Reducción de riesgos en el consumo de metanfetamina

Metanfetamina y reducción de riesgos

En los últimos artículos de esta sección de Cannabis Magazine hemos hablado de la metanfetamina y de los distintos métodos que pueden emplearse para consumirla. En esta ocasión pondremos fin a la serie sobre esta sustancia ofreciéndoles unos cuantos apuntes sobre las cuestiones más importantes a la hora de poder hacer un consumo de menor riesgo.

Drogas «listas» vs drogas «tontas»

En lugar de «drogas duras y blandas», Jonathan Ott propone hablar de drogas «listas y tontas». Las drogas duras y blandas lo son por sí mismas, en sí mismas y para todo el mundo. Las drogas listas y tontas lo son, siempre, en función de quien las consuma. En última instancia, las drogas listas son aquellas que a uno mismo le sientan bien, le son provechosas, beneficiosas, las que a la hora de sopesar los pros y los contras de su uso obtienen un resultado favorable, positivo. Las drogas tontas son aquellas que a uno mismo le sientan mal, aquellas de las que, a la hora de tomarlas, se obtiene un resultado negativo, aquellas en las que priman los efectos secundarios desagradables sobre los agradables o aquellas que, aun siendo agradables, nos acaban provocando más problemas de los que estamos dispuestos a asumir por consumirlas, aquellas con las que perdemos el control o aquellas que no somos capaces de utilizarlas en la medida en que quisiéramos (y acabamos tomando mayores cantidades, más frecuentemente o durante más tiempo del que consideramos razonable… con los problemas que ello acarrea).

Peligrosidad de las drogas: una perspectiva personal

A título personal coincido plenamente con el punto de vista de Ott y considero que hablar de drogas muy peligrosas y de drogas poco peligrosas viene a ser una generalización tan grande que inevitablemente significa caer en el error y en la falsedad. Cualquier sustancia dada puede ser muy peligrosa o muy poco peligrosa dependiendo de la persona que la consuma y del modo y del contexto en que lo haga. En mi caso, por poner un ejemplo que conozco bien, me resulta más arriesgado y potencialmente más problemático un consumo de cannabis (legal y socialmente una droga blanda pero que personalmente me desestabiliza psíquicamente por completo) que uno de heroína (legal y socialmente una droga dura y potencialmente muy dañina y adictiva pero que personalmente no tengo problema en consumir de forma no problemática).

La metanfetamina como la más peligrosa

Habiendo aclarado este punto, he de decir que si tuviese que obviar estas consideraciones y dictar un veredicto en base a los parámetros con los que habitualmente se manejan los medios de comunicación, los jueces o nuestros conciudadanos de a pie (madres, hermanos, amistades, conocidos y desconocidos varios), el típico veredicto de barra de bar sobre, en este caso, cual es la droga más peligrosa del mundo (de entre las habitualmente consumidas en occidente… es decir, excluyo las daturas, ibogaína, fentanilos y cosas raras y excepcionalmente consumidas de forma voluntaria) diría –y me duele horrores generalizar tanto– que lo son las anfetaminas y concretamente la metanfetamina. Probablemente lo diga teniendo en mente a la heroína, la droga que en nuestro entorno ha sido vista desde hace décadas como el paradigma de lo peor de lo peor de entre todas las drogas habidas y por haber.

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Comparación entre heroína y metanfetamina

Pues bien, desde mi punto de vista, si tenemos en cuenta los problemas que puede causar la peor de las drogas (la heroína) y los comparamos con los que puede causar el consumo de metanfetamina, ésta última gana por goleada. Es decir, que una vez que hablamos de consumo problemático el uso de jako considero que viene a ser menos demoledor que el de meth.

Tengamos en cuenta que ambas sustancias pueden consumirse y se consumen por las mismas vías –en términos de riesgos y problemas asociados al consumo, las dos son fumadas e inyectadas por buena parte de los usuarios– de modo que los daños relacionados con las vías de administración empleadas vienen a estar de una u otra manera compartidos.

