Según algunos investigadores, los numerosos avances en el conocimiento celular y el desarrollo de técnicas que permiten modificar o alterar la información genética contenida en su ADN ha abierto grandes expectativas en el mejoramiento genético de las plantas y animales de una forma que sobrepasa la barrera de la imaginación.

Por Víctor Bataller Gómez

Las técnicas convencionales de mejoramiento genético de las plantas con técnicas como el “cruzamiento genético” o “la inducción genética forzada” estuvieron básicamente reducidas a la obtención de nuevas variedades genéticas y a una posterior selección de aquellas que se consideraban superiores. Todo ello siempre mediante el cruzamiento de genotipos dentro de una misma especie. Las nuevas técnicas amplían enormemente este panorama al poder introducir en una variedad agrícola concreta genes de otras especies de plantas diferentes. Pero ¿estamos ante un hecho tal y como se nos describe o lo que está ocurriendo es la antesala de un proceso apocalíptico como defienden otras personas?

Desde hace varias décadas se habla, y no de una manera alejada del apasionamiento, de los Organismos Modificados Genéticamente (OMGs) o Transgénicos. Siempre, ante lo desconocido, se plantean dudas muchas veces fundadas porque la historia nos desvela los numerosos errores que en pro del desarrollo humano se han cometido. Cuando los españoles trajeron el tomate a Europa en el siglo XVI la oposición al consumo de esta fruta fue enorme porque en la sociedad de la época de implantó la idea de que transmitía enfermedades como la tuberculosis o la malaria y no fue hasta dos siglos después cuando se comenzó a consumir  tomate en el viejo continente y a cultivarlo.

En la sociedad actual impresiona que los genes de un pez que vive en las aguas del Polo Norte se hayan transferido a una variedad de fresa lo que le permite a esta fruta que se pueda congelar y descongelar sin sufrir daños físicos o incluso evitar las heladas durante su cultivo. Lo que se introdujo en realidad del pescado a la fresa fue una secuencia de bases nitrogenadas que en un ordenamiento específico constituyen un gen. Este gen codifica una proteína o sustancia que puede tener una función específica o puede desencadenar una serie de reacciones que impiden que las paredes de las células de la fresa se congelen. La discusión entre los defensores de esta técnica y sus detractores se centra en que esta transferencia del gen en cuestión influirá, o no, en los otros genes presentes en el organismo modificado, en un periodo de tiempo determinado y afectando al ecosistema que le rodea.

Hasta la fecha no hay evidencia científica de que los cultivos transgénicos que se cultivan en el mundo hayan causado reacciones alérgicas, toxicidad o que hayan presentado algún problema nutricional. Los estudios revelan que en el aspecto medioambiental los periodos de tiempo son todavía demasiado breves para poder observar los posibles aspectos perjudiciales que según sus detractores pueden provocar este tipo de cultivos. Varias organizaciones científicas de gran prestigio como el Consejo Internacional para la Ciencia afirman que los OMGs no son peligrosos para la salud humana y tampoco para el medio ambiente. Por otro lado, organizaciones como el Comité de Investigación Independiente sobre Ingeniería Genética de Francia o el Colectivo Independiente Científico del Reino Unido afirman que los estudios realizados por este tipo organizaciones son insuficientes o nada rigurosos ya que los cultivos transgénicos pueden provocar una “contaminación genética” del medio ambiente. Es cierto que muchos de los cultivos obtenidos por esta técnica se han eliminado porque presentaban algunos aspectos indeseables para su consumo (olor desagradable, texturas inapropiadas, sabores incorrectos o inapetentes, etc.).

Existe un movimiento contrario a su aceptación alegando que podrían no ser seguras y/o convenientes para la salud y para la alimentación de los seres humanos a pesar de no existir evidencia científica alguna que respalde dicha postura. La legislación sobre la producción y venta de alimentos derivados de OGM varía enormemente de un país a otro, yendo desde la legalización de su producción, tras presentar estudios sobre su seguridad, a regiones que se declaran totalmente libres de transgénicos.

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Desde que la comercialización de este tipo de cultivos comenzó en el año 1996, su aumento en superficie cultivada y producción ha ido creciendo de forma exponencial. En la actualidad, la superficie mundial destinada a este tipo de cultivos es de 170 millones de hectáreas repartidas en 28 países. Esto representa el 3% de las tierras agrícolas a escala mundial aunque países como los Estados Unidos representan el 17% de la superficie agrícola y el 47 % de las tierras con laboreo. Hay países que han comenzado recientemente a cultivar transgénicos como Cuba o Sudán y otros, en cambio, que han decidido dejar de hacerlo como Alemania y Suecia. Históricamente los países que han estado a la cabeza en la producción de transgénicos son Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá y la India, por este orden. En Europa las cantidades destinadas a este tipo de cultivos son comparativamente testimoniales (casi 130.000 hectáreas en toda Europa en 2012) pero España es la principal productora, sobre todo en maíz,  hasta el punto que una tercera parte del maíz que se cultiva en nuestro país es obtenido de OMGs. De las 25 especies de plantas transgénicas cultivadas mundialmente destacan las variedades de soja, maíz y algodón, aunque también hay del tomate, la papaya o la remolacha azucarera.

    Lo que parece evidente, sean o no sean ciertas las tesis expuestas, tanto por los defensores o detractores de este tipo de cultivos, es que el consumidor debe conocer si el alimento que va a consumir es transgénico o no.

Un organismo genéticamente modificado (OMG u OGM) es un organismo cuyo material genético ha sido alterado usando técnicas de ingeniería genética que permite modificar su ADN mediante la técnica de “transgénesis” o “cisgénesis” que consiste en insertar uno o varios genes nuevos en su genoma. Estos organismos son la fuente de los alimentos genéticamente modificados y son ampliamente utilizados en investigaciones científicas para producir otros bienes distintos a los alimentos.

