Hola, somos miembros de una asociación cannábica y queremos elaborar extractos de cannabis para administración por vía oral. ¿Cuál es la mejor forma para preparar aceites o concentrados de cannabis para uso terapéutico?


Los aceites o concentrados de cannabis son extracciones de los cannabinoides y otros productos con potenciales efectos terapéuticos (fundamentalmente terpenos) que se obtienen a partir del tratamiento de la planta con distintos métodos físicos o químicos. La eficacia del producto final depende de muchos factores: el primero de ellos es el contenido en cannabinoides de la planta. Es necesaria una concentración adecuada de THC y CBD (sobre todo de este último, poco frecuente en variedades de uso recreativo).

La extracción puede realizarse con distintos solventes químicos, que “arrastran” los cannabinoides. El butano es un gas muy eficaz para este proceso, pero es altamente inflamable, va a presión y existen riesgos por lo que sólo debería ser empleado por parte de personas bien entrenadas y con todas las normas de seguridad necesaria. Lamentablemente en la mayoría de los casos esto no es así y con cierta frecuencia se producen accidentes que pueden tener consecuencias fatales.

La nafta, el éter de petróleo, el hexano o el ciclohexano son otros de los disolventes utilizados, aunque no son muy recomendables ya que pueden quedar residuos en el producto final que sean perjudiciales para la salud. La aplicación de calor aumentará la viscosidad y facilitará la eliminación de estos productos (aunque siempre pueden quedar residuos) a costa de eliminar terpenos y otras sustancias presentes de forma natural en la planta del cannabis.

Así, el etanol y el aceite de oliva son los vehículos más adecuados para realizar la extracción, aunque el primero arrastra también clorofila, lo que da al producto final un color verde y un sabor desagradable: el tratamiento con carbón activado elimina de forma eficaz este problema. Además, el etanol puro es un solvente caro (no es válido el alcohol de farmacia para desinfectar heridas, sino que debería obtenerse etanol absoluto de 96º en una tienda de productos químicos).

Pero el aceite de oliva tiene todas las propiedades óptimas para preparar aceites para automedicación. Calentando el aceite al baño maría en agua durante 120 minutos se conseguirá que su temperatura suba hasta cerca de los 100º, suficientes para transformar el THC en forma ácida THC-A en THC. Se deja enfriar la mezcla y se separa el aceite del material herbal utilizando una cafetera de prensa francesa. El producto final contiene, por lo general, una cantidad suficiente de cannabinoides, aunque la concentración final dependerá de la potencia de la planta y este método no es muy adecuado para la extracción de plantas que contienen poco THC y CBD. El único inconveniente es que no puede concentrarse por evaporación, por lo que el volumen final a consumir puede ser mayor que con otras preparaciones. Sin embargo, por su sencillez, inocuidad, precio, ausencia de productos tóxicos y sabor, debería ser el método de elección a la hora de elaborar preparaciones orales.

Conviene señalar que las preparaciones orales tienen sus propias particularidades: un mayor tiempo en hacer efecto y un riesgo más elevado de intoxicación por vía oral al ser difíciles de prever los efectos. Las indicaciones son las mismas que están avaladas desde un punto de vista científico, pero la “curación del cáncer” utilizando extractos orales es un mito sin fundamento científico alguno.