Millones de personas consumen drogas ilegales con regularidad, a pesar de las prohibiciones. En Alemania, la legalización desempeñará un papel en la formación del próximo gobierno, en el otoño boreal.

En la última audiencia de la Comisión de Salud del Parlamento alemán (Bundestag), antes de las elecciones de septiembre, no se habló sobre el coronavirus, sino sobre el cannabis. Esta no era la primera vez en el año que los políticos de los distintos partidos y los expertos invitados a la audiencia abordaban propuestas para una política de drogas diferente.

Esta vez se debatió, a pedido del grupo parlamentario del Partido Demócrata Liberal (FDP), una distribución legal controlada de «cannabis con fines de consumo» entre los adultos, como exigieron los liberales en la moción. Y en vista de la creciente demanda mundial para su uso medicinal y recreativo, incluso tienen en mente un «Cannabis made in Germany» como posible artículo de exportación.

Esto demuestra que el debate sobre el manejo de las drogas ilegales, especialmente el cannabis, está en movimiento. Porque medio siglo de «guerra contra las drogas» no ha reducido en absoluto la demanda ni la oferta. Ni siquiera la pandemia del coronavirus afectó al creciente mercado negro. Así lo indica el informe publicado a mediados de junio por el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT). A pesar de los confinamientos y los controles fronterizos, «el mercado europeo de la droga a principios de la década de 2020 se caracterizaba por la amplia disponibilidad de una gama diversa de fármacos de creciente pureza o contenido en principios activos», describen los autores de la investigación.

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El cannabis, la droga popular

La venta de drogas ilegales en Europa se estima en unos 30.000 millones de euros. Y, como en el resto del mundo, el cannabis es, por mucho, la droga ilícita más consumida en Europa. A pesar de todas las prohibiciones, según las cifras del OEDT, casi el 30% de los europeos adultos han consumido cannabis, al menos, una vez en su vida. También en Alemania, casi uno de cada tres adultos ha fumado marihuana al menos una vez. El cannabis no solo parece haber llegado a la sociedad, sino que está firmemente anclado.

Por ello, ya no son solo los abogados penalistas, los criminólogos, los policías y los trabajadores sociales los que cuestionan la política de prohibición. Los políticos también debaten cada vez más si la Policía y la Fiscalía son los instrumentos adecuados para proteger la salud de los ciudadanos. La discusión está siendo impulsada por una tendencia internacional: en más de una cuarta parte de los estados de EE. UU., los adultos ya pueden comprar legalmente la codiciada sustancia. Lo mismo ocurre en Canadá y Uruguay. En el Bundestag alemán, cuatro de los seis partidos representados hacen campaña por el fin de la prohibición.

La búsqueda de nuevas vías

A pesar de todas sus diferencias, tanto el partido Los Verdes como el FDP, el partido La Izquierda y también el Partido Socialdemócrata (SPD) coinciden en que la actual política de drogas basada en la prohibición ha fracasado. Todos ellos abogan por nuevas vías entre los polos de la legalización, la despenalización y la regulación. Wieland Schinnenburg, portavoz de política de drogas del grupo parlamentario del FDP, dijo en entrevista con DW que en Alemania hay unos cuatro millones de consumidores habituales de cannabis. Si se los deja en manos del mercado negro, critica Schinnenburg, obtendrían una sustancia de una calidad completamente incierta. Además, el Estado estaría perdiendo mucho dinero. «Si se vendiera oficialmente, el Estado también recaudaría impuestos que podrían gastarse muy bien en prevención y terapia», subrayó.

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Por su parte, los Verdes son el único partido que ha presentado un proyecto de ley completo hasta ahora. La «Ley de Control del Cannabis» se centra en la distribución controlada de cannabis a los adultos en tiendas especiales. El objetivo sería arrinconar al mercado negro, garantizar la protección de los menores, aliviar a la Policía y al Poder Judicial, y aumentar los impuestos para la prevención y el tratamiento. Sin embargo, el Bundestag rechazó el proyecto de ley en octubre de 2020.

Cuando se lleven a cabo las negociaciones para la coalición de gobierno, tras las elecciones federales de otoño, la política de drogas también será uno de los puntos de la agenda. No solo el parlamentario de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Erwin Rüddel, asegura a DW estar de acuerdo con eso. También el diputado del FDP, Wieland Schinnenburg, y el portavoz de política de drogas del SPD, Dirk Heidenblut, esperan que se debata sobre este asunto.

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