Durante las últimas semanas se han multiplicado en los medios de comunicación las noticias sobre supuestas intoxicaciones mortales después de haber consumido cannabis. Esta epidemia de noticias ha coincidido con la promulgación de leyes regularizadoras en algunos Estados. En este artículo analizamos la veracidad y las repercusiones de este tipo de noticias.

Por Fernando Caudevilla

A los pocos días de que la regularización del cannabis en Colorado (EE.UU.) un periódico de ese Estado, el Daily Currant, publicaba una noticia titulada “La sobredosis de marihuana causa 37 muertos el primer día de la legalización“. La crónica relataba cómo durante el primer día de la legalización habían fallecido decenas de personas por sobredosis de esta droga y contaba con testimonios como el del doctor Jack Sephard, cirujano jefe del Hospital de San Luke de Denver, quien señalaba cómo “había metido los cadáveres de cinco jóvenes en bolsas de plástico desde el desayuno y muchos más llegan a cada minuto (…) Hemos visto casos de ataques cardiacos, hipospadias, trimetilaminuria y fallos multiorgánicos”. El presidente de una destilería local señalaba cómo “la marihuana es una droga dura mortal que causa adicción y destruye vidas. ¿Acaso alguna vez han oído que alguien se haya sobredosificado con cerveza?. Los grupos pro-marihuana tienen las manos manchadas de sangre”.

La noticia corrió como la pólvora por las redes sociales, páginas webs y blogs de internet. Varios cargos políticos en todo el mundo (incluyendo a la ministra sueca de Justicia, un senador en Colombia y un diputado francés) aprovechaban la noticia para cargar contra la legalización de la marihuana mientras periódicos y cadenas de televisión difundían la noticia. Pero un momento… ¿qué hace un cirujano atendiendo intoxicaciones por cannabis y metiendo cadáveres en bolsas de plástico en lugar de operar? ¿Por qué, casualmente, ese señor se llama igual que uno de los protagonistas de la serie Perdidos? ¿Qué relación hay entre el hipospadias (una anomalía congénita del pene) o la trimetilaminuria (una rara enfermedad genética y metabólica) con la intoxicación por cannabis? ¿Y no suena un poco a coña el comentario del señor de la destilería?

De acuerdo… un profesional de la medicina o un seguidor de la serie Perdidos puede sospechar de la noticia con más facilidad que el resto de los mortales. Al fin y al cabo no se puede pedir a periodistas y políticos que conozcan que la trimetilaminuria es un defecto en la producción de la enzima flavinmonooxigenasa-3 que da lugar al síndrome del mal olor a pescado. De hecho les confesaré que yo tampoco lo sabía y me he enterado por Wikipedia. Pero no habría estado de más que todos aquellos que dieron credibilidad a la noticia hubieran entrado en la web del Daily Currant para consultar la fuente original. Ya saben, eso de contrastar la información. Y es tan sencillo como entrar en Google. Si hubieran empleado cinco segundos en visitar la página del periódico habrían encontrado entre otros titulares como “Obama propone a Oprah Winfred como embajadora en Rusia”, “Un juzgado prohíbe cantar a Justin Bieber” o “El Papa Francisco amplía el programa de drones en el Vaticano”. Vamos, que el objetivo del Daily Currant como el de El Jueves o Elmundotoday es más entretener o satirizar que realizar periodismo de investigación.

  En un mundo en el que los medios de comunicación tradicionales están cada vez más desprestigiados pero en el que los canales de información se han multiplicado puede ser difícil distinguir la información veraz de la que no lo es. Y todos tendemos a dar credibilidad a aquellas noticias e informaciones que coinciden con nuestros planteamientos y creencias. Por eso la escuela debería incluir como obligatoria una asignatura que enseñara a analizar y mirar de forma crítica la ingente cantidad de información que recibimos a lo largo del día. En el fondo, los que toman este tipo de noticias como verdaderas desean inconscientemente que lo sean, para reforzar sus argumentos (en este caso, que el cannabis es una droga maléfica y maligna que debe permanecer prohibida).

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Pero en ocasiones sucede que la realidad supera a la sátira. O por lo menos parece que eso es lo que pretenden vendernos los medios de comunicación. Aunque la historia del Daily Currant es una broma irónica, durante las últimas semanas los medios se han empeñado en ofrecernos noticias de forma insistente sobre supuestos casos de personas fallecidas tras consumir cannabis. El 31 de Enero de este año distintos medios se hacían eco de la muerte de una ciudadana británica de 31 años llamada Gemma Moss, fumadora habitual de cannabis. Según la información publicada en prensa,  la autopsia “no revela ninguna causa natural de muerte, pero la posibilidad más fiable es que (la mujer) murió debido a una ingesta masiva de cannabis”. La paciente estaba en tratamiento con antidepresivos y las circunstancias de la muerte no están claras en el tratamiento informativo de la noticia, pero ésta ha tenido una amplia cobertura en los principales medios británicos, así como en nuestro país.

A la hora de escribir este artículo, el último boom mediático al respecto está en relación con un artículo publicado en la revista científica Forensic Science International. Los autores, forenses de la Clínica Universitaria de Dusseldorf, presentan el estudio post-mortem completo de dos jóvenes de 23 y 28 años, incluyendo los resultados completos de la autopsia, pruebas toxicológicas, inmunológicas, histológicas y genéticas. Según los autores, la causa probable del fallecimiento de estas dos personas habría sido una complicación cardiovascular (probablemente una arritmia) desencadenada por el consumo de cannabis. Es de destacar que en el artículo original los autores se muestran prudentes, mostrando sus hallazgos como una hipótesis de trabajo, analizando las limitaciones de su estudio y utilizando a lo largo de todo el artículo términos como “parece”, “es probable”, “según nuestra hipótesis”, “es posible”… Por supuesto ninguno de estos detalles aparece en la cobertura que los medios de comunicación han dedicado al estudio.

