Ensayista y profesor universitario, su obra más conocida es la ‘Historia general de las drogas’. En los últimos años, su pensamiento, tras su juventud simpatizante con el comunismo, se orientó a la crítica de las posiciones de la izquierda

El filósofo Antonio Escohotado ha muerto este domingo a los 80 años en Ibiza, ha sabido EL PAÍS de fuentes familiares del escritor. A la isla balear se había trasladado hace meses para pasar allí sus últimos momentos. Ensayista, historiador y profesor de Filosofía del Derecho y Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), donde se jubiló en 2013, Escohotado era conocido a nivel popular como figura habitual en programas y tertulias de televisión en los años ochenta, invitado habitualmente por su obra más conocida, Historia general de las drogas. La escribió, en su mayor parte, en una cárcel de Cuenca, donde estuvo preso dos años por tráfico de estupefacientes. Un caso que, señalaba, se debió a una trampa que le tendió la policía. En los últimos tiempos, su cruzada iba, sin embargo, a caballo de la corriente liberal, como acérrimo crítico de los defensores del comunismo, con el que había simpatizado en su juventud. Nacido en Madrid el 5 de julio de 1941, traductor de pensadores como Hobbes, Newton o Jefferson, su atípico y provocador discurso se caracterizó por la irreverencia, en el que la cuestión más polémica era su defensa de la legalización de las drogas, un asunto que había empezado a estudiar a finales de los sesenta.

Preguntado sobre cómo prefería esperar a la muerte, en una entrevista en la revista Icon, en 2018, este librepensador declaró: “Lo mejor que puedes hacer para que vengan bien dadas es tener un botiquín de eutanásicos y, cuando vengan mal dadas, botiquín”. Este domingo, su cuenta en Twitter, llevada por su hijo, colgó este mensaje tras su fallecimiento: “Descanso en paz arropado por mi familia”. Su voluntad era ser enterrado en la localidad ibicenca de Sant Antoni, ha informado Efe.

Escohotado en Expocannabis en Madrid

El filósofo y escritor Fernando Savater, que lo ha conocido durante casi sesenta años, desde que el pensador donostiarra acababa de llegar a la Facultad de Filosofía, dice por teléfono que “Antonio fue siempre un pensador, un teórico y además de repercusiones prácticas”. “No solo las drogas, también se preocupó por cuestiones fundamentales como la naturaleza, las relaciones paterno-filiales…”. De aquellos tiempos recuerda que Escohotado, él y otros formaron “una especie de club de personas que nos reuníamos para reflexionar; escuchábamos música, consumíamos sustancias prohibidas… Antonio era un seductor, carismático, y le gustaba gustar. Se convertía en el centro de cualquier reunión. No era nada convencional, pero, a su modo, era muy riguroso”. Para Savater, es de ese tipo de figuras en las que “la personalidad está por encima de su obra”.

Aficionado de la física cuántica, entre otras áreas, Escohotado fue también autor de la monumental trilogía Los enemigos del comercio (2008), en la que abordaba la sociedad de consumo desde la Revolución francesa hasta la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la Unión Soviética. “Es una obra extraordinaria, de una amplitud insólita, una reflexión de cómo determinadas ideas que son buenas intenciones se convierten en un peligro social”, indica Savater.

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En su trayectoria publicó una veintena de obras, como la colección de escritos Frente al miedo o Sesenta semanas en el trópico, en la que narraba sus peripecias de un año en Tailandia, Vietnam, Birmania y Singapur. Fumador empedernido, se le podía ver casi siempre envuelto en humo cuando aparecía en televisión. En su haber figuraban otras facetas, como la de ser uno de los fundadores de la célebre discoteca Amnesia en la Ibiza hippy de 1976.

A su magna obra, Historia general de las drogas, Escohotado le dedicó más de dos décadas. En ella analizó el consumo de estas sustancias desde la antigüedad, con su origen religioso, hasta la actualidad. Hizo varias reediciones de este título, la definitiva en 1989. Había empezado a recopilar datos en 1964, cuando aprobó unas oposiciones al Banco de España y trabajaba en el Instituto de Crédito Oficial. “Empecé a trabajar y a experimentar con las diversas sustancias del mercado”, decía de aquella época, el momento del LSD. Su investigación prosiguió gracias a un nuevo trabajo en Viena que le permitía disponer de información de primera mano sobre el tema. Su vida en Ibiza, en los psicodélicos setenta, fue también una oportunidad para practicar en primera persona. En su discurso incluía habitualmente su propia relación con este tipo de sustancias, aunque con los años admitió que “cantidades más pequeñas” le hacían más efecto. “Para no tener un mal rollo debo ser cada vez más moderado a la hora de consumirlas”.

