Las fiestas de éter precedieron a su consumo anecdótico

En la actualidad, la vinculación del éter con el mundo de las drogas parece circunscribirse básicamente a su uso en el proceso de extracción de la cocaína; sin embargo, hubo un tiempo en el que las cosas eran bien distintas. Veámoslo.

Historia

El éter, como acabamos de mencionar, es uno de los productos habitualmente empleados en la producción de cocaína. Por lo demás, fue también la sustancia usada originalmente a finales de los años 70 para obtener cocaína base libre, aunque más adelante fue sustituida por el amoniaco y el bicarbonato que, a pesar de dar como resultado una “base” menos pura y lograda, eran más fáciles y seguros de manejar, en tanto en cuanto que con el éter frecuentemente se producían accidentes debido a su alta inflamabilidad.

Pero más allá de estas recientes utilidades, la historia del éter se remonta varios cientos de años atrás. Tanto que fue descubierto en el año 1275 por Ramón Lull, poeta, novelista, teólogo, inventor, marinero y misionero catalán. Un par de siglos más tarde, en 1540, Valerius Cordus lo sintetizó y lo denominó “vitriolo dulce”; y también ese año el mismísimo Paracelso descubrió sus propiedades anestésicas.

En 1730 Frobenius le dio su actual nombre y desde finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX fue empleado con diversas finalidades médicas: tratamiento de la fiebre, de la inflamación pulmonar, de la tuberculosis, de los cálculos renales, etc. En 1841 el Dr. Crawford Williamson inició su uso como anestésico en cirugía menor y en 1846 Oliver Wendell Holmes acuñó el término “anestesia” cuatro semanas después de presenciar una demostración de las prácticas con éter en el Hospital General de Massachusetts.

Actualmente apenas es usado como anestésico (salvo en países en vías de desarrollo debido a su bajo precio) debido a que es muy inflamable y a los efectos secundarios que puede producir (náusea y vómito), habiendo, a día de hoy, fármacos más seguros y eficaces.

Mano sujetando con una toalla el cuello abierto de un frasco de vidrio ámbar
Apertura de un frasco de vidrio ámbar

Se usa, no obstante, en veterinaria para retirar las garrapatas de los animales domésticos o de los humanos. Al igual que se utiliza también en entomología a la hora de recolectar o cazar insectos: se impregna éter en un algodón y se le acerca al insecto para que fallezca sin sufrir daños estéticos.

Por último, también es ampliamente utilizado en la industria, como solvente, especialmente en la producción de plásticos de celulosa.

Usos recreativos

De los usos recreativos del éter tenemos constancia, por ejemplo, en la novela Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thomson, que en determinado punto comenta:

“Teníamos 2 bolsas de hierba, 75 cápsulas de mescalina, 5 hojas enteras de ácido superpotente, medio salero lleno de cocaína, una galaxia entera de todo tipo de píldoras multicolores. También una botella de tequila, otra de ron, una caja de cervezas, un frasco de éter puro y 24 poppers.”

“Lo único que realmente me preocupaba era el éter. No hay nada en el mundo más impotente, irresponsable y depravado que un hombre en las profundidades de un atracón de éter”.

Asimismo, en la prensa latinoamericana, especialmente en la mexicana, periódicamente se alude a la creencia popular que reza que en los bares y discotecas los propietarios acostumbran a aliñar los hielos de las copas con éter con la finalidad de que se intoxiquen más y, con ello, que consuman más (y en su caso, para aprovecharse de una u otra forma del estado de inconsciencia de los clientes/víctimas). Al respecto baste decir que el éter tiene una densidad menor que el agua, de modo que, por el proceso típico de elaboración de los hielos en una máquina de hostelería, el éter nunca llegaría a congelarse, aparte de que quedaría separado del agua como sucede cuando ésta trata de mezclarse con el aceite.

A su vez, en los foros de Internet enfocados a los consumidores de drogas, de forma puntual suele aparecer alguien que pregunta sobre esta sustancia, sobre cómo consumirla y sobre cuáles son sus efectos; así como, lógicamente, quienes contestan aportando sus experiencias:

Vaso con líquido transparente junto a un frasco ámbar de 250 ml etiquetado como éter etílico
Frasco de éter etílico junto a un vaso

“A decir verdad, mi experiencia con el éter es muy vasta, solo debes estar cien por ciento segura de que es éter etílico, y no éter metílico. Este último te causaría una embolia y podrías morir. Bueno, yo he consumido éter cruzado con todas las drogas que te puedas imaginar, e incluso solo, y te digo por experiencia que embarrarlo en un pañuelo es lo mejor.”

“El éter solo, la verdad es algo aterrorizante al principio. Primero sentirás un cosquilleo por el cuerpo y una sensación satisfactoria de euforia. Después de que inhales un poco más, comenzarás a sentir como si te despegaras del suelo y comenzarás a elevarte lentamente como si fueras agarrado de un globo y, de repente, se reventará el globo, y una caída como en los sueños, pero rápida y eso es lo que aterroriza. Después un subidón de euforia y una sensación indescriptible. En lo personal lo mas impresionante que jamás he probado en mi vida, aun más potente que la heroína.”

Ergon (Cannabis Café).

