La encuesta a 555 alumnos de formación profesional halló bajos niveles de conocimiento y alfabetización sanitaria, pero no permite generalizar el resultado a toda la juventud tailandesa
Un equipo de investigadores tailandeses ha detectado carencias de conocimiento y alfabetización sanitaria sobre cannabis entre estudiantes de formación profesional. El estudio original, publicado en Journal of Cannabis Research, analiza 555 respuestas válidas obtenidas mediante una encuesta en línea en un único centro educativo del nordeste de Tailandia. Los datos se recogieron entre enero y marzo de 2024, después de la liberalización de la política sobre cannabis iniciada en el país en 2022.
La puntuación media de conocimiento fue de 7,23 puntos sobre 15 y el 55% de los participantes quedó clasificado en el nivel bajo. En alfabetización sanitaria específica sobre cannabis, que abarca la capacidad de buscar, comprender, valorar y aplicar información, la media fue de 41,72 puntos sobre 75; el 48,8% se situó también en el nivel bajo. El resultado describe a la muestra estudiada, no a todos los adolescentes ni a todo el alumnado tailandés.
Conocer datos aislados tampoco equivalió necesariamente a saber utilizarlos. Los autores no encontraron una asociación estadísticamente significativa entre el nivel de conocimiento y el de alfabetización sanitaria. Haber recibido educación previa sobre cannabis sí se relacionó con mejores puntuaciones en ambos apartados. Para los investigadores, la diferencia sugiere que memorizar información factual puede resultar insuficiente si no se entrenan también la evaluación crítica de fuentes, la comunicación y la toma de decisiones.
El análisis observó además que la experiencia de uso de cannabis era más frecuente entre quienes declaraban consumo de otras sustancias, habían recibido educación previa sobre cannabis o eran varones. Estas asociaciones no demuestran que una característica cause la otra. El diseño transversal ofrece una fotografía en un momento concreto y depende de respuestas autodeclaradas; por tanto, no permite reconstruir el orden de los acontecimientos ni establecer causalidad.
El contexto regulatorio importa. Tailandia retiró el cannabis de la lista de narcóticos en 2022 y amplió con rapidez su disponibilidad, pero después ha ido endureciendo el marco y devolviendo el foco al uso médico. Cannabis Magazine explicó recientemente cómo las autoridades tailandesas han intensificado las inspecciones y el control del cannabis medicinal. El nuevo trabajo no evalúa directamente el efecto de esas medidas, aunque sí muestra el reto educativo que acompaña a cualquier cambio rápido de política.
La preocupación por los entornos educativos tampoco es nueva. Tras la liberalización, el país prohibió el consumo de cannabis en universidades y reforzó las restricciones en los campus. El estudio actual añade un matiz útil: limitar el acceso no sustituye a una educación capaz de explicar riesgos, incertidumbres, diferencias entre usos y criterios para reconocer información fiable.
Los autores proponen intervenciones escolares que no se reduzcan a mensajes de advertencia. Plantean trabajar la valoración crítica, la comunicación, el autocuidado y la alfabetización digital, con atención especial a los estudiantes sin formación previa y a quienes consumen otras sustancias. Esa orientación coincide con experiencias de reducción de riesgos basadas en información comprensible y diálogo entre iguales, como las recogidas por El Cultivador en su recorrido por dos décadas de educación sobre drogas de Energy Control.
Las limitaciones son importantes. De 2.656 alumnos elegibles solo se obtuvieron 555 respuestas válidas, una tasa del 20,9%, lo que aumenta el riesgo de que quienes contestaron no representen al conjunto. Todos procedían de una sola institución y de una provincia del nordeste; además, la encuesta fue en línea y no verificó de forma independiente las respuestas. El trabajo puede identificar necesidades y asociaciones dentro de esa población, pero no estimar por sí solo la situación nacional.
Su principal aportación es más modesta y, precisamente por ello, útil: después de un cambio regulatorio amplio, una parte considerable del alumnado estudiado seguía teniendo dificultades para comprender y manejar información sanitaria sobre cannabis. La respuesta educativa, concluyen los investigadores, debería enseñar no solo qué datos recordar, sino cómo juzgarlos y aplicarlos en situaciones reales.
Acerca del autor

Fernando Caudevilla (DoctorX)
Médico de Familia y experto universitario en drogodependencias. Compagina su actividad asistencial como Médico de Familia en el Servicio Público de Salud con distintas actividades de investigación, divulgación, formación y atención directa a pacientes en campos como el chemsex, nuevas drogas, criptomercados y cannabis terapéutico, entre otros.
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