Introducción al cultivo orgánico
Cultivo orgánico en indoor
La agricultura ecológica es un sistema de producción basado en el empleo de recursos naturales, en el que se prescinde de productos de síntesis química y organismos modificados genéticamente. Según sus partidarios, de esta forma se obtienen alimentos más saludables, de gran calidad y sabor, con el menor impacto ambiental posible. Muchas de las técnicas utilizadas en este tipo de agricultura se pueden adaptar al cultivo de cannabis y, de hecho, son muchos los simpatizantes del cultivo ecológico de marihuana. No obstante, la agricultura ecológica también tiene sus detractores.
Ventajas y desventajas de la agricultura ecológica
La agricultura convencional tiene un impacto ambiental significativo. Entre sus consecuencias indeseables se incluyen la erosión, pérdida de fertilidad del suelo, salinización y alcalinización, polución de los sistemas de aguas, pérdida de cultivos, plantas silvestres y recursos genéticos animales, eliminación de los enemigos naturales, reaparición de plagas y resistencia genética a los pesticidas, contaminación química y destrucción de los mecanismos de control natural1.
En contraste, los alimentos biológicos o ecológicos se producen sin emplear transgénicos ni productos de síntesis química. Para ello se utilizan abonos orgánicos o enmiendas minerales autorizadas y se evita el uso de pesticidas químicos. De esta forma, se obtienen alimentos sin dañar el entorno y conservando la fertilidad del suelo. Además, estos están libres de plaguicidas nocivos y son mucho más sabrosos. Estos son algunos de los principales argumentos a favor de la agricultura ecológica que esgrimen sus partidarios, pero sus detractores afirman que casi nada de ello es cierto.

En 2012, investigadores de la universidad de Stanford publicaron los resultados de una revisión sistemática* de más de 200 de estudios, cuya conclusión fue que la literatura publicada carece de pruebas sólidas de que los alimentos orgánicos son significativamente más nutritivos que los convencionales. Aunque su consumo puede reducir la exposición a residuos de plaguicidas y bacterias resistentes a los antibióticos2. No obstante, también reconocen que los estudios fueron heterogéneos y limitados en número, y que el sesgo de publicación** puede estar presente en ellos3. En ese mismo año, se publicaron los resultados de un meta-análisis*** en la revista Nature que afirman que, en general, los rendimientos orgánicos son comúnmente más bajos que los convencionales y que para establecer el cultivo orgánico como una herramienta importante en la producción sostenible de alimentos, los factores que limitan sus rendimientos deben ser mejor comprendidos4. La agricultura, ya sea ecológica o convencional, es agresiva con el medio por definición, puesto que no se puede cultivar un terreno sin haberlo preparado previamente para ello. Por ende, hay quien teoriza que para alimentar a la población mundial a base de producción ecológica se causaría un impacto ambiental mayor al emplearse superficies más extensas5, 6. Finalmente, otra de las desventajas que presentaría la producción orgánica, según sus detractores, es que se cambian unos insecticidas por otros que no son necesariamente más respetuosos con el medio ambiente, sólo más naturales. Por ejemplo, el Reglamento europeo para la agricultura ecológica permite la adición de hasta 6 kg de cobre por hectárea y año para su uso como fungicida, una cantidad que algunos consideran lo bastante elevada como para causar daños ambientales.
No obstante, la humanidad lleva siglos alimentándose de la agricultura de autoabastecimiento, que tiende a ser respetuosa con el medio ambiente y a optimizar los recursos disponibles. Aunque la industria agroalimentaria está cada vez más extendida, un estudio publicado en 2016 indica que los sistemas agrarios de pequeños propietarios […] representan aproximadamente el 30 % de las tierras agrícolas […] y son responsables de más de la mitad de las calorías de los alimentos producidas a nivel mundial, así como de más de la mitad de la producción mundial de varios cultivos alimentarios importantes7. Además, otro meta-análisis indican que la agricultura ecológica sí tiene un menor impacto sobre el medio ambiente8.
Cultivo orgánico indoor
El cultivo biológico de cannabis presenta más o menos las mismas ventajas y desventajas que la agricultura ecológica: las flores no tienen por qué tener más o menos THC o CBD; suele arrojar menor producción y el uso indiscriminado de insecticidas o fungicidas también puede comprometer la calidad o dañar el medio, aunque estos sean orgánicos o minerales autorizados en agricultura ecológica. Por otra parte, la marihuana cultivada con nutrientes orgánicos suele tener mejor sabor y aroma, mucho más intensos y naturales, razón por la que muchos cultivadores la prefieren.
