En pleno sedentarismo estival, cuando pensábamos que no iba a suceder nada en materia de cannabis (ni para bien ni para mal), nos hemos topado con un nuevo advenedizo. En este caso se trata del doctor Jorge Cervilla, director de la Unidad de Salud Mental y catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Granada. Según este señor, y numerosos medios de comunicación, un estudio realizado por varios científicos de esta universidad ha demostrado que el cannabis “no sólo provoca esquizofrenia, como se sabía hasta ahora [ojito al argumento ad nauseam], sino todo tipo de trastornos mentales. Los trastornos más frecuentes son los de ansiedad (9 %) y los de tipo depresivo (8 %) que, además, frecuentemente, coinciden en la misma persona. El estudio también encuentra que el 1,8 % de la población sufre un trastorno adictivo, el 2 % presentó un trastorno psicótico y un 3,6 % tenía un trastorno de la personalidad” (cita extraída del canal de la Universidad de Granada: https://goo.gl/uc15dc).

Lo cierto es que el estudio todavía no se ha publicado, y los temerarios medios de comunicación que se han hecho eco de las conclusiones lo han hecho completamente a ciegas, basándose en el pequeño texto que referenciamos un poco más arriba y en unas pocas entrevistas concedidas por el doctor Cervilla.

Lo que sí sabemos es que el estudio ha sido becado por la Consejería de Salud (ya sabéis, queridos lectores, pagado con el dinero de todos) y que, al parecer, ha sido aceptado para su publicación en la revista americana Journal of Nervous and Mental Disease (con un factor de impacto de 2.54 según Research Gate).

Más allá de cuestionar las supuestas condiciones de un estudio que no podemos leer, nos gustaría recomendar el uso del sentido común a la hora de interpretar la información que se está vertiendo de forma indiscriminada en diferentes medios de comunicación. ¿No sería mejor esperar a la publicación del estudio, que el periodista en cuestión lo lea detenidamente, se lo explique al lector de una forma sencilla y busque a algún especialista o estudio que no esté de acuerdo para ofrecer una perspectiva más amplia y fundamentada? ¿Qué pasa con eso de la imparcialidad, con aportar información al lector para que saque sus propias conclusiones?

Luego, inevitablemente, surgen otras preguntas: ¿Acaso no han hablado decenas de expertos largo y tendido al respecto durante los últimos 50 años? ¿No se ha dicho hasta la saciedad que el cannabis puede operar como un detonante, de la misma forma que podría serlo un hecho traumático o el uso de sustancias fiscalizadas como el alcohol?

Hace nada menos que 47 años se publicó Marihuana Reconsidered, del psiquiatra Lester Grinspoon (ojo, que estamos hablando de un profesor emérito de Harvard, nada sospechoso de acusar partidismo). En este libro ya se trataba el tema y, en gran parte, se invalidaba el propósito investigador de asociación entre trastornos mentales y cannabis. En primer lugar, porque era evidente la asociación; y, en segundo lugar, porque resultaba probable que una considerable cantidad de las personas que desarrollan un trastorno después del uso de cannabis estaban predispuestas a padecerