¿Por qué debemos hacer una cata con vaporizador?
En estos tiempos que corren, cada vez se celebran más copas cannábicas, de ahí la necesidad de que existan jueces especializados. Estos jueces suelen tener amplios conocimientos sobre cultivo, pero, además, deben tener una gran experiencia consumiendo cannabis, ya sea mediante la combustión o, como en mi caso, a través de la vaporización. En mi opinión, cuando hacemos una cata, debemos hacerla de la forma menos adulterada posible, por lo que agentes externos como el papel no tienen cabida en mi forma de evaluar una muestra. Estos agentes pueden alterar tanto el sabor como el posterior efecto de la muestra.
Comienza la cata: eligiendo los vaporizadores
Ejercer de juez en la Spannabis Champions Cup conlleva una gran responsabilidad, por lo que utilizaremos tres vaporizadores diferentes. De esta forma, ninguno podrá condicionar nuestra valoración. Nos hemos decantado por usar un gasificador, un vaporizador de sobremesa y uno portátil. Cada uno nos mostrará una u otra cualidad de la muestra a evaluar. Debido a que la categoría en la que ejerzo de juez es “Flor CBD-rich”, ajustaremos el gasificador a 195 grados Celsius, mientras que el vaporizador de sobremesa –al no disponer de termostato regulable– estará fijado a 189 grados Celsius. Al utilizar altas temperaturas, conseguiré extraer todo el potencial de la muestra, mientras que el vaporizador portátil lo ajustaremos a una temperatura inferior.
Además de estos tres vaporizadores, necesitaremos un grinder y una lupa o microscopio, para poder ver con mayor claridad el estado de las flores y sus tricomas. En mi opinión, la elección del grinder también puede condicionar la posterior valoración. Ya sea porque el grinder está sucio o simplemente porque puede desprender pequeñas partículas que modifican el sabor de la muestra a juzgar. Recomiendo limpiar el grinder antes de usarlo. Si nuestro grinder fuese de poca calidad –tipo plásticos–, recomiendo no alargar la vida útil.

Comienza lo bueno: empezamos con la cata
Cuando comienzo la cata de muestras de una competición, lo primero que hago es echar un vistazo rápido a todas las muestras –sin tan siquiera abrirlas– para hacerme una primera idea del nivel en general. Esto lo hago porque no hay el mismo nivel en todas las copas, y creo que la valoración debe tener muy en cuenta el conjunto de muestras presentadas. Una vez echado el primer vistazo, suelo elegir al azar una de ellas y la dejo preparada para comenzar la cata al día siguiente. Esto lo hago para que mi cuerpo este fresco y limpio de cualquier efecto anterior.
Cuando comienza un nuevo día, lo primero que hago es oler la muestra que cataré; de esta forma consigo apreciar mejor su olor. Una vez olfateada, le otorgo una nota inicial, la cual me servirá de referencia. Esto lo hago así porque, personalmente, soy capaz de captar mejor los olores justo al despertar. Cuando ya he hecho la primera inspección y he desayunado, es cuando me dispongo a realizar una exhaustiva inspección ocular.
Primero simplemente observo la flor –sin ayuda de la lupa–, para ver cómo de formada está. Si la flor es compacta y está bien formada, le otorgo un siete de salida en la categoría de presencia. A este siete le sumo o resto otro punto según lo minucioso que haya sido el manicurado. Para completar los puntos de la valoración del aspecto, me ayudo de una minilupa de 45 aumentos, con la que observaré el estado de los tricomas. En el caso de que los tricomas sean de un tamaño considerable y que estén en su punto óptimo de corte, le otorgo los dos puntos extra que faltaban. De no cumplir una de estas condiciones, sólo le daré un punto más. En el caso de no cumplir ninguna de estas características no le doy ningún punto, quedando su nota en un ocho como máximo.

