La cafeína fue el adulterante más habitual en los análisis

por Claudio Vidal, Energy Control

Pixu, anfeta, speed… en polvo, en pasta… es anfetamina, uno de los estimulantes más conocidos y usados para salir de fiesta. En este artículo haremos un repaso de esta sustancia, de los resultados encontrados en nuestro servicio de análisis y de las medidas de reducción de riesgos recomendadas para todas aquellas personas que se decidan a tomarla.

Lo que coloquialmente conocemos como speed no es más ni menos que anfetamina, una sustancia estimulante del sistema nervioso central disponible médica y recreativamente desde hace más de un siglo. En efecto, en 1887 se aisló la efedrina de la ma huang (Ephedra vulgaris) y, ese mismo año, Lazar Edeleano sintetizó por primera vez la anfetamina. En los años 20 del siglo XX, la anfetamina comenzó a emplearse como sustituto de la efedrina para el tratamiento del asma por sus efectos descongestivos y broncodilatadores. En 1932, la compañía farmacéutica Smith Kline & French comenzó a vender la Benzedrina en forma de inhalador para el tratamiento de la congestión nasal y de la fatiga. A partir de ese momento, la anfetamina encontró nuevas aplicaciones como supresor del apetito, tratamiento para la narcolepsia y la hiperactividad en niños, y como estimulante para las tropas que combatían en la Segunda Guerra Mundial (Hicks, 2012).

Sin embargo, mientras que en los últimos tiempos los usos médicos han quedado limitados a nuevas formulaciones para el tratamiento de la narcolepsia o del déficit de atención, sus usos recreativos se han convertido en populares, al menos para ciertos sectores de la población, como son las personas que salen de fiesta. Pero, antes de entrar en materia, es conveniente hacer una importante diferenciación: entre anfetamina y metanfetamina. Aunque las dos pertenecen al mismo grupo (y bien podríamos decir que ambas son anfetaminas), la primera es lo que conocemos como speed en nuestro contexto mientras que la metanfetamina (meta, tina…) es consumida con mucha menor frecuencia. De hecho, parece ser que son los países del centro y sur de Europa casi los únicos donde se produce de forma ilegal y consume la anfetamina mientras que en el resto del mundo la más común es la metanfetamina.

Así las cosas, la mayoría de la anfetamina, al igual que ocurre con la MDMA, es producida en Holanda y Bélgica, si bien parece que en Polonia también se concentra una parte menor de la producción. Aunque se desconoce la cantidad total de anfetamina producida por los laboratorios ilegales, las fuerzas del orden suelen incautar entre cinco y seis toneladas cada año. Lo que sí es conocido es que la mayoría de lo producido es para consumo interno en Europa mientras que una parte se exporta a Oriente Medio. Allí, en lugar de un polvo blanco, en ocasiones pastoso, lo más habitual es encontrar la anfetamina en formato pastilla con el logotipo de un medicamento compuesto de fenetilina y llamado Captagón, que dejó de producirse en 2009. Es lo que los medios de comunicación, haciendo gala del sensacionalismo y el tratamiento más desinformado posible sobre drogas, han bautizado como la “droga de los yihadistas”. Al respecto, recomendamos encarecidamente la lectura del reciente informe elaborado por Laurent Laniel et al. sobre el Captagón y que desmiente muchas de las afirmaciones vertidas en los medios (EMCDDA, 2018).

Para la elaboración de anfetamina los laboratorios necesitan de precursores; esto es, sustancias químicas necesarias para la síntesis. Dos de los precursores más utilizados han sido el BMK (bencilmetilcetona) y el APAAN (alfa-fenilacetoacetonitrilo) hasta que el control sobre los mismos ha hecho más difícil su adquisición para estos fines. Por esta razón, los laboratorios han optado por el uso de nuevas sustancias precursoras como el APAA (alfa-fenilacetoacetamida) o los derivados glicídicos de BMK que fácilmente pueden convertirse en BMK. Por tanto, a pesar de haber intentado poner trabas a la adquisición de precursores, no parece que las fuerzas del orden hayan logrado frenar la producción de anfetaminas ya que los laboratorios han encontrado formas alternativas de encontrar los productos necesarios para ello aprovechando, además, el hecho de que algunos de estos precursores tengan usos legítimos en la industria y, por tanto, no pueden ser prohibidos.