Así que parece que los muertos por cannabis (como antes la Gripe A, las abejas asesinas, los perros que atacan a niños o las vacas locas) se presentan como una de las tendencias de la sección “informaciones terroríficas” de la temporada de invierno 2014. No parece casual que este tipo de noticias coincida en el tiempo con el inicio del desmoronamiento de la prohibición en algunos países del continente americano. Mientras tanto, en España, el Ministerio del Interior prepara una nueva y retrógada Ley de Seguridad Ciudadana que parece diseñada para aniquilar a las Asociaciones y Clubs Sociales de Consumidores, volviendo a poner en manos de las mafiosas redes de narcotráfico el negocio del cultivo y venta de cannabis. Además, según figura en el actual anteproyecto de ley, la sanción mínima por tenencia o consumo de cannabis en espacios públicos ascenderá a 1.000 euros, el equivalente al sueldo mensual de muchos de los ciudadanos cuya seguridad la ley pretende supuestamente proteger. Como decimos, hay que ser muy ingenuos para creer que la epidemia de noticias sobre muertos por cannabis en este preciso momento sea fruto del azar.

Desde un punto de vista puramente toxicológico, los cannabinoides son sustancias extraordinariamente seguras. Hacer experimentos con humanos para averiguar la dosis letal de un fármaco o droga está muy feo, así que los científicos extrapolan los datos obtenidos a partir de experimentos en animales. En toxicología se define como “LD50” la dosis necesaria para matar al 50% de un grupo determinado de animales de una especie. De esta forma y a través de modelos matemáticos que consideran el peso, metabolismo y las características de los animales, es posible estimar la LD50 de una sustancia determinada en humanos. Los estudios científicos de una institución tan poco sospechosa de ser procannábica como la DEA norteamericana estiman que, en humanos, sería necesario consumir entre 20.000 y 40.000 porros de una vez para provocar un fatal desenlace. Esta escasa toxicidad orgánica del cannabis tiene su propio fundamento neurobiológico. Los centros cerebrales encargados de regular funciones vitales básicas como la respiración o el latido del corazón son pobres en receptores de cannabinoides en todas las especies animales. Por eso, ante una sobredosis de esta sustancia se ven poco o nada alterados.

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Entonces… ¿es posible morir por una intoxicación cannábica? Probablemente sí. Antes de que los ayatolas procannábicos (que a veces pueden llegar a ser tan fanáticos e integristas como los Cruzados Prohibicionistas) me lapiden por violar el precepto cannábico “nadie-ha-muerto-jamás-en-la-Historia-del-Universo-como-consecuencia-de-una-intoxicación-cannábica” déjenme que les explique. En biología los términos absolutos como “siempre”, “nunca” o “es seguro” o “es imposible” no deberían utilizarse. La curación espontánea del SIDA, la regresión de tumores malignos o la recuperación absoluta desde la muerte cerebral son fenómenos que están descritos. Incluso, en ocasiones, la ciencia no puede encontrar explicación para determinados fenómenos. Pero es importante diferenciar entre los casos excepcionales, anecdóticos o extraordinariamente infrecuentes del devenir lógico y natural de los acontecimientos. Los efectos cardiovasculares de los cannabinoides (disminución de la tensión arterial y taquicardia) podrían, en teoría, desencadenar una cascada de acontecimientos que terminen con la vida de una persona. Pero, de ser así, nos encontraríamos ante una circunstancia extraordinariamente rara e irrelevante desde un punto de vista epidemiológico. Y eso viene a ser lo que dice el artículo científico publicado en Forensic Science International que mencionábamos previamente. El que algo sea posible no implica que algo sea probable o que se trate de un riesgo significativo o un nuevo problema al que hasta ahora no habíamos prestado atención.

En este sentido, morir por una intoxicación cannábica es posible como también lo es morir como consecuencia del impacto de un meteorito venido del espacio exterior. De hecho, en 2011 se documentó un caso de este tipo en Perú (con un muerto y seis heridos) pero todos entendemos perfectamente que no es uno de los riesgos a considerar cuando uno sale de casa. En el caso del cannabis, el hecho perverso es que un hecho excepcional o una hipótesis de investigación se presenta como un nuevo problema o amenaza, con el único objetivo de crear un estado de opinión pública negativo hacia la planta, en un entorno en el que el fracaso de la Prohibición resulta cada vez más evidente.

Las “muertes por cannabis” no son el único elemento de esta campaña de desinformación. Hace unos días se publicaban noticias sobre un supuesto reparto de caramelos de cannabis a niños en el carnaval de Bélgica, basadas en opiniones, suposiciones y sin aportar un solo dato objetivo. Vamos, un remake en toda regla de las inexistentes calcomanías impregnadas de LSD que los camellos llevan repartiendo en la puerta de los colegios durante los últimos 50 años. En las mismas fechas hemos podido leer noticias sobre cuadros de intoxicación graves relacionadas con cannabinoides sintéticos. Sustancias entre 100 y 1.000 veces más potentes que la marihuana y que no han sido probadas jamás en humanos. En este caso sí es verdad que los consumidores de Spice, JWH y otras porquerías semejantes se comportan como auténticos conejillos de indias. Pero cuando la información es sobre todo espectáculo, es imposible distinguir los peligros reales de los ficticios. Exactamente igual que en el cuento de Pedro y el Lobo.