Valorando el aroma
Aunque nada más despertar hice la primera valoración, una vez puntuado el aspecto es cuando me centraré en valorar el aroma de la muestra. La primera valoración es la que marcará el camino a seguir, ya que le otorgué entre uno y cinco puntos, dándole más o menos según la intensidad del olor en la primera inspección. A estos cinco puntos –como máximo– les añado dos más si el olor de la muestra es de mis preferidos, quedando estos dos puntos muy condicionados por las preferencias y gustos del juez. Para completar la valoración del aroma, otorgaremos entre uno y tres puntos según los matices que muestre. Estos matices los valoraremos cerrando los ojos y volviendo a olfatear la muestra, de esta forma, y gracias a la memoria olfativa, podremos encontrar diferentes matices que serán valorados en mayor o menor medida según su intensidad y su variedad. Además, la cantidad y calidad de estos matices nos pueden dar una idea del sistema de cultivo empleado para cultivar la flor a valorar. Obteniendo mejor valoración –en la mayoría de los casos– cuando la planta fue cultivada en tierra y de forma orgánica. Estas muestras suelen tener un olor mucho más fuerte y carente de los matices característicos de plantas cultivadas en sistemas hidropónicos, alimentadas con abonos de síntesis química.
Despertando las papilas gustativas: valorando el sabor
En mi opinión, ésta es la característica más difícil de valorar ya que, además de la subjetividad del juez, también entra en juego la forma en la que consumiremos la muestra a valorar, de ahí que vayamos a utilizar tres máquinas de vapor distintas para realizar dicha valoración.
Para comenzar la valoración utilizaremos el gasificador, en el que pondremos apenas 0,1 gramo de flor, cantidad más que suficiente para hacer una cata en esta unidad. Esta primera cata la hago a unos 195 grados Celsius, una temperatura muy alta para notar el primer gran impacto de sabor en mi paladar. Además, para que el impacto sea mayor, no hidrato el vapor antes de inhalarlo. Gracias a esto, si la muestra a valorar tiene algún sabor extraño –como puede ser a restos de abonos– lo detectaré con mayor facilidad, intensificándose el mal sabor en el caso de haberlo. Si el sabor es placentero y carente de regustos extraños, le asignaremos hasta ocho puntos, que incrementaremos en dos si el sabor de la muestra es de nuestros favoritos. Como ejemplo, personalmente soy un amante de los sabores Haze, por lo que las muestras con este sabor obtendrán en mi valoración, con mayor facilidad, estos dos puntos extras. Esto no quiere decir que sólo las muestras con sabor Haze pueden alcanzar los 10 puntos, sino que, sinceramente, admito que en este caso en concreto es más sencillo, por mi subjetividad a la hora de juzgar, pero una muestra que sea indiscutiblemente buena puede alcanzar el 10 aunque no sea de mi agrado. En cualquier caso, esta valoración la anotaremos, ya que más tarde tendremos que compararla con pruebas posteriores, de las que haremos una media.

Para hacer la siguiente degustación espero al menos una hora, para que mis papilas gustativas hayan tenido tiempo de olvidar el sabor anterior. En esta segunda ronda utilizaré un vaporizador de sobremesa con sistema de hidratado pero carente de termostato regulable por lo que haremos la cata a 189 grados Celsius, que es la temperatura prefijada de dicho vaporizador. Otra diferencia respecto a la primera cata es que en esta segunda utilizaremos 0,3 gramos de flor triturada –recordemos que debemos triturarla, siempre, con un grinder limpio–. En esta segunda cata seguiremos el mismo sistema usado con el gasificador, apuntando la nota obtenida para hacer la posterior media.
Para terminar la valoración de la muestra, realizaremos una tercera cata. En este caso utilizaremos un vaporizador portátil de gama media/alta. Lo ajustaremos a unos 170 grados Celsius y en él introduciremos apenas 0,2 gamos de flor. Gracias a esta baja temperatura podremos apreciar mucho mejor los matices, de ahí que en esta tercera cata sólo valoraremos la cantidad y calidad de los matices. Para ello otorgaremos entre uno y ocho puntos según la cantidad y calidad en los matices, a los que añadiremos dos puntos más en el caso de resultar excepcionales.
Cuando ya he realizado las tres catas, hago una media de las tres valoraciones obtenidas con las diferentes máquinas de vapor para obtener así la valoración final en el apartado del sabor.
¿Valoramos el efecto?
En esta ocasión no tendremos que valorar el efecto producido por las muestras, ya que la organización ha decidido, debido a su subjetividad, no tener en cuenta esta valoración. Ananda Analitics Lab, un laboratorio externo a la organización y totalmente independiente de los jueces, analizará las muestras y premiará a las que más cannabinoides tengan. En esta categoría, le darán un premio a la que más CBD albergue. Este hecho marcará un antes y un después en la forma en la que se realizan las copas cannábicas, ya que se ha sustituido la subjetividad del juez por la absoluta certeza de un análisis.
¿Empate? Toca sacar el test de Beam
Dada la gran calidad de las muestras presentadas en la copa, al recopilar todas las notas observé que había algunas con la misma valoración, de ahí que haya decido desempatar usando el test de Beam. Con este test pude saber qué muestras tienen más cantidad de CBD y, así, otorgarle un punto extra –ficticio– a su valoración para desempatar.
Una vez hecho el test a todas las muestras, sólo utilicé los resultados más evidentes, debido a su imprecisión, para desempatar. De esta forma obtuve unas notas bien diferenciadas y argumentadas. Debo decir que, con este test, además, pude observar la enorme cantidad de CBD que mostraban muchas de las muestras, hecho que me ha sorprendido gratamente.
Tras poder disfrutar de la cata de estas maravillosas muestras CBD-rich, sólo me quedaba enviar la hoja de valoraciones a la organización y esperar deseoso la entrega de premios.
Acerca del autor

Raro Genetics
Cultivando, extrayendo y vaporizando desde el siglo pasado. Cientos de artículos publicados en los medios más prestigiosos del sector cannábico en España. Juez en las copas más renombradas en Europa. Presidente asociación de CBD-rich. Fundador de Origami Extracts Tools. @raroweed



















