Cerca de mil solicitantes han aplicado para conseguir uno de los 150 primeros permisos que les permitirá vender todo tipos de productos derivados del cannabis.

El regulador creado para arbitrar la industria, bajo el nombre de Oficina de Gestión del Cannabis (OCM, por sus siglas en inglés), tiene previsto adjudicar las licencias antes de que acabe el año.

Es el comienzo de un negocio que podría generar 1.300 millones de dólares en ingresos en su primer año y crear hasta 24.000 nuevos empleos en los próximos tres años, según cálculos del Controlador de la Ciudad, encargado de las cuentas.

Las arcas públicas del estado podrían llegar a recaudar unos 3.100 millones de dólares (3.126 millones de euros) anuales. Unas previsiones muy optimistas comparadas con los 4.000 millones de dólares de impuestos que ha ingresado California, el primer mercado de EEUU, desde que legalizó la marihuana en 2018, según el Departamento de Administración de Impuestos y Cuotas (CDTFA).

El retraso de las licencias no ha evitado que el negocio comience a funcionar. La impaciencia ha provocado la proliferación de vendedores callejeros y la apertura de varios clubs de cannabis que intercambian sus productos por la membresía. «Como no ofertaban las licencias, nos vinimos aquí», comenta una pareja, «llámanos Scott y Daisy», añaden, en su puesto de Washington Square Park, epicentro del mercadillo especializado de la ciudad.

La despenalización en un hecho. Así que, por el momento, las autoridades han hecho la vista gorda sobre la venta sin licencia. La situación está previsto que cambie cuando comiencen a operar los dispensarios. El regulador de la industria ya ha advertido que perseguirá con multas y posibles acciones penales a los que continúen con la venta sin permiso.

Los más arriesgados han aprovechado la espera para alquilar locales, montar las tiendas y tenerlo todo preparado para cuando llegue el visto bueno. Es el caso del Empire Cannabis Club, con dos localizaciones en Manhattan, que opera como un club a pie de calle con una cuidada decoración de diseño. «Están convirtiendo el mercado recreativo en una réplica del mercado médico antes de que la gente como nosotros tenga la oportunidad de entrar», advierte Lenore Elfand, copropietaria del local.

Prioridad para los convictos

El temor de los que ya han invertido en el negocio ha crecido al ver que la Administración ha dado prioridad en las licencias a personas que hayan sido condenadas (o a familiares suyos) por delitos relacionados con el cannabis. También porque será el regulador quien elija los locales, negocie los alquileres y entregue luego las llaves a los agraciados. Un desarrollo de la industria que podría dejarles sin posibilidades por no poder integrar sus locales en la lista.

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La regularización impulsada por la gobernadora de Nueva York, la demócrata Kathy Hochul, pretende resarcir a las minorías – sobre todo entre las comunidades negras y latinas- afectadas por la dureza de la política de Guerra contra las drogas, impulsada desde los 70 durante la Administración de Richard Nixon.

Un planteamiento innovador respecto a los otros 17 estados de EEUU que han regularizado el comercio de la marihuana. «La gente que ha estado en este mercado durante los últimos 15 años merece seguir en ello», explica David Holland, presidente de la Asociación de la industria del Cannabis de Nueva York, que ha participado en la implantación del sector.

La decisión de dar prioridad a los convictos «desafía todo el modelo de negocio» que pretendían los grandes productores, añade Holland. La regularización de la hierba en Nueva York siempre estuvo condicionada a la amnistía que ha perdonado las penas a 400.000 personas. Este indulto se adelantó al que acaba de otorgar el presidente de EEUU, Joe Biden, a todos los presos del país por este motivo a menos de un mes de las elecciones de medio término de noviembre.

Tanto la pareja que vende hierba en Washington Square como la propietaria del club cumplen el principal requisito. «Me condenaron a dos años por fumar en la calle», dice Scott. «En los años 60, mi tío fue asesinado en el Bronx comprando hierba. Y mi hermano pasó 10 años en una prisión federal por cultivar», comenta Elfand. Ninguno de ellos está seguro de poder conseguir la licencia para cuyo proceso han tenido que abonar 2.000 dólares.

Fondo público-privado

Con la finalidad de desarrollar el mercado equitativo que se persigue, el estado ha establecido un fondo de 200 millones de dólares para otorgar préstamos a los nuevos propietarios. Los primeros 50 millones de dólares han salido de la hucha pública y el resto está en plena recaudación entre inversores privados. Los futuros emprendedores también tienen que demostrar haber tenido éxito en algún negocio que puede ser modesto como un estanco o una tienda de conveniencia.

La previsión es que la red crezca hasta unas 900 licencias minoristas y genere 4.200 millones de dólares en ingresos para 2027, según un informe de la industria. «Estamos lanzando la industria del cannabis de la manera correcta», defiende el director ejecutivo de la Oficina de Gestión de Cannabis, Chris Alexander. Por el momento, se repartirán 22 locales en Manhattan, 20 en Long Island, 19 en Brooklyn, 16 en Queens, 10 en el Bronx y 3 en Staten Island.

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El paso previo a las licencias ha sido asegurar que habrá suficiente suministro. La ley federal obliga a los minoristas a surtirse solo de los productores del propio estado. Por eso, el pasado mes de agosto Nueva York otorgó las primeras autorizaciones a 15 granjas de cannabis del territorio. «Cuando abramos las primeras tiendas, los estantes estarán repletos de todo tipo de productos, como gominolas comestibles, cremas tópicas y aceites concentrados, de calidad», explico Tremaine Wright, presidenta de la Junta de Control de Cannabis.

Un dispensario promedio puede generar hasta 1,8 millones de dólares de beneficio con 3 millones de dólares de ingresos, según una investigación de Statista. Según los datos publicados por el medio especializado en cannabis MMJ Business Daily, el 15% de las tiendas del país declararon en 2021 unos ingresos anuales de menos de 100,000 dólares, el 27% entre 100.000 y 250.000 dólares, el 15 % entre 500.000 dólares y 1 millón, y más de una cuarta parte superaron el millón.

A pesar de los jugosos beneficios, la conocida como capital del mundo quiere ser un referente en el desarrollo del mercado justo del cannabis. Los expertos se mantienen cautos con el resultado. «El tiempo dirá si este concepto de micronegocios funciona», dice Holland. Por el momento, se desconoce si las futuras licencias mantendrán la prioridad para los convictos.

Los encargados de desarrollar el mercado mantienen el optimismo sobre este nuevo marco de legalidad que han bautizado como la «era de la post prohibición», en referencia a la Ley Seca de los años 20, que empujó a los estadounidenses a beber en bares clandestinos, mientras la mafia se hacía de oro traficando con alcohol.

Acerca del autor

Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.