Consumo saciado vs insaciable

A partir de ahí, sin embargo, existen, a mi juicio, unas diferencias notables y cruciales. Veamos: la heroína, en determinado punto, sacia. Es decir, el consumidor, llegado un momento, se siente satisfecho y no necesita tomar más; e incluso en el caso de que quiera tomar más, la propia sustancia es autolimitante: llegada determinada dosis se quedará dormido o, en los casos extremos, sufrirá una sobredosis (con la vía esnifada y con la inyectada, con la fumada es muy difícil que se produzca). Con la metanfetamina, si como digo hablamos ya de usos y usuarios problemáticos, la saciedad es difícil que llegue, tan difícil como que llegue el sueño. El consumo, con mucha probabilidad, terminará cuando se termine el suministro o cuando la reliada llegue a ser de tal calibre que el cuerpo y la mente no den para más y no quede otra que reposar para volver con energía renovadas.

Impacto físico y mental del consumo de metanfetamina

Esto, en última instancia, termina traduciéndose en que los consumidores problemáticos de heroína, por muy descarriados que vayan, acaban durmiendo, tomándose sus descansos, consumiendo unas cantidades limitadas dentro de lo abusivo… Un heroinómano prototípico consume tres veces al día (mañana, tarde y noche) y entre medias se busca la vida, por lo que, a la hora de la verdad, sus patrones vitales, aunque de antihéroe, no dejan de estar adaptados a la norma y no dejan de coincidir con los hábitos de alimentación, sueño-vigilia y demás que dicta la Organización Mundial de la Salud.

En Occidente, los consumidores problemáticos de metanfetamina, en lugar de cargar con un hábito que consiste en tomar X sustancia tres veces al día, suelen relacionarse con sus droga de elección en términos de atracones: cuando pueden (generalmente los fines de semana y los períodos vacacionales o libres de responsabilidades) se meten todo lo que pueden –si son tres días, pues tres y si son siete, pues siete– no ya sin alcanzar la saciedad sino intentando mantener o incrementar el subidón y sin ni tan siquiera contemplar echar una cabezadita, no vaya a ser que pase algo y se lo pierdan. Esto se traduce en muchas horas de vigilia, pero muchas, muchas; muchas horas de estimulación, euforia y taquicardia; muchas horas sin comer o comiendo poco, poquito, poquísimo; muchas horas con la cabeza a tres mil por hora; muchas horas de actividad obsesiva de cualquier tipo (follar, pajearse, leer, escuchar música, rascarse, hablar, hablar, hablar y hablar…). Katakrtak… Fallo del sistema.

Reducción de riesgos detalle 2

Consejos para reducir riesgos

Desde mi punto de vista, hablando de usos abusivos, la meth tiene un mayor potencial para desgastar física y psíquicamente al consumidor. La heroína, la droga chunga por antonomasia, podrá engancharte y darte mil problemas, pero la cabeza (a no ser que sea por complicaciones relacionadas con la vía de consumo y con el estilo de vida yonqui) te la deja en su sitio. La tina, como otros estimulantes y como el estimulante entre los estimulantes, es un salvoconducto en sí misma para la paranoia, la ansiedad, la depresión y la psicosis una vez que se sobrepasa la barrera del uso abusivo y continuado.

Beber, comer, dormir… vivir

Dicho esto, si he de dar alguna indicación en la línea de la reducción de riesgo, tanto para usuarios ocasionales y no problemáticos como para adictos redomados considero que lo básico y más importante (porque si empieza por fallar eso terminará por fallar todo lo demás) es que, por mucho que sea el esparramo, traten de cuidar lo máximo posible las más básicas cuestiones de supervivencia y autocuidado: beber, comer, dormir, asearse y, si no hay más remedio, currar (nunca lo olviden: el trabajo les hará libres, el amor idiotas; limítense a follar o, mejor aún, acudan al autoservicio).

Recomendaciones prácticas

En términos prácticos: en cada sesión de meth es conveniente hacerse previamente con algunas bebidas isotónicas, zumos o refrescos. Aunque no se tenga sensación de sed es aconsejable beber (no más de medio litro a la hora, y ya es mucho, no hace falta tanto, pero bebe, y bebe algo que no sea alcohol). El cuerpo lo agradece. El resultado se nota mucho.