Precisamente, sus declaraciones sobre la relación que mantenía con los estupefacientes le llegaron a acarrear una orden de busca y captura por un juez argentino en 1996 por apología de las drogas, debido a su intervención en un programa de televisión en aquel país, especialmente por haber contado que había introducido a sus hijos en el consumo de algunas sustancias, como la mescalina o el LSD, al cumplir estos los 18 años. Para su suerte, ya había abandonado suelo argentino cuando supo de su orden de detención. Sobre esta peliaguda cuestión, él pensaba que los jóvenes debían ante todo de disponer una buena información para actuar con responsabilidad ante las drogas.

Modelo holandés

Entre sus razonamientos, defendía que las elevadas cifras de consumo de droga en España eran culpa de una política “prohibicionista y alarmista”, y consideraba que esa demanda estaba asimismo ligada a la riqueza, al desarrollo económico de la sociedad española, y al deseo por la fiesta, por lo que prefería el modelo de las autoridades holandesas: “Han tomado la sana medida de convencer a la juventud con cosas como los coffee-shops, y al abrir la mano con el cáñamo han conseguido que la gente joven haga caso a las autoridades. De forma que hay drogas en Holanda, pero el consumo es menor”.

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El escritor Fidel Moreno, director de la revista Cáñamo, apunta que en la cuestión de estas sustancias, Escohotado “antepuso el entendimiento al prejuicio, y lo supo trasladar con elocuencia a los medios de comunicación”. “En su defensa del derecho a las drogas no hablaba desde la especulación intelectual, sino que lo hacía desde su propia experiencia, un poco como una cobaya, para que los humanos pudieran disfrutar de las drogas, en vez de sufrirlas o padecer sin ellas”. Moreno añade que “vivió la vida que quiso, en la que no tenía sentimiento de culpa por el consumo, fue un hombre valiente, cuya manera de pensar resultaba deslumbrante”. En síntesis: “Un cultivador del asombro ayudado por la química”.

Escohotado difundió sus ideas también a través de la prensa, fue colaborador, entre otros medios, de EL PAÍS, en los años ochenta, hasta mediados de los noventa. En otro registro, fue premio Espasa de Ensayo en 1999 por la obra Caos y orden, en la que aplicaba la teoría científica del caos a varios ámbitos, como el político, el educativo y el social. En ella defendía el necesario nexo entre las ciencias y las humanidades, separadas artificialmente desde el Renacimiento, argüía. En ese libro vaticinaba también que, gracias a internet, la democracia experimentaría una revolución, que iba a “demandar nuevas y más responsabilidades a los políticos”. En lo político, su pensamiento cuestionaba desde hace años las posiciones de la izquierda, en alguien que venía de ese espectro (”el respaldo democrático a las soluciones socialistas se ha ido reduciendo de una forma drástica”). Por otra de sus publicaciones, El espíritu de la comedia, había conseguido el Premio Anagrama de Ensayo, en 1992, mientras que en su obra Rameras y esposas revisó las relaciones hombre-mujer y madre-hijo.

En 2017, gracias a su hijo, se interesó por las redes sociales, lo que le permitió difundir a través de ellas su obra y evitar a piratas que intentaban sacar réditos de sus publicaciones. Para ello, crearon la web La Emboscadura. Siempre interesado en todo lo que se movía en primera línea en la sociedad, sus opiniones versaban sobre asuntos tan dispares como la inteligencia artificial, de la que se mostraba defensor porque podía hacer más racional al ser humano y ayudar a reducir impulsos atávicos como los celos. O el fútbol. Era muy aficionado al Real Madrid y mostró, por ejemplo, su admiración por Cristiano Ronaldo, al que consideraba “un tipo humilde y trabajador”. Mientras que con la juventud actual, Escohotado era muy crítico: “Es una generación que aún no ha cortado el cordón umbilical y sigue en el útero materno. Estoy un poco asustado con su pasividad. Creo que es invertebrada, consentida y que su voluntad es residual”, señalaba en la misma entrevista. Para quienes quieran ver, en estos tiempos de pensamientos en 140 caracteres, una pincelada de su personalidad, está la frase que encabeza su cuenta en Twitter: “Dogmatismo es preferir prejuicio a juicio, legislación a derecho, lo acostumbrado al libre examen”.

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