el mundo real suele ser más complicado que las disquisiciones teóricas y está lleno de matices, situaciones particulares y condicionantes. En nuestros días, los problemas, sus soluciones y cualquier razonamiento tiene que encajar en los 280 caracteres de un tuit y la extremada polarización de las posturas ideológicas deja poco margen a la crítica racional, la reflexión o el debate. No está bien visto cambiar de opinión como consecuencia de la argumentación racional de los otros, ni siquiera ante la evidencia de los hechos objetivos.

Testimonios de casos reales
Yo mismo reconozco haber sido víctima de mis prejuicios en más de una ocasión. Confieso que no me creí mucho la primera vez que me comunicaron el caso de una mujer a quien su ginecólogo le había pedido análisis de cannabis en orina repetidos durante el embarazo. Según me contaron, se trataba de una mujer embarazada que se limitó a decir la verdad y respondió “sí” cuando el médico le preguntó si fumaba cannabis durante la primera entrevista. El ginecólogo le prohibió usar cannabis “porque podría producir malformaciones en el feto” e informó/amenazó a la madre con analíticas de orina mensuales para verificar su abstinencia. La odisea terminó después del parto, con una comunicación judicial e intervención de los servicios sociales. Por ingenuidad, suspicacia (o corporativismo profesional, vaya usted a saber…) me sonó a la típica historia de alguien que tiene un amigo cuya prima fue una vez a Cataluña (¿o era el País Vasco?) y estuvo toda la semana sin poder comer porque nadie le entendía ni le hablaba en castellano.
Pocos meses después, fue una íntima amiga quien me hizo cambiar de opinión tras contarme, en primera persona, una historia casi idéntica a la anterior. En este caso el médico ni siquiera le preguntó, y su aspecto hippie y con rastas fueron suficientes para sospechar el consumo e incluir entre las pruebas médicas del embarazo la detección de tóxicos en orina. En defensa del ginecólogo, reconoceremos que el ojo clínico no le fallaba. Como veremos después, el resto de su intervención es más que discutible.
Protocolo de detección
La recurrencia de casos similares durante los últimos dos o tres años me ha llevado a reconocer que no se trata de casos anecdóticos o aislados. Los datos y testimonios apuntan a la existencia de protocolos en determinados centros sanitarios de “detección y abordaje del consumo de cannabis en el embarazo”. La mayoría de los casos de los que he tenido conocimiento, de forma directa o indirecta, se centran en algunos hospitales de Cataluña. No he conseguido acceder a los originales de dichos documentos, aunque sí puedo asegurar que la edición más reciente de la Guía de Práctica Clínica de Atención en el Embarazo y Puerperio publicada por el Ministerio de Sanidad en 20142 no incluye entre sus recomendaciones nada parecido. En cualquier caso, los testimonios de los que dispongo son suficiente para hacer las siguientes reflexiones.
Estadísticas de consumo
Los datos más recientes3 indican que entre el 4 y el 14 % de las mujeres en edad fértil han consumido cannabis durante el último año y entre un 3 y un 9 % lo han hecho durante el último mes. Es decir, nos encontramos ante una situación que es relativamente frecuente. También hay otros estudios que nos indican algo que parece de sentido común: como buenas mamíferas, las embarazadas desarrollan conductas de protección innatas incluso antes del nacimiento. Distintos autores estiman que la mayoría de las mujeres dejan de consumir drogas de uso recreativo una vez que están embarazadas (en el caso del cannabis los datos se estiman entre un 65 y un 75 % tras de la primera entrevista clínica y cuando se les explica de forma razonada los motivos) y el abandono de cocaína, éxtasis o speed llega casi al 100 %4.
Factores psicológicos y sociales
Pero los humanos (en este caso, las humanas), resultan ser mucho más complejos que el resto de los mamíferos, y están sometidas a multitud de factores psicológicos, sociales, culturales que condicionan sus consumos de drogas. Según los datos presentados, entre un 25 y un 35 % de las mujeres seguirán utilizando cannabis de forma ocasional o frecuente durante el embarazo. Para una parte significativa abandonar el consumo de cannabis simplemente no resulta posible.