Saber cuántas personas consumen speed es difícil porque muchas encuestas no distinguen entre las diferentes formas de anfetamina y, por tanto, sus datos deben ser tomados con cautela. Por su parte, el observatorio europeo estima que casi doce millones de adultos europeos han consumido anfetaminas en algún momento de su vida y algo más de un millón de jóvenes adultos (entre 15 y 34 años) tomaron anfetaminas en el último año (Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, 2018). En España, según los últimos datos disponibles correspondientes al año 2015 (OED, 2017), se estima que en torno a cien mil adultos jóvenes (entre 15 y 34 años) la consumieron en el último año.

Junto con la cocaína, el speed ha sido tradicionalmente una sustancia con unas tasas elevadas de adulteración. Entre 2013 y 2017, Energy Control ha analizado cerca de 2.700 muestras de anfetamina enviadas por personas interesadas en conocer su composición y, de ellas, el 32 % solo contenía anfetamina y un 64 % era anfetamina más uno o más adulterantes. De ellos, el más habitual es la cafeína que apareció en el 61 % de las muestras. También es relevante la aparición de subproductos de síntesis en el 11 % de las muestras, lo que indica una pobre síntesis o la utilización del denominado método Leukart para la elaboración de la anfetamina. Los datos de pureza encontrados en España (36 %) son ligeramente más altos que los hallados en Europa donde, según estimaciones del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (2018), la pureza de la anfetamina estaría entre el 20 y el 30 %.

A diferencia de la cocaína, cuyos efectos tienden a durar relativamente poco, la anfetamina prolonga su efecto durante varias horas. Este es, básicamente, el de una estimulación del sistema nervioso que produce una reducción significativa en las sensaciones de cansancio, sueño y hambre a la vez que incrementa el estado de alerta y mejora la concentración, todo ello acompañado de una sensación de bienestar general. Sin embargo, esta estimulación puede incrementar el gasto energético del organismo y acabar produciendo un intenso cansancio posterior. Además, aumenta la tasa cardíaca, el ritmo respiratorio y la presión arterial, lo que la hace desaconsejable en personas con problemas cardiovasculares. También puede producir un aumento en la temperatura corporal que es necesario vigilar y contrarrestar mediante una correcta hidratación. También es habitual la dificultad para poder orinar, así como para alcanzar la erección.

Reducción de riesgos

Si se va a tomar speed, es imprescindible vigilar las cantidades que se vayan a tomar. Tomar más anfetamina de la cuenta puede hacer que se produzca demasiada estimulación y desaparezcan los efectos deseados. Esto pasa cuando se deja poco tiempo entre raya y raya, si estas se hacen demasiado grandes o si la persona es muy sensible a sus efectos por lo que, en este último caso, necesitará menos cantidad que otras personas.

Además de la prudencia en cuanto a las cantidades a consumir, también se recomienda evitar tomar demasiado a menudo. Aunque la mayoría de personas que toman speed lo hacen de manera ocasional, las hay que pueden acabar abusando o enganchándose a la anfetamina. Por tanto, espaciar los consumos es una buena forma de reducir ese riesgo.

Dado que el speed se suele tomar por vía nasal, es importante mantener unas normas básicas de cuidado para evitar lesiones en las fosas nasales: pulverizar bien el speed, limpiar bien las fosas nasales tras el consumo y no aspirar siempre por la misma fosa nasal. Se ha planteado que el uso compartido de turulos podría ser un factor de riesgo independiente para la transmisión del virus de la Hepatitis C. Aunque no hay datos concluyentes al respecto, parece prudente que el turulo sea personal e intransferible. Y, además, no usar billetes u otros materiales poco higiénicos.

Barras apiladas comparan muestras con solo anfetamina, adulteradas y sin anfetamina entre 2013 y 2017.
Composición de las muestras de speed entre 2013 y 2017

La pureza del speed es bastante variable por lo que siempre es recomendable hacer una “dosis test” con poca cantidad para poder valorar los efectos y evitar sorpresas desagradables. La calidad es algo que siempre preocupa a quien toma drogas y, en relación a ella, son frecuentes las desinformaciones. En el caso del speed hay dos especialmente relevantes: la creencia de que el speed hay que cortarlo para que sea más seguro y la de que el speed húmedo es de mejor calidad que el seco. En cuanto a lo primero, para ganar en seguridad, siempre es mejor cuidar las dosis consumidas que tomar anfetamina combinada con cafeína. Así, si se tiene anfetamina sin adulterar solo se necesitarán unos pocos miligramos para tener los efectos buscados lo cual puede ser incompatible con el negocio. En cuanto a lo segundo, el speed húmedo solo pesa más. Las anfetaminas son sales que no necesitan de humedad. Esta solo añade peso y nada más. Los análisis realizados por Energy Control a muestras de speed en pasta y en seco no han mostrado diferencias en términos de pureza. Por tanto, quien vende speed húmedo bajo el argumento de que así es de mejor calidad simplemente está engañando y vendiendo menos cantidad de la que quien compra está pagando.

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Por otra parte, el speed no sienta bien a todo el mundo y hay personas que deberían abstenerse de tomar anfetamina. Es el caso de personas con problemas mentales (ansiedad, trastorno bipolar, depresión, esquizofrenia…), glaucoma, enfermedad cardiovascular (hipertensión arterial, cardiopatía isquémica, aneurismas arteriales, arritmias), problemas de abuso con otras drogas, hipertiroidismo, epilepsia u otros trastornos convulsivos, embarazo o lactancia o si se tiene que conducir o realizar alguna actividad que, realizada bajo los efectos del speed, suponga un aumento del riesgo de hacerse daño o hacérselo a otras personas.

También es necesaria la precaución con las combinaciones de anfetamina con otras sustancias. Mezclar speed con otros estimulantes (por ejemplo, cocaína o MDMA) puede aumentar el efecto de ambas sustancias y las probabilidades de sufrir una importante estimulación. Por el contrario, la mezcla de speed con depresores (por ejemplo, alcohol, ketamina, GHB, etc.) puede hacer que los efectos se contrarresten y se acabe tomando más cantidad de todas ellas para conseguir los efectos deseados. Existen una serie de medicamentos que no deben ser mezclados con la anfetamina. Sería el caso de la furazolidona (un medicamento para el tratamiento de la diarrea infecciosa) y de los inhibidores de la monoamino oxidasa (IMAO) que pueden provocar reacciones hipertensivas graves, así como de las anticonceptivas que podrían aumentar los efectos de la anfetamina y el riesgo de complicaciones cardíacas.

Por último, dado que los efectos del speed suelen prolongarse durante horas, es recomendable dejar de consumir un tiempo antes de terminar la fiesta para evitar la desagradable situación de querer dormir y no poder hacerlo. Largas horas de fiesta a base de speed también suponen estar muchas horas sin comer por lo que una buena recuperación será necesaria tras la fiesta.

REFERENCIAS

European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction [EMCDDA] (2018). Captagon: understanding today’s illicit market, EMCDDA Papers. Luxemburg: Publications Office of the European Union.

Hicks, J. (2012). “Fast Times: the life, death, and rebirth of amphetamine”. Philadelphia: Science History Institute. Recuperado de: https://goo.gl/MaAWHz.

Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (2018). Informe Europeo sobre Drogas 2018: Tendencias y novedades. Luxemburgo: Oficina de Publicaciones de la Unión Europea.

OED (2017). Informe 2017. Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España. Madrid: Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

 

Preguntas frecuentes

¿El speed y la metanfetamina son la misma sustancia?

No. Aunque ambas pertenecen al mismo grupo, en el contexto descrito el speed se refiere a la anfetamina, no a la metanfetamina.

¿Cuál fue el adulterante más habitual en las muestras analizadas?

La cafeína, presente en el 61 % de las muestras de anfetamina analizadas por Energy Control entre 2013 y 2017.

¿El speed húmedo tiene mayor pureza que el seco?

No. Los análisis citados no mostraron diferencias de pureza; la humedad solo añade peso.

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