“Yo conseguí ese mismo éter, y los efectos a mí me agradaron mucho, te digo lo que sentí: fue como el cloruro de berilio, pero dura muchísimo más, te ríes, te sientes mareado (no con dolor de cabeza, se mueve, pero no te sientes nada mal). Yo veía las cosas pues empanao pero cuando cambia el punto de mira, en lugar de verlo como si fuera un vídeo todo seguido lo veía como si fueran fotos (no sé si me explico bien, ese nunca ha sido mi don). La música cambiaba de ritmo, aunque siempre seguía una pauta totalmente diferente a la que estaba sonando de verdad. Y con el éter estaba cachondo a tope, no sé, moló mucho. Al principio en el bar lo hicimos disimuladamente, luego ya desvariamos (menos mal que era el típico bar amigo, que el camarero y el jefe también se metieron).”

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Luks (Cannabis Café)

No obstante, los testimonios son pocos, muy pocos, salvando, si acaso, aquellos que figuran en la web de Erowid, en la que, como es habitual, podemos encontrar experiencias de todo tipo: primeras experiencias, malos viajes, combinaciones, etc.

“Mis amigos habían estado inhalando éter y yo, que me encontraba en un profundo estado depresivo, pensé que hacerlo podría elevarme un poco el ánimo o al menos ocupar mi mente en otras cosas por un momento. Y desde luego que un escape del mundo real ciertamente lo fue. En menos de un minuto empecé a notar sus efectos: todo me hacía gracia y mi visión lentamente se fue desenfocando. En determinado momento, empecé a tener visiones con los ojos abiertos y a escuchar cosas raras. Los sonidos estaban muy exagerados. Escuchaba un zumbido fuerte y extraño que resultó ser un ventilador. Lo miré y pude verlo girando con colores que se extendían desde cada cuchilla. Cada vez que alguien decía una frase o palabra me llevaba a una ocasión anterior en que la había pronunciado. Lo mismo ocurría con las personas, literalmente me mandaban a otro lugar, siento que estoy realmente allí. Es absolutamente el mejor viaje que puedo obtener con una sustancia legal. Ahora bien, un día después me duele la garganta y me cuesta incluso fumar. Es más, uno de mis amigos empezó a toser sangre después del viaje.”

Detalle de una etiqueta amarilla con el texto «250 ml Éter etílico» en varios idiomas
Etiqueta de éter etílico

Pumpkin Head, Good and Very Bad (Erowid)

En cualquier caso, entre unos y otros, repetimos: los testimonios, relatos y experiencias no dejan de ser muy escasos, lo cual no hace sino reflejar lo anecdótico que resulta hoy el uso del éter con fines recreativos.

Hace un siglo, e incluso más de un siglo, la situación, sin embargo, era bien distinta, puesto que a finales del siglo XIX y principios del XX el consumo de éter era relativamente frecuente y habitual, datándose sus usos recreativos de al menos cien años antes.

De hecho, hubo un momento en que según iba propagándose el movimiento por la templanza, el uso de éter fue instaurándose como una alternativa al alcohol legal y bien vista, especialmente entre las mujeres. Tanto en Europa como en los Estados Unidos se consumía en bodas, encuentros entre profesionales y en fiestas de todo tipo. Existían, de hecho, las ether-parties, fiestas en las que específicamente se consumía esta sustancia y no otras. A finales del siglo XVIII fue ampliamente consumido en Irlanda, debido a que era bastante más barato que el whisky y a que se consideraba que también era mucho menos perjudicial para la salud.

Primer plano de una toalla blanca con franjas verdes sobre una superficie beige
Toalla blanca y verde

Aun con todo, el propio Louis Lewin, en su libro Phantástica, que incluye un extenso apartado sobre el éter en la categoría Inebriantia, se ocupa de dejar constancia de las posibles consecuencias indeseadas que puede traer consigo el uso y el abuso de esta droga:

“Las molestias orgánicas generalmente empiezan con desordenes en las funciones estomacales. Dolores y vómitos son frecuentes. Temblores y debilidad muscular algo menos frecuentes. La actividad del corazón pronto se vuelve irregular y débil. La piel se vuelve pálida. También cambia el carácter. Pueden observarse irritabilidad, cambios repentinos de humor y pérdida de fuerza de voluntad. Las personas se vuelven negligentes y vagas.”

Finalmente concluye:

“La cura de esta manía es casi imposible. El síndrome de abstinencia ha podido ser superado pero raramente no se producen recaídas. Durante el tratamiento, los síntomas de privación ocurren como en la morfinomanía. El insomnio es muy marcado, el delirio ocurre ocasionalmente seguido de convulsiones. Se sabe de un paciente que falleció debido a éstas últimas.”

Preguntas frecuentes

¿Cuándo comenzó a utilizarse el éter como anestésico?

Según el artículo, el doctor Crawford Williamson inició su uso como anestésico en cirugía menor en 1841.

¿Por qué apenas se usa hoy el éter como anestésico?

Por su elevada inflamabilidad, sus efectos secundarios, como náuseas y vómitos, y la existencia de fármacos más seguros y eficaces.

¿Fue habitual el consumo recreativo de éter?

A finales del siglo XIX y principios del XX fue relativamente frecuente, incluso en fiestas específicas, aunque actualmente se considera anecdótico.

Acerca del autor

eduardo
Eduardo Hidalgo

Yonki politoxicómano. Renunció forzosamente a la ominitoxicomanía a la tierna edad de 18 años, tras sufrir una psicosis cannábica. Psicólogo, Master en Drogodependencias, Coordinador durante 10 años de Energy Control en Madrid. Es autor de varios libros y de otras tantas desgracias que mejor ni contar.