Preocupación y angustia
En mi experiencia profesional, las mujeres no viven, ni mucho menos, esta circunstancia como una experiencia agradable. Tampoco están orgullosas de ello. En todos los casos que he conocido es un motivo de angustia y preocupación. Difícilmente comunican este problema a sus familiares o conocidos por miedo a ser juzgadas y muchas de ellas tienen que esconderse para hacer algo que, sencillamente, no pueden dejar de hacer.
El principio de no dañar
Primum non nocere (lo primero es no hacer daño) es uno de los principios básicos de la medicina desde tiempos de Hipócrates. En las circunstancias que acabamos de describir, la peor intervención posible por parte de los profesionales es asustarlas, amenazarlas o castigarlas. El modelo de medicina autoritaria, en el que el paciente tiene que limitarse a obedecer las órdenes del médico, hace muchos años que ha demostrado ser ineficaz, y en este caso puede ser además contraproducente. La necesidad de ofrecer entornos más humanizados y personalizados para el parto es una reivindicación justa, pero los datos también señalan de forma bastante contundente que el riesgo de complicaciones para la madre o el hijo es tres veces mayor en los “partos naturales caseros” que en un entorno hospitalario5. ¿No estamos empujando a las embarazadas usuarias de cannabis a excluirse del sistema sanitario cuando la intervención que ofrecemos consiste en analizar su orina y amenazar con la intervención de los servicios sociales? ¿No estamos echando más gasolina al fuego cuando la intervención consiste en presionar aún más a mujeres angustiadas?
Consideraciones científicas y clínicas
Además de estas críticas de tipo ético, existen motivos clínicos o científicos para cuestionar la eficacia y efectividad de estas prácticas. Alguien ha pensado que hay que proteger a los fetos de “la droga”, sin pararse a valorar los riesgos que implica cada sustancia y las circunstancias que concurren en cada una de ellas de forma diferenciada. Los patrones de consumo, nivel socioeconómico o problemática social asociadas, así como el potencial tóxico para la madre y el feto son completamente distintos para cada una de las sustancias.
Por ejemplo, existen pruebas contundentes de que el abuso de alcohol o heroína pueden causar malformaciones importantes o síndrome de abstinencia neonatal grave6. Los patrones de consumo abusivos o dependientes de estas sustancias durante el embarazo también están fuertemente asociados a otros problemas de salud, violencia familiar, circunstancias socioeconómicas desfavorables, bajo nivel cultural… Así que puede considerarse razonable el considerar estos embarazos como de “alto riesgo” y aplicar medidas excepcionales que, de forma individualizada y sin menoscabar la dignidad de la madre, protejan al no nacido.
Perspectiva sobre el cannabis
Pero meter en el mismo saco a las embarazadas que consumen cannabis, aunque sea de forma abusiva o dependiente, es una insensatez. En primer lugar, por los efectos sobre el feto. Después de seis mil años de historia nadie ha demostrado que el uso de cannabis durante el embarazo incremente el riesgo de malformaciones. La mayoría de los estudios coinciden en que el mayor riesgo asociado es el de bajo peso al nacimiento, parámetro que, a su vez, se correlaciona con otros problemas para el recién nacido. Pero el bajo peso al nacimiento también está fuertemente asociado al consumo de tabaco durante el embarazo, y el uso simultáneo de ambas sustancias es el patrón de consumo más habitual. Volviendo a los datos del Plan Nacional Sobre Drogas, nos encontramos con que casi el 90 % de las mujeres en edad fértil utilizan el cannabis junto con tabaco. Así, es casi imposible conocer qué parte del riesgo es atribuible a cada sustancia. Por otra parte, el uso de cannabis, de forma general, no se asocia a los problemas sanitarios y sociales de otras sustancias.

