El capo lideraba el cártel La Familia Michoacana y era uno de los dirigentes de Los Caballeros Templarios, el grupo criminal que surgió de esa organización, En su autobiografía se narra cómo Moreno se ganó el mote de «El Más Loco» por su propensión a pelear.

Como muchos otros michoacanos, Nazario Moreno decidió partir en los años `90 a Estados Unidos, donde se involucró en el tráfico de marihuana desde el estado mexicano de Tamapulipas (noreste) hacia el otro lado de la frontera, en Texas.

En Tamaulipas, el capo se vinculó con el cártel del Golfo y su entonces brazo armado `Los Zetas`, un grupo creado por exmilitares de élite que desertaron. Al regresar a Michoacán, Moreno formó hacia 2005 La Familia y logró que Los Zetas le enviaran instructores para adiestrar a sus pistoleros. Pero la decisión de los sanguinarios Zetas de mantenerse en Michoacán, una región clave para el narcotráfico por sus costas en el océano Pacífico y sus recónditas montañas, creó una fuerte rivalidad entre ambos grupos.

En su guerra contra Los Zetas, Moreno hizo un masivo reclutamiento de pistoleros para La Familia, entre ellos muchos jóvenes que estaban en rehabilitación por adicción a las drogas, empleando por primera vez en México una doctrina religiosa que justificaba su accionar violento.

«Justicia divina». En octubre de 2006 La Familia hizo una aterradora aparición pública arrojando las cabezas de cinco personas en una pista de baile de la ciudad de Uruapan (Michoacán) acompañadas de este mensaje: «Solo muere quien debe morir. Sépanlo toda la gente; esto es justicia divina».

«En un tiempo muy breve sacaron a Los Zetas del territorio de Michoacán», explica Alfredo Castillo, comisionado para Michoacán.

Como líder de La Familia, Moreno creó un manual al que llamó «El evangelio de La Familia», que distribuyó entre sus sicarios y en el que irónicamente el capo narcotraficante les prohibía el uso de drogas o alcohol.

El cártel se especializó en la producción y tráfico de anfetaminas en Estados Unidos con «una increíble dosis de sofisticación y de brutalidad», según describió en 2009 el fiscal general Eric Holder.

Pero la leyenda de «El Chayo» se empezó a escribir cuando el gobierno le dio por muerto tras un enfrentamiento con la policía en diciembre de 2010, cuando el presidente era Felipe Calderón (2006−2012, PAN, centro−derecha), aunque nunca encontraron su cuerpo.

Oficialmente, el cadáver fue recuperado por sus partidarios, por lo que el gobierno de Calderón nunca pudo dar pruebas de ese éxito contra el narcotráfico, y con el tiempo la supuesta muerte del Chayo cayó en el descrédito. En Michoacán, y especialmente en la zona conocida como Tierra Caliente, al Chayo muchos lo daban por vivo. Aunque no aparecía públicamente, seguía operando como uno de los dirigentes de los Templarios.

Mientras La Familia se escindía y cedía terreno a un nuevo cártel, Los Caballeros Templarios, en Michoacán se promovió el culto a «San Nazario».

En los pueblos se construyeron vistosos altares que lucían la cruz roja que identifica a los Templarios y la figura de un santo vestido a la usanza medieval con la cara de Moreno.

«Oh, señor, todo poderoso. Líbrame de todo pecado. Dame protección Bendita, a través de San Nazario», reza una de las estampitas con su imagen que sus hombres obligaban a vender a comerciantes.

El Che y Pancho Villa. Uno de los muchos testimonios que empezaron a surgir en Michoacán sobre la presencia de Moreno narró a la AFP que en septiembre de 2012 fue invitado a una cena con otras 60 personas en el montañoso poblado de Aguililla.

La cena estuvo resguardada por tres cordones de seguridad con hombres armados. Los invitados fueron agasajados con comida, música y baile. Tres horas después llegó «El Chayo», relató el hombre, que ahora es jefe de un grupo de autodefensa. Según el mismo testimonio, Moreno predicó un discurso que mezclaba religión y reivindicaciones de izquierda y se hacía llamar Ernesto Villa Moreno, en honor a los revolucionarios Ernesto «Che» Guevara y Francisco «Pancho» Villa.

Iba a festejar sus 44 sin llamar la atención Este domingo Nazario Moreno cumplía 44 años. Para pasar inadvertido, planeaba festejar en un poblado con pocos habitantes cuando fue sorprendido por comandos de la Secretaría de Marina y soldados de élite de la Secretaría de la Defensa Nacional. Le seguían la pista desde hace varias semanas. El 7 de febrero fue detenido un «templario» que dijo estar al servicio directo de Nazario Moreno. Once días después fue arrestado un medio hermano suyo, Helodoro Moreno Anguiano. El capo había dejado de utilizar camionetas todo terreno y se transportaba en autos modestos para no llamar la atención. También redujo el número de escoltas por lo que fue abatido con más facilidad.

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