La mejor opción para el cultivo de cannabis bio es sin duda el exterior en tierra madre o en maceta. Si no disponemos de esta posibilidad, también podemos plantar en interior. Aunque nuestro cultivo nunca sería del todo “ecológico”, podemos cosechar marihuana de gran calidad aportando al sustrato de nutrientes orgánicos y evitando el uso de pesticidas químicos.

El ahorro en el consumo energético es uno de los principales aspectos a considerar si queremos hacer nuestro cultivo indoor más ecológico. En este sentido, lo ideal es optar por iluminación LED, LEC o fluorescente que consume menos energía que las lámparas DAI. Este tipo de equipos suele tener un coste de adquisición más elevado, en el caso de los LED y los focos LEC, y los fluorescentes arrojan menor producción. Si no podemos permitirnos estas lámparas u optamos por las bombillas alta presión de sodio o halogenuros metálicos, es muy recomendable el uso de un balastro electrónico, ya que reducen en un 25 % la energía consumida y alargan la vida útil de las bombillas.
Otro de los puntos más importantes de este tipo de cultivo es el uso de abonos y sustratos orgánicos. En lo referente al medio de cultivo, para hacer nuestro indoor más ecológico, la mejor opción es la fibra de coco. La razón es que esa “tierra” que compramos en sacos en las grow shop no es realmente tierra, sino turba. Se trata de un material que se produce naturalmente a partir de la acumulación por varios siglos de restos vegetales de musgo Sphagnum en zonas lacustres. Su regeneración es más bien costosa y, en muchos casos, imposible. La fibra de coco, en cambio, es un material procedente de las cáscaras de coco, un residuo de la industria cocotera que se reaprovecha mediante su uso como sustrato. Así que además de ser orgánica, es también ecológica. No obstante, la turba sigue siendo orgánica y más manejable que el coco, por lo que muchos cultivadores la emplean en sus cultivos bio. Si queremos añadir algún material que actúe como drenaje al fondo de la maceta, la mejor opción sigue siendo la arlita. Si bien su proceso de producción no es muy ecológico, se trata de un material que no es tóxico y que se puede reutilizar durante muchos cultivos lavándolo y desinfectándolo tras cada uno de ellos.
En cuanto al abonado, es imprescindible añadir al sustrato bastante humus de lombriz. Éste contiene gran cantidad de microorganismos beneficiosos y es rico en micronutrientes. También podemos añadir estiércol de oveja en cantidades moderadas (una cucharada por litro de sustrato) para aportar nitrógeno orgánico, potasio, calcio, magnesio y micronutrientes. Para reforzar la floración, añadiremos también guano de murciélago granulado, que es rico en fósforo y micronutrientes. El motivo de añadirlo granulado es evitar que pueda ser arrastrado fuera de la maceta por el agua de riego, tal como podría ocurrir si fuera en polvo. Si queremos aumentar las defensas, podemos pulverizar las plantas ocasionalmente con infusión de cola de caballo. Este preparado vegetal refuerza las defensas ante plagas y hongos. Finalmente, si notamos alguna carencia de nitrógeno al final de la fase vegetativa, podemos añadir como refuerzo algún fertilizante líquido de crecimiento que sea ecológico.
La importancia de los microorganismos agrícolas (I) Exceptuando las situaciones de estrés, las plantas alimentadas con nutrientes orgánicos suelen mostrar una mayor resistencia a plagas y enfermedades. Aun así, si detectamos algún insecto dañino para el cultivo, la primera opción debería ser el control biológico, es decir, el uso de predadores naturales. No obstante, dado que conseguirlos puede ser algo complicado, si no tenemos posibilidad de acceder a ellos, podemos utilizar insecticidas ecológicos. Uno de los menos agresivos y más efectivos para el control de plagas es el jabón potásico, que funciona contra gran variedad de insectos fitófagos (que se alimentan de plantas). En caso de un ataque muy severo de araña roja, podemos alternarlo con extracto de canela, que es muy contundente con este ácaro. Ambos actúan por contacto, es decir, matan al insecto cuando entra en contacto con el compuesto en cuestión. Así que es muy importante empapar bien toda la planta para que surtan mayor efecto. Sin embargo, cabe recordar que, a partir de la tercera o cuarta semana de floración, más o menos, no es recomendable aplicar ningún tipo de producto para evitar mojar los cogollos. Si tenemos la mala suerte de sufrir alguna plaga durante esta etapa, en lugar de aplicar el producto por pulverización foliar, lo más aconsejable es limpiar las hojas por ambas caras con una gasa empapada en una solución de jabón potásico y agua. De esta forma nos aseguramos de que no se mojan los cogollos ni quedan en ellos restos del producto. Además, dejaremos pasar una semana aproximadamente entre la última aplicación y la cosecha. En cuanto a los hongos, exceptuando la botrytis, son bastante fáciles de controlar con infusión de cola de caballo.

