La convergencia entre la biotecnología de vanguardia, una regulación pionera y la llegada de Spannabis al BEC marcan el inicio de una nueva era industrial para el País Vasco.
El País Vasco se encuentra ante una tormenta perfecta, pero esta vez positiva. Mientras el Gobierno central activa finalmente el motor del cannabis medicinal con el nuevo Real Decreto 903/2025, Euskadi reclama su lugar no solo como un actor más, sino como el nodo industrial y tecnológico de referencia en el sur de Europa. La reciente decisión de Spannabis de trasladar su peso estratégico al Bilbao Exhibition Centre (BEC) no es casualidad: es la certificación de que el eje del negocio cannábico se está desplazando hacia el Atlántico, donde la tradición, la ley y la ciencia ya estaban esperando.
El motor científico: De la semilla al fármaco “Made in Euskadi”
Si bien el mercado nacional empieza ahora a despertar con las nuevas regulaciones, la biotecnología vasca lleva años preparándose en silencio para este momento. El mejor ejemplo es Aleovitro, una startup nacida en 2014 en la aceleradora BIC Bizkaia (Derio), que ha logrado lo que muy pocos han conseguido en Europa: la autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) para investigar con cannabis.
En colaboración con el CSIC, Aleovitro se ha convertido en una de las 15 entidades en todo el Estado —y la única micropyme de estas características en el norte— autorizada para desarrollar “quimiotipos élite”. “Que una empresa pequeña como nosotros tenga este nivel de autorización nos da una dimensión internacional que antes no teníamos”, explica Eneko Ochoa, socio de la firma. Su tecnología de cultivo in vitro y espectrometría de masas permite crear plantas libres de patógenos y químicamente estables, el “Santo Grial” que exige la industria farmacéutica para fabricar medicamentos contra la epilepsia refractaria o la esclerosis múltiple.
Este enfoque encaja como un guante en la estrategia RIS3 Euskadi de especialización inteligente. Mientras otras regiones apuestan por el cultivo extensivo en campo abierto, Euskadi apuesta por el valor añadido: genética, estabilidad química y patentes farmacéuticas.
Un ecosistema empresarial con raíces profundas
Para entender por qué Spannabis elige el BEC y por qué la industria mira a Euskadi, hay que mirar al tejido empresarial existente. El País Vasco no parte de cero; ha sido históricamente la cuna de los bancos de semillas más importantes de España (como Genehtik o la histórica Dinafem en sus orígenes), creando un “know-how” genético que ahora es oro para la industria legal.
A esto se suma una red de empresas auxiliares y de distribución, como Bürsten (franquicias y productos CBD) y fabricantes de equipamiento técnico para cultivo indoor, que aprovechan la potente industria manufacturera de la región.
Volúmenes de negocio en juego: Según datos del sector, la industria del cannabis medicinal en España ya mueve cifras de peso pesado antes incluso de la venta generalizada en farmacias:
- Inversión en activos: 147 millones de euros.
- Facturación (2023): 34 millones de euros (crecimiento del 31%).
- Empleo: Cerca de 500 puestos de trabajo directos de alta cualificación.
Se estima que el mercado farmacéutico europeo de derivados del cannabis alcanzará los 2.400 millones de euros en los próximos tres años. Euskadi, con su infraestructura industrial y logística, aspira a capturar una parte significativa de ese pastel, especialmente en la exportación hacia Alemania y Reino Unido, destinos donde España ya envía más de 10 toneladas anuales de flor.
El marco legal: La audacia de la Ley Vasca de Adicciones
La seguridad jurídica es clave para la inversión, y Euskadi cuenta con un marco legislativo único. La Ley 1/2016 de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencias fue pionera al reconocer explícitamente la existencia de los clubes sociales de cannabis.
Aunque el Tribunal Constitucional acotó su alcance en 2018, validó el Artículo 83, que permite la existencia de estas entidades y su colaboración con la administración sanitaria. Esto ha creado un clima social de “normalización” y una red de asociaciones (Federación Eusfac) que reduce la estigmatización y facilita la transición hacia un modelo regulado. Mientras otras comunidades navegan en un vacío legal absoluto, Euskadi tiene una ley que, aunque limitada, reconoce la realidad del sector.
El “Efecto Spannabis” en el BEC: ¿Por qué es un punto de inflexión?
El traslado de la sede o la celebración de ediciones estratégicas de Spannabis en el BEC supone un cambio de paradigma. Barcelona ha sido tradicionalmente el escaparate lúdico; Bilbao se perfila como el hub industrial y de negocios.
- Infraestructura Logística: El BEC ofrece capacidades industriales que otros recintos no tienen, vitales para maquinaria pesada de extracción y procesamiento farmacéutico.
- Conexión con Francia: La cercanía con la frontera francesa (a menos de una hora) es vital. Francia es el mayor mercado potencial de consumo de Europa, y Euskadi actúa como la puerta de entrada natural para la logística del cannabis hacia el norte del continente.
- Profesionalización: Raúl del Pino, de Spannabis, lo deja claro: las ferias ya no son solo fiestas, son “faros” para inversores. Moverse al BEC envía un mensaje de seriedad industrial. “Es fundamental hacerse ver. El 90% del sector que se queda fuera de la venta directa en farmacias depende de la exportación a Europa, y Bilbao es la plataforma de lanzamiento ideal”, señalan fuentes de la organización.
Conclusión
La nueva regulación medicinal nacional es la llave que arranca el coche, pero Euskadi pone el motor. Con empresas biotecnológicas como Aleovitro liderando la I+D, un marco legal autonómico (Ley 1/2016) que aporta un suelo social firme, y la potencia de fuego comercial de Spannabis en el BEC, el País Vasco se consolida como el nodo clave para una industria que promete transformar la agricultura y la farmacia en la próxima década.
Acerca del autor

Manu Hunter
Periodista cannábico con un estilo desenfadado pero siempre riguroso. Cuenta historias que prenden, informan y desmontan mitos, acercando la cultura cannábica al mundo con frescura y credibilidad. ¡Donde hay humo, hay una buena historia!