Reflexión ética
Hemos visto que el tabaco es un factor de confusión importante a la hora de valorar los posibles efectos del cannabis sobre el feto. Así que lo lógico sería que el médico de atención primaria, o el ginecólogo, preguntara a la víctima (perdón, quise decir a la paciente) sobre su consumo de tabaco. O mejor las olisqueara bien durante la primera visita, porque ya se sabe que todos los drogadictos son mentirosos; y si sospecha que la embarazada puede ser adicta al tabaco, le ordene dejarlo e indique analíticas mensuales de orina en busca de restos de esta sustancia. Si la paciente no fuera capaz de abandonar su vicio, convendría que el recién nacido permanezca en observación hasta que supere el síndrome de abstinencia a nicotina mientras se comunica la situación al juzgado y a los servicios sociales.
Entiéndase la carga irónica del párrafo anterior. Pero la propuesta es exactamente igual de estrambótica y aberrante aplicada al tabaco que al cannabis.
Enfoque humanizado
Esto no quiere decir, ni mucho menos, que los profesionales sanitarios no deban abordar esta cuestión. Pero existen formas mucho más humanas, ajustadas al conocimiento científico y de mayor eficacia. Pasan, en primer lugar, por escuchar sin prejuicios. Abrir espacios de comunicación donde la embarazada pueda explicar sus preocupaciones, motivaciones, miedos y circunstancias sin miedo a ser juzgada. Establecer vínculos de confianza, trabajar objetivos intermedios (reducción en la cantidad, búsqueda de momentos, uso de la vía vaporizada…). Comportarse como alguien que no quiere juzgar o castigar, sino ayudar con las herramientas y recursos disponibles a cada situación particular requiere algo más de tiempo y esfuerzo que indicar una analítica de orina. Pero dignifica más la profesión y, sobre todo, ayuda más a conseguir los objetivos propuestos.
Uso de cannabis durante el embarazo
- Baker T, Datta P, Rewers-felkins K, Thompson H, Kallem RR, Hale TW. “Transfer of Inhaled Cannabis Into Human Breast Milk”. Obstet Gynecol. 2018;131(5):783-788.
- Guía de Práctica Clínica de Atención en el Embarazo y Puerperio. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Madrid (2018).
- INFORME 2017. Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Madrid (2018).
- Moore DG, Turner JD, Parrott AC, et al. During pregnancy, recreational drug-using women stop taking ecstasy (3,4-methylenedioxy-N-methylamphetamine) and reduce alcohol consumption, but continue to smoke tobacco and cannabis: initial findings from the Development and Infancy Study”. J Psychopharmacol (Oxford). 2010;24(9):1403-10.
- Wax JR, Lucas FL, Lamont M, Pinette MG, Cartin A, Blackstone J. “Maternal and newborn outcomes in planned home birth vs planned hospital births: a metaanalysis”. Am J Obstet Gynecol. 2010;203(3):243.e1-8.
- Pérez López JA. “Embarazo y drogodependencia. Actuación en atención primaria”. Medicina Integral, 2002, 39:25-8.
Factores a considerar durante el embarazo
Abordar el uso de cannabis durante el embarazo es un tema complejo. Los protocolos basados en análisis de orina a la madre no están justificados. Existen casos en los que han intervenido servicios sociales o incluso la Justicia.
La embarazada usuaria de cannabis suele vivir esta situación con angustia. Los riesgos asociados al uso de cannabis durante el embarazo son de menor magnitud al de otras drogas. Primum non nocere (lo primero es no hacer más daño) es un principio de la medicina.

Trabajar la comunicación, la confianza y proponer alternativas realistas son opciones más sensatas.
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Preguntas frecuentes
P: ¿Es seguro usar cannabis durante el embarazo?
R: No, se desaconseja el uso de cannabis durante el embarazo debido a los potenciales riesgos para el feto y la falta de evidencia que respalde su seguridad.
P: ¿El cannabis afecta la lactancia?
R: Sí, el cannabis puede excretarse en la leche materna y, por lo tanto, no se recomienda su uso durante la lactancia.
P: ¿Qué deben considerar las mujeres embarazadas antes de usar cannabis?
R: Es crucial buscar una evaluación médica para entender los beneficios y riesgos, ya que el uso de cannabis recreativo no está respaldado por protocolos médicos durante el embarazo.
Acerca del autor

Fernando Caudevilla (DoctorX)
Médico de Familia y experto universitario en drogodependencias. Compagina su actividad asistencial como Médico de Familia en el Servicio Público de Salud con distintas actividades de investigación, divulgación, formación y atención directa a pacientes en campos como el chemsex, nuevas drogas, criptomercados y cannabis terapéutico, entre otros.



















