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Guerra del cannabis en Ohio: el referéndum divide al sector para frenar las nuevas restricciones a la marihuana y al cáñamo

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Con la ley SB 56 a punto de entrar en vigor, unos piden devolver la decisión a las urnas y otros defienden que se cierra la puerta a productos intoxicantes sin control y a la marihuana de gasolinera

Ohio vuelve a mirar a las urnas, y lo hace por una de esas cuestiones que mezclan dinero, salud pública, cultura y derechos individuales. La industria del cannabis en el estado está partida en dos ante el anuncio de un referéndum que pretende bloquear una ley recién firmada por el gobernador Mike DeWine, una norma que endurece la regulación de la marihuana recreativa y prohíbe los productos de cáñamo intoxicantes.

El movimiento lo impulsa Ohioans for Cannabis Choice, que ya puede empezar a recolectar firmas después de que el fiscal general Dave Yost haya aprobado esta semana el lenguaje resumen del referéndum. No sin advertencias: Yost deja por escrito que su certificación no implica que la iniciativa sea necesariamente ejecutable o constitucional. Antes, de hecho, había rechazado el texto por “omisiones y afirmaciones erróneas”. El grupo corrigió y volvió a presentarlo.

La ley que enciende la mecha

El origen del conflicto es el Proyecto de Ley del Senado 56 (SB 56), firmado por DeWine el 19 de diciembre y con entrada en vigor el 20 de marzo. Llega tras un ciclo de legalización acelerado: Ohio legalizó la marihuana en 2023, las ventas recreativas comenzaron en agosto de 2024 y en 2025 el mercado habría superado los 836 millones de dólares.

La nueva normativa introduce cambios concretos y, para algunos, simbólicos:

  • Reduce el THC en extractos de uso adulto del 90% máximo al 70%.
  • Limita el THC en flores de uso adulto al 35%.
  • Restringe fumar en la mayoría de espacios públicos.
  • Prohíbe portar marihuana fuera del envase original.
  • Convierte en delito traer a Ohio marihuana legal adquirida en otro estado.
  • Obliga a los conductores a guardar la marihuana en el maletero mientras circulan.
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Medidas que, según los partidarios del referéndum, recortan en la práctica una voluntad popular expresada en 2023. Y que, según los opositores, ordenan un mercado que estaba dejando demasiados huecos abiertos.

Dos relatos enfrentados

Quienes se oponen al referéndum hablan de seguridad, regulación y límites claros. La Coalición de Cannabis de Ohio, por ejemplo, sostiene que la SB 56 respeta lo votado al mantener un mercado “seguro y regulado”, y al mismo tiempo cierra la entrada a “productos de cáñamo intoxicantes no probados” y a marihuana de fuera del estado que podría inundar estanterías.

En esa línea, Pete Nischt, vicepresidente de cumplimiento y comunicaciones de Klutch Cannabis, lanza un mensaje tranquilizador: el consumidor habitual del mercado legal, dice, no notará cambios tras la entrada en vigor de la ley.

También se posiciona contra el referéndum la Coalición para Regular la Marihuana como el Alcohol, el grupo que impulsó la Propuesta 2 en 2023. Su argumento es directo y duro: la SB 56 sería un “ajuste de sentido común” que protege la salud pública, y el referéndum, en cambio, buscaría anteponer beneficios procedentes de cáñamo intoxicante no regulado y de la llamada marihuana de gasolinera “por encima de las personas”.

Pero del otro lado se escucha otra música: la de la libertad de elección, la del alivio cotidiano, la del “esto ya lo votamos”. Wesley Bryant, propietario de 420 Craft Beverage en Cleveland, apoya el referéndum y describe la ley como “un ataque a los derechos de los consumidores”. En su defensa enumera usos que muchos ciudadanos consideran reales y urgentes: aliviar estrés, conciliar el sueño, ayudar a veteranos con TEPT, acompañar a personas con adicciones.

Y Joey Ellwood, agricultor de cáñamo del condado de Tuscarawas, eleva el tono: para él, la SB 56 es una intromisión gubernamental. Su idea es clara: si el estado ha cambiado las reglas, que el pueblo vuelva a pronunciarse en noviembre.

El camino del referéndum: números y plazos

Para que la pregunta llegue a la boleta del 3 de noviembre, Ohioans for Cannabis Choice debe reunir:

  • El 6% del total de votos de la última elección a gobernador: 248.092 firmas.
  • Además, el 3% del electorado en 44 de los 88 condados de Ohio.
  • Y hay reloj: los organizadores disponen de 90 días desde la fecha en que el gobernador presentó la ley al secretario de estado para recolectar las firmas requeridas.
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No es un trámite menor. En Ohio, el último gran referéndum exitoso fue en 2011, cuando los votantes anularon una ley contraria a la negociación colectiva. Es decir: se puede, pero no ocurre todos los días.

Lo que está en juego, más allá del THC

Esta disputa no es solo sobre porcentajes o envases originales. Es sobre quién manda cuando la política reescribe lo votado, sobre cómo se regula un mercado que crece deprisa, y sobre el límite entre la protección sanitaria y el paternalismo. También, inevitablemente, sobre dinero: porque donde hay cientos de millones en ventas, cada palabra de una ley se convierte en una frontera.

Ohio encara ahora una campaña de firmas que, si prospera, convertirá el cannabis en una nueva batalla electoral. Y cuando el humo se disipa, lo que queda es la pregunta de fondo: ¿estamos corrigiendo una legalización para hacerla más segura, o recortándola hasta hacerla otra cosa?

Acerca del autor

Justin Vivero

Escritor especializado en cannabis  y residente en Miami, combina su pasión por la planta con la vibrante energía de la ciudad, ofreciendo perspectivas únicas y actualizadas en sus artículos.