Uso racional del agua
Finalmente, otro de los aspectos importantes para hacer más ecológico nuestro indoor es un uso racional del agua. Muchos cultivadores acostumbran a regar de forma abundante encharcando el fondo de las bandejas de cultivo, pero esta práctica, además de facilitar la asfixia radicular, supone malgastar esa agua que queda anegada. Regar con menores cantidades de agua es más trabajoso porque hay que hacerlo con mayor frecuencia, pero, dado que el coco se seca antes que la turba, es lo más recomendable.
Conclusión
En resumen, con el cultivo biológico se obtiene por lo general una producción algo menor, pero de gran calidad, sabor y aroma. Para que nuestro cultivo sea respetuoso con el medio, además de orgánico, debemos emplear recursos y materiales que también lo sean. Hay que tener en cuenta, especialmente en caso de plagas u hongos, que no todos los pesticidas orgánicos o autorizados para agricultura ecológica van bien para el cannabis, como es el caso del azufre o el cobre, y que no debemos mojar los cogollos en floración, sino lavar las hojas. Hacer nuestro cultivo más ecológico no solo nos proporciona flores con más matices en su sabor y aroma, sino que también nos permite ahorrar, al racionalizar recursos y energía.
Glicina betaína: el osmoprotector que salva a tus plantas del estrés ambiental Espero que te haya gustado el artículo y que pueda serte útil en tus cultivos orgánicos de interior. ¡Muy buenos humos!
Referencias
* Revisión sistemática: investigación científica que analiza los estudios publicados sobre un tema con el fin de contestar una pregunta concreta mediante un procedimiento específico, normalmente meta-análisis.

** Sesgo de publicación: alteración de los resultados de la investigación debido a la tendencia editorial.
*** Meta-análisis: procedimiento de elaboración y análisis de estadísticas que se utiliza para sintetizar los datos de una colección de estudios sobre un tema específico y extraer conclusiones del ese conjunto de estudios.
- Altieri, M. (2009). “La agricultura moderna: impactos ecológicos y la posibilidad de una verdadera agricultura sustentable”. University of California, Berkeley, Department of Environmental Science, Policy and Management. Berkeley, CA, USA.
- Smith-Spangler, C., Brandeau, M. L., Hunter, G. E., Bavinger, J. C., Pearson, M., Eschbach, P. J., … & Olkin, I. (2012). “Are organic foods safer or healthier than conventional alternatives? A systematic review”. Annals of internal medicine, 157(5), 348-366.
- Íbid.
- Seufert, V., Ramankutty, N., & Foley, J. A. (2012). “Comparing the yields of organic and conventional agricultura”. Nature, 485(7397), 229.
- Suleng, K. (2016). “Deje de comprar comida ecológica si quiere salvar el planeta”. marzo 14, 2018, de El País. Sitio web: http://bit.ly/2u0NUPz.
- Le Page, M. (2016). “Stop buying organic food if you really want to save the planet”. Marzo 12, 2018, de New Scientist. Sitio web: http://bit.ly/2FTbrDB.
- Samberg, L. H., Gerber, J. S., Ramankutty, N., Herrero, M., & West, P. C. (2016). “Subnational distribution of average farm size and smallholder contributions to global food production”. Environmental Research Letters, 11(12), 124010.
- Tuomisto, H. L., Hodge, I. D., Riordan, P., & Macdonald, D. W. (2012). “Does organic farming reduce environmental impacts? A meta-analysis of European research”. Journal of environmental management, 112, 309-320.
Preguntas Frecuentes
P: ¿Qué es la agricultura ecológica?
R: Es un sistema de producción que utiliza recursos naturales y evita productos de síntesis química y organismos modificados genéticamente para obtener alimentos más saludables y con menor impacto ambiental.
P: ¿Cuáles son las principales ventajas de la agricultura ecológica?
R: Los alimentos ecológicos no utilizan transgénicos ni productos químicos de síntesis, lo que ayuda a conservar la fertilidad del suelo y reduce la exposición a pesticidas, haciendo los productos más sabrosos.
P: ¿Es la agricultura ecológica siempre mejor para el medio ambiente?
R: Aunque reduce el uso de pesticidas químicos, puede requerir más superficie para alcanzar los mismos rendimientos que la agricultura convencional, lo que podría aumentar el impacto ambiental.
Acerca del autor
Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.