El ser humano ha estado modificando genéticamente plantas y animales desde hace 10.000 años, pero no fue hasta 1973 cuando Herbert Boyer y Stanley Cohen consiguieron transferir ADN de una bacteria a otra. El mismo año, Rudolf Jaenisch creó un ratón transgénico, que se convirtió en el primer animal transgénico de la historia, sin embargo, la modificación no se transmitió a sus descendientes. En 1983 se creó la primera planta transgénica, concretamente una variedad de tabaco.

La aplicación de la “transgénesis” permite transferir genes entre especies separadas entre sí pero también las transferencias de genes puede darse entre especies más próximas cuando las técnicas de cruzamiento clásicas fracasan. Según una parte del mundo científico, la importancia  de estas nuevas técnicas es muy grande por el gran número de aplicaciones que presenta, beneficios económicos inmediatos y mayores (principalmente en medicina y alimentación), menor contaminación de los ecosistemas, etc.

Las posibles modificaciones genéticas que se pueden usar incluyen la mutación, inserción y deleción de genes (mutación genética que consiste en la pérdida de uno o más nucleótidos de la secuencia del ADN). Cuando se inserta material genético que proviene de otra especie esta es parecida a la transferencia horizontal que se produce en la naturaleza. Para producir de forma artificial esta transferencia suele ser necesario recurrir a diferentes técnicas. Los genes pueden ser incorporados a un virus o pueden ser físicamente inyectados en el núcleo de la célula. Otras técnicas aprovechan la habilidad de ciertos organismos como los lentivirus (virus con un periodo de incubación relativamente largo) o algunas bacterias como la Agrobacterium tumefaciens, para transferir material genético a animales y plantas. Al hacer la manipulación en el material genético, éste puede ser heredable o no en función del proceso usado y los genes implicados.

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Uno de los primeros usos de los organismos genéticamente modificados fue en la investigación. Mediante la inserción, deleción y trasposición de genes en diversos organismos es posible determinar la función de determinados genes. Una manera es mediante la técnica de “knock out” o “bloqueo de genes”, en la que un gen o grupo de genes son inactivados para observar las características que cambian en el fenotipo. También se pueden usar promotores para sobreestimular la actividad de determinados genes.

Mediante la modificación genética es posible obtener animales que padezcan enfermedades análogas a las humanas, sirviendo de modelos para la investigación de dichas enfermedades y las pruebas preclínicas de medicamentos y terapias para combatirlas. Se han criado ratones, ratas, conejos, ovejas y cerdos transgénicos desde 1980 y gracias a ellos se han establecido muchos modelos de enfermedades humanas como el carcinoma causado por un oncogen (gen que participa en el crecimiento de las células normales pero durante este proceso ha sufrido una mutación). El proceso de ingeniería genética en mamíferos es lento, delicado y costoso, sin embargo, nuevas técnicas están haciendo que las modificaciones genéticas sean más fáciles y precisas en algunos casos determinados.

Los organismos transgénicos también son usados para productos farmacéuticos o tejidos para ser implantados tras graves alteraciones en la piel. En el pasado la fabricación de proteínas humanas que sirven para tratar graves enfermedades y alteraciones en las personas eran muy raras y costosas. Hoy en día hay bacterias y levaduras transgénicas que producen compuestos cómo la insulinahormonas de crecimiento y factores de coagulación de una manera muy económica y en gran cantidad. El anticoagulante ATryn usado para reducir el riesgo de coágulo durante operaciones quirúrgicas se extrae de la leche de una cabra modificada genéticamente. La vacuna contra la Hepatitis B se produce con levaduras a la que se les ha insertado un gen para producir el “antígeno HBsAg” presente en la envoltura del virus que causa esta enfermedad y que se utiliza como vacuna.

La ingeniería génica que utiliza estas técnicas permite obtener virus genéticamente modificados para introducir genes en el ADN humano con el fin de curar algunas enfermedades. Ha sido usada con éxito para tratar desórdenes genéticos como la Inmunodeficiencia Combinada Grave o Amaurosis Congénita de Leber. Además, se encuentran en fase de investigación otros tratamientos contra enfermedades actualmente incurables como la Fibrosis Quística, la Anemia Falciforme, el Parkinson, la Diabetes o la Distrofia Muscular Severa. Actualmente, esta técnica se centra sólo en las células somáticas del cuerpo (aquellas que conforman el crecimiento de los tejidos y órganos de un ser vivo pluricelular) por lo que los cambios introducidos en el código genético no pueden ser transmitidos a la descendencia. La que tiene como objetivo las células reproductivas se denomina “terapia génica de líneas germinales” y se dedica al tratamiento y prevención de enfermedades genéticas transmisibles y defectos de nacimiento. Es muy controvertida por cuestiones éticas, religiosas o ecológicas y está prohibida en algunos países.

La modificación genética permite la cría de animales hipoalergénicos de forma que no produzcan reacciones adversas a las personas alérgicas. Actualmente se comercializan gatos modificados para no producir la glicoproteína Fel d1 y perros sin glicoproteína Can d1, responsables de la mayor parte de las respuestas alérgicas. También se comercializan peces cebra fluorescentes.

La modificación de otros genes permite la obtención de plantas que sintetizan materiales con determinadas características interesantes para su uso industrial. Por ejemplo, la patata Amflora produce un almidón modificado rico en “amilopectina” que se utiliza en la fabricación de papel, tejidos y adhesivos.

Tratamientos Bio-ecológicos SA.
www.trabe.info
Víctor Bataller Gómez