Come, aunque no tengas hambre. Ocúpate –de nuevo previamente– de proveerte de alimentos –los que sea, cualquiera vale, cualquier cosa mejor que nada– que te entren bien cuando no es ya que no tengas hambre sino ni el más mínimo interés en la comida. Aprovecha, cualquier impase, cualquier descansito o tiempo muerto, por mínimo que sea, para ingerir algo. El cuerpo lo agradecerá. Mucho. El resultado se hará notar.

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Lávate: los dientes, la cara, el pelo… Los dientes… Come chicles… Dúchate. Los dientes… Pero no te peines, estás más guapo así: despeinado, rebelde… ¡¡¡Los dientes!!!

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Duerme… algún día, alguna vez, aunque sea dos horas en una semana, pero duerme algo. A veces, en un atracón, contando con un suministro ilimitado es difícil retirarse a descansar. ¿Quién necesita descansar teniendo metanfetamina? ¡¡¡Es un sinsentido!!! Bueno… Llega un punto en que es recomendable hacerlo, aunque sólo sea para seguir luego con más fuerza, pero conviene hacerlo, por mera supervivencia, por mantener la salud entendida ya en términos de, simplemente, seguir vivo, de mantenerse cuerdo.

Conócete… escucha tus síntomas… detecta tus límites… tus tics, ralles, idas de olla… Habrá quien aguantará en buenas condiciones un día y una noche enteros, quien a los tres días ya notará que se le empieza a ir la pinza, quien a los cinco y quien a los siete… Alucinaciones auditivas, temblores, calambrazos, acciones repetitivas sin fin, irritabilidad, aislamiento… ¡¡¡Para!!! De hecho, deberías haber parado antes.

Entre las estrategias de reducción de riesgos es habitual recomendar no combinar sustancias, no tomar dos drogas a la vez, no mezclar estimulantes y depresores. OK. Su sentido tiene. Ahora bien, mi consejo es que, si has ido muy lejos con tu consumo de metanfetamina, si consideras que ha llegado la hora de parar, si te toca irte a dormir pero sabes que es técnicamente imposible que concilies el sueño: toma una benzodiacepina (valium, trankimazin… esas pastillas terminadas en «am»). Una debajo de la lengua y a sobar. Como con la bebida, la comida, el dentífrico, los chicles, el champú y el desodorante: hazte con alguna antes de que empiece el atracón, de lo contrario has de saber que ni contando siete veces siete todas las ovejas que han pisado y que pisarán la faz de la tierra lograrás pegar ojo.

Con que hagas esto, habrás conseguido mucho si lo que quieres es evitarte problemas. Respeta y atiende tus obligaciones y responsabilidades. Mantén tu consumo en los tiempos que tú crees que le corresponden, y más aún que habrás ganado. Para alcanzar el equilibrio perfecto, consulta a los profesionales en el asesoramiento sobre gestión de placeres y riesgos asociados al uso de sustancias psicoactivas… todo te irá mucho mejor:

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Reducción de riesgos

En cada sesión de meth es conveniente hacerse previamente con algunas bebidas isotónicas, zumos o refrescos.

Duerme… algún día, alguna vez, aunque sea dos horas en una semana, pero duerme algo.


Preguntas frecuentes

P: ¿Qué es la reducción de riesgos en el consumo de metanfetamina?
R: Es un enfoque que busca minimizar los daños asociados al consumo de metanfetamina mediante prácticas de consumo más seguras y una mejor comprensión de los efectos y riesgos.

P: ¿Por qué se considera la metanfetamina más peligrosa que la heroína según el texto?
R: Según el texto, la metanfetamina es considerada más peligrosa porque no provoca saciedad y su consumo puede continuar indefinidamente, lo que puede llevar a problemas físicos y mentales más graves.

P: ¿Cómo influyen las vías de administración en los riesgos del consumo de sustancias?
R: Las vías de administración, como fumar o inyectarse, comparten algunos riesgos, pero el tipo específico de sustancia y el contexto de uso pueden influir en los daños asociados, siendo más problemático en el caso de la metanfetamina.

Acerca del autor

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Eduardo Hidalgo

Yonki politoxicómano. Renunció forzosamente a la ominitoxicomanía a la tierna edad de 18 años, tras sufrir una psicosis cannábica. Psicólogo, Master en Drogodependencias, Coordinador durante 10 años de Energy Control en Madrid. Es autor de varios libros y de otras tantas desgracias que mejor ni contar.