El informe detecta apoyo desigual a cada sustancia y mucha incertidumbre sobre si hablar de ellas con la VA puede afectar a las prestaciones

RAND publicó el 23 de junio un informe sobre veteranos de Estados Unidos y psicodélicos, identificado con el DOI 10.7249/RRA4334-3, que estima que 4,8 millones de exmilitares han usado alguna vez psilocibina, LSD o MDMA. La misma investigación, presentada también en una nota pública de la institución, parte de la encuesta RAND Psychedelics Survey de 2025 y llega en pleno acelerón político y clínico alrededor de estas terapias en el entorno federal estadounidense.

La cifra es relevante porque pone volumen a un debate que hasta ahora se movía muchas veces a base de testimonios, lobbies y promesas terapéuticas, pero conviene leerla con cautela. El documento técnico de RAND se apoya en respuestas autodeclaradas de 1.339 veteranos recogidas en septiembre de 2025, no mide eficacia clínica y deja claro que el uso durante el último año fue inferior al 3% para cada sustancia analizada. Aun así, el dato más incómodo quizá no sea el de consumo, sino el de incertidumbre institucional: un 48% no sabía si hablar con su médico de la VA sobre psilocibina podría poner en riesgo sus prestaciones, y un 46% dudaba de lo mismo en el caso del MDMA.

El informe también muestra que los veteranos no meten todos los psicodélicos en el mismo saco. RAND señala que casi uno de cada cuatro apoya el uso legal de la psilocibina, mientras que el respaldo cae al 11% para el LSD y al 9% para el MDMA. Esa diferencia importa porque desmonta la idea de un apoyo homogéneo a cualquier sustancia etiquetada como terapia emergente y obliga a distinguir entre compuestos, indicaciones y grados de aceptación social.

La otra cifra con peso político aparece cuando se pregunta por la propia red asistencial de veteranos. Si la FDA llegara a aprobarlas, el 54% respaldaría que la VA pagase terapias asistidas con psilocibina y el 45% haría lo mismo con las de MDMA. No es una mayoría arrolladora, pero sí una base suficiente para que el asunto deje de ser una conversación marginal y entre de lleno en la discusión sobre cobertura, protocolos y seguridad.

Ese contexto encaja con movimientos recientes que Cannabis Magazine ya viene siguiendo. Hace menos de un mes contamos cómo la VA abrió un ensayo con MDMA para veteranos con TEPT y alcoholismo, subrayando entonces que la terapia seguía siendo experimental y que reclutar pacientes no equivalía a abrir acceso clínico general. La nueva fotografía de RAND añade una capa distinta: no habla de resultados terapéuticos, sino de magnitud social, percepción de riesgo y disposición política dentro de una población a la que Washington invoca cada vez con más frecuencia.

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También enlaza con el giro legislativo y presupuestario de las últimas semanas. Ya explicamos que el Congreso de EE UU propuso alargar hasta 2033 la investigación militar con psicodélicos, y esa continuidad institucional ayuda a entender por qué RAND considera prioritario aclarar qué puede o no puede decir un veterano a sus médicos sin temor a consecuencias administrativas. Si la política pública acelera la investigación, pero la norma cotidiana sigue siendo opaca para los pacientes, el cuello de botella deja de estar solo en la ciencia.

La lectura razonable, por tanto, no es que Estados Unidos haya resuelto ya el lugar de la psilocibina o el MDMA en salud mental, sino que la presión para fijar reglas más claras está creciendo. El propio informe recuerda que menos del 1% de los veteranos había usado ibogaína o iboga, pese al ruido político reciente en torno a esa sustancia. Para seguir el debate con más contexto clínico y cultural puede consultarse también Fuertedélica, pero la novedad factual de esta pieza está en el documento primario de RAND y en lo que revela sobre una comunidad que sigue atrapada entre la esperanza terapéutica y la ambigüedad regulatoria.

Acerca del autor

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Raúl del Pino es un destacado psiconauta, escritor y autoridad en sustancias psicoactivas, especialmente psicodélicos.

En 1996 impulsó, el primer portal en lengua hispana sobre drogas, se ha enfocado en los Estados Modificados de Conciencia y la Psicología Transpersonal. Autor de los libros "Guía contemporánea para el viaje psicodélico" y "MDMA, sexo y tantra", Raúl combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y prácticas espirituales. Su trabajo contribuye significativamente a la comprensión y uso responsable de sustancias psicoactivas.

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