El estudio, publicado online el 19 de mayo en Palliative Medicine, encuestó a 121 personas vinculadas a cuidados paliativos y sitúa la falta de profesionales formados como principal barrera para implantar terapias asistidas con psilocibina.
Un equipo canadiense publicó online el 19 de mayo en Palliative Medicine el estudio Implementing psilocybin-assisted therapy in palliative care settings: A survey of stakeholders, basado en una encuesta a 121 personas vinculadas a cuidados paliativos en Quebec, Ontario, Alberta y Columbia Británica. El trabajo no evalúa resultados clínicos en pacientes: mide conocimientos, actitudes y barreras para implantar terapias asistidas con psilocibina en este entorno.
Ese límite debe quedar claro desde el principio. La relevancia del artículo está en la implementación, no en la eficacia terapéutica. Según el resumen del estudio, un 43% de los participantes dijo tener buen conocimiento de beneficios y riesgos potenciales, la muestra mostró en conjunto una actitud mayoritariamente no favorable y, al mismo tiempo, el 95% de los médicos declaró una posición favorable. La principal barrera identificada fue la falta de profesionales sanitarios con formación específica.
La fotografía que ofrece el estudio es más institucional que farmacológica. Los autores sostienen que la conversación sobre psilocibina en paliativos ya no depende solo de ensayos prometedores o del interés social por los psicodélicos, sino también de si existen protocolos claros, formación interprofesional y un marco asistencial capaz de absorber una intervención compleja en pacientes especialmente vulnerables.
Ahí está lo más útil del hallazgo. La encuesta apunta a una fractura entre grupos clínicos y no clínicos, y sugiere que el mayor cuello de botella no es una objeción abstracta a la psilocibina, sino la distancia entre el interés médico y la capacidad real de poner en marcha programas seguros. Los autores señalan además que un 68% de los participantes vería con buenos ojos introducir este tipo de terapia en fases tempranas de la trayectoria de la enfermedad, un dato sugerente pero insuficiente para convertir la idea en práctica asistencial consolidada.
También conviene leer la pieza con cautela metodológica. Se trata de una encuesta transversal realizada entre abril y diciembre de 2024, centrada en cuatro provincias canadienses y basada en percepciones de actores del sistema, no en resultados clínicos ni en comparaciones causales. El propio artículo advierte de que su transferibilidad a otros marcos regulatorios puede ser limitada.
En Cannabis Magazine ya hemos seguido cómo el debate sobre terapias asistidas con psicodélicos ha entrado en espacios institucionales y también la discusión más amplia sobre psicodélicos y enfermedades terminales. Esta nueva encuesta no resuelve ese debate, pero sí lo aterriza: recuerda que entre la hipótesis terapéutica y la cama del paciente hay formación, protocolos, cultura clínica y regulación.
Para seguir esa conversación en español con más contexto, Fuertedélica ofrece una referencia útil. Pero la base factual de esta noticia está en un paper reciente que habla menos de promesas y más de algo decisivo para la medicina real: quién está preparado para aplicar una terapia, con qué reglas y con qué límites.
Acerca del autor
Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.
En 1996 impulsó, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.
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