FÁRMACOS CONTRA LA DISFUNCIÓN ERECTIL
1.ª parte
La aparición del sidenafilo (Viagra) en los últimos años del s. XX supuso una auténtica revolución farmacológica, en tanto que, con ella, la farmacopea hallaba, por fin, el santo grial que llevaba infructuosamente buscando desde el albor de los tiempos: la poción mágica que solucionase de golpe y porrazo los problemas de erección que, desde siempre, han atormentado a los hombres (o a parte de ellos) y, de rebote, a las mujeres (o a algunas de ellas). Pocos años después, ya en el s. XXI, vieron la luz los análogos del sidenafilo: el vardenafilo (Levitra), el taladafilo (Cialis) y más adelante el avanafilo (Spedra); y, con ellos, se fraguaría una segunda revolución: aquella que, yendo más allá de los usos estrictamente médicos y terapéuticos, venía a colmar y a satisfacer las necesidades de varones perfectamente sanos que emplean estos fármacos de forma puntual para contrarrestar los efectos inhibidores de la erección que les produce el uso de drogas. Tanto es así que, muy posiblemente, hoy en día este segundo uso esté más extendido que el puramente médico.
Historia
El sidenafilo fue un medicamento originalmente investigado para tratar la hipertensión arterial y la angina de pecho. Sin embargo, como efecto inesperado, los investigadores constataron que inducía portentosas erecciones. De tal manera que, sabiamente, mandaron a tomar Fanta a la angina y se centraron en comercializar la gallina de los huevos de oro: logrando levantar miembros por valor de mil millones de dólares en sólo dos años.
La vida sexual de infinidad de hombres con problemas de erección cambió radicalmente de un día para otro. Adiós a los milenarios usos de cuernos de unicornio, narval y rinoceronte… carísimos, ineficaces o, por definición, imposibles. Apenas un par de años antes de terminar, el s. XX se lucía brindándonos un descubrimiento, una invención, que abría las puertas de una nueva era: la del Homo sapiens sapiens erectus.
Algunos, la mayoría, tardamos tiempo en enterarnos. Personalmente, recuerdo cómo, por aquellos años, al ir a comprar speed, alguien me ofreció adquirir también un par de viagras –a quince euros cada una– y cómo, finalmente, me decanté por pillar cinco gramos de pitxu en lugar de tres y las dos pastillitas. Craso error. Tardé años hasta que volvió a presentárseme la oportunidad y cuando, definitivamente, las probé –de nuevo en combinación con speed– tomé consciencia de la magnitud del descubrimiento y de lo que me había perdido por no haber hecho uso de él desde un primer momento: cuantos polvos perdidos, cuantos ligues descartados, cuantos rollos abortados antes incluso de empezar, por saber, de antemano, lo mal que iban a acabar sólo con tener en cuenta la carga politóxica de efectos vasoconstrictores que, en esos instantes, llevaba a cuestas.

Funcionamiento
Se lo explicaré como se lo explico yo a mis parejas sexuales. Facilito:
- En última instancia, para que un pene se levante, los vasos sanguíneos se tienen que dilatar.
- Las drogas, como la cocaína, la anfetamina o la MDMA, producen vasoconstricción, el efecto contrario a la vasodilatación necesaria para que se produzca una erección.
- Llegado un punto, si se consume la cantidad suficiente de droga (y yo la consumo), la vasoconstricción será tan marcada que la erección se verá seriamente dificultada o, sencillamente, resultará técnicamente imposible.
- Llegados al punto 3, la única manera de revertir la situación es hacer uso de las pastillitas del amor (Viagra, Cialis, Levitra, Spedra…) que, con sus efectos vasodilatadores, contrarrestarán la vasoconstricción producida por las drogas y harán posible que el pene se levante. Pura mecánica hidráulica, no más.
Explicado así, cualquiera lo puede entender y aceptar de buena gana que la pareja sexual haga uso de estos fármacos sin poner en cuestionamiento el atractivo, las capacidades amatorias ni demás ralladeras de una u otra parte.
Al efecto, contaré una anecdotilla personal: en determinada ocasión estaba con una chavala puesto hasta las trancas de alcohol, cocaína y MDMA. Después de hablar un rato empezamos a besarnos y en cuanto comenzamos con los sobeteos inmediatamente paré y le dije: “espera un momento que yo para esto necesito tomarme una pastillita. Acompáñame a casa a cogerla, anda, que no tardamos nada”. Fuimos, la cogimos y la disfrutamos oportunamente. Luego, a toro pasado, la chica me comentó lo siguiente: “la verdad es que el día ese que te conocí pensé: qué chico más gracioso… sólo nos estábamos dando unos besos, acabábamos de empezar, nada ni nadie había dado a entender que fuéramos a follar, pero te vi tan convencido… lo tenías tan claro… que te acompañé. Y lo de la pastilla, no sé, pensaba que a los tíos les daría corte, que lo harían a escondidas o al menos sin decirlo, pero tú no te cortaste un pelo, lo dabas por sentado, hacías que pareciera tan normal que me encantó”.
Lo siguiente que me dijo fue: “¿no hay algo así para mí?”.
Otra chica me hizo la misma pregunta, bueno, más bien fue una solicitud: “yo quiero de eso para mí también”.
Como testimonios femeninos, me quedo también con este hecho, por una chica bregada en el terreno de las drogas y los hombres, cuando le pregunté qué le parecían estas pastillas. Me dijo: “pues me parece que su efecto es muy poderoso”.
Testimonios y experiencias
Veamos ahora los testimonios de ellos:

Opinión general. D. B.: “Creo que han sido una pequeña gran revolución dentro de estos terrenos. Yo lo equipararía al invento de la rueda. ¿Por qué? Por todo lo que afecta a la autoestima, a la seguridad en uno mismo… porque bueno, a mí me dura entre treinta y cuarenta horas, así que, imagínate: no teniendo pareja, estando motivado como estoy para el disfrute y el folleteo, pues salgo como un puto actor porno”.
Primeras experiencias. Daniel –polla de oro– Cardenal, alias Fraguel: “La primera vez que tomé viagra fue con un colega mío que hace trapis y me dijo: ‘prueba esto’. Nos fuimos de putas y tal, y lo que me di cuenta es que, por mucho que te tomes –porque la primera vez me tomé dos de cien– a partir de cien miligramos no significa más, incluso te puede colapsar. O sea, yo creo que la dosis adecuada son 100 mg. Puedes tomar un poco más, pero no te va a hacer más efecto, hasta te puede hacer el efecto contrario”.
Diferencias. Fraguel: “El Cialis es más duradero, tiene menos efectos secundarios, pero para mí es menos potente que la Viagra. Yo siempre prefiero el sidenafil porque es más instantáneo, más rápido y hay genéricos muy buenos y efectivos. Yo lo que busco es inmediatez y para eso lo idóneo es el sidenafil. Para largo plazo es mejor el taladafil, pero ¿quién coño busca el largo plazo si lo que queremos es que se nos ponga dura rápido cuando vamos todo pedo?”.
Efectividad. Fraguel: “En cuanto a su efectividad en combinación con drogas… a mí me ha ido bien con todas. No ha habido ninguna sustancia que me haya cortado el efecto. Lo importante es la dosis y que la tía te ponga. Si la tía no te pone, es mala o te ralla algo… la polla no se te levanta”.
Limitaciones. L. P.: “Estas pastillas vienen de lujo cuando vas bien crujido, no cabe duda. Ahora bien, la peña siempre cuenta la historia que parece que te las tomas y eres Rocco Siffredi; y vamos a ver, ayudan y pueden ayudar muchísimo y dar resultados espectaculares. Pero todo influye: el nivel de ciego, las dosis consumidas, el cansancio general –o lo contrario–, el nivel de excitación, las ganas, lo que te guste la chica, tu estado emocional… Mil cosas. De modo que, a veces, no es todo tan espectacular. Pero oye, estando totalmente colocado, con que se levante –sin más– ya es un milagro.
Milagros. F. L.: “Recuerdo una vez que después de llevar toda la noche de enzarpada quedé con un colega que me pasó diez gramos de speed. Me los dio dentro de un CD con una peli porno. Me puse a ver la peli y a ponerme tiros y tiros, hasta que me entró tal calentón que decidí irme de putas. Iba tan, pero tan puesto, que pensaba que sería imposible que me empalmase incluso tomando Cialis. Me tomé tres de 20 espaciados en una hora. Cuando la puta se desnudó me pillé tal empalme que pensé que la polla me iba a estallar. Te juro que no me lo podía creer”.
Milagros II. E. H.: “Llevaba con mi novia dos días y dos noches de reliada parda. Me había puesto de coca, MDMA, speed, meth, alcohol, base y heroína. Hasta el puto culo. Nos fuimos a casa como a las dos de la madrugada, pero entre palique, tiros, pipas y movidas, el polvo no nos lo echamos hasta las ocho de la mañana. Estaba muerto, reventado. Todo mi ser, físico y mental, era una piltrafa, salvo mi polla que, tras haberme tomado una viagra, se encontraba en plenísimas facultades. Así que le dije a mi chica: ‘te mueves tú, maja, que yo estoy doblao’. Y así lo hizo… hasta que llegado a un punto exclamó: ¡¡¡Bufff… es que me canso!!! Bienvenida al club, guapa”.

Efectos colaterales. Fraguel: “Puedes follarte un puticlub entero. Yo una vez me follé a… me llevé mil pavos a un puti y… creo que ni me corrí. Porque es importante destacar que te retrasa la eyaculación e incluso te la puede limitar. ¡¡¡Pero a mí lo que me gusta es durar, Edu, durar!!!”.
Efectos colaterales II. M. D.: “Lo del cialis y los polvos perdidos por no haberlo usado antes es totalmente cierto, pero también hay que verlo desde el otro punto de vista: la de problemas que nos hemos evitado por no habernos echado esos folleteos. Mira Antonio, con lo que se ponía de farlopa… fue empezar a usar Cialis y en dos meses ya había dejado embarazada a la chica con la que empezó a salir”.
Consejos. D. B.: “Como consejos diría que lo básico es tomarlo cuando sepas que las probabilidades de éxito son bien altas. En ese caso, puedes tomártelo tranquilamente cinco horas antes e ir relajado. La cuestión es consumirlo en los momentos justos y necesarios. No utilizarlo como una cosa común, porque en caso de error de cálculo y no materializar pues es peor que una cuadrilla de adolescentes de ambos sexos y bisexuales, todos y todas desnudos y arrejuntados. Un puto coctel explosivo como para no acabar follando”.
Micromachismos. Fraguel: “Yo siempre he tenido un uso lúdico de ellas porque, bueno, yo empalmo bien, pero si has bebido mucho o has consumido determinadas drogas tipo speed, coca o excitantes pues siempre necesitas un empujoncito, ¿no? Yo tengo muchos amigos que dicen: “Noooo, yo no necesito eso”. ¡¡¡Y yo me descojono!!!”.
Este apartado, el de los micromachismos, es bastante curioso y divertido… o patético y penoso, dependiendo de si el observador tiende al optimismo o al realismo. A mí, personalmente, me recuerda a aquellos viejos tiempos en los que rechacé mis dos primeras viagras para poder pillar dos gramos más de speed; a las ocasiones que desperdicié por no haber disfrutado de estas pastillas desde ese primer momento. Yo desestimé tomarlas simplemente para poder comprar más drogas, más speed, no por otra razón, pero habitualmente me he encontrado con bastantes consumidores que prescinden de tomarlas porque afirman que no les hace falta; que a ellos, por muy puestos que vayan, se les pone como un bate de béisbol. ¡¡¡Me descojono!!! Y no porque no sea posible, que de todo hay en la viña del señor y a buen seguro que algún portento habrá que se empalma aunque vaya puesto de farlopa hasta las mismísimas cejas. No lo dudo. Pero de lo que también estoy convencido es de que la gran mayoría somos muy parecidos y de que a prácticamente todos nos viene de perlas una ayudita cuando vamos drogados o muy drogados. Repito: pura mecánica hidráulica, no más. En esta opinión de mero sentido común me reafirman, además, dos cosas: una, que alguno de esos machotes que ha afirmado públicamente que él no necesita de tales cosas, luego, por lo bajinis, me ha venido a pedir información sobre dónde y cómo comprarlas; y otra, que al comentarle esto mismo a un dealer gay que atiende a clientela gay, su respuesta fue la siguiente: “eso son cosas de heteros, de machotes que tienen que demostrar o aparentar su hombría, los maricones sabemos lo que hay…”.
Y dicho esto, nos despedimos hasta el próximo artículo, en el que abordaremos este mismo tema pero desde un punto de vista más técnico: explicando las diferencias existentes entre unas presentaciones farmacéuticas y otras, informando sobre los posibles efectos secundarios y aportando algunas directrices encaminadas a la reducción de riesgos asociados a su consumo.
El sidenafilo fue un medicamento originalmente investigado para tratar la hipertensión arterial y la angina de pecho

Se investigó como tratamiento para la hipertensión arterial y la angina de pecho.
Menciona sildenafilo (Viagra), vardenafilo (Levitra), tadalafilo (Cialis) y avanafilo (Spedra).
Según el artículo, los utilizan para contrarrestar las dificultades de erección que asocian al consumo de sustancias vasoconstrictoras.
Preguntas frecuentes
¿Para qué se investigó originalmente el sildenafilo?
¿Qué fármacos para la erección menciona el artículo?
¿Por qué algunos consumidores recurren a estos fármacos?
Acerca del autor

Eduardo Hidalgo
Yonki politoxicómano. Renunció forzosamente a la ominitoxicomanía a la tierna edad de 18 años, tras sufrir una psicosis cannábica. Psicólogo, Master en Drogodependencias, Coordinador durante 10 años de Energy Control en Madrid. Es autor de varios libros y de otras tantas desgracias que mejor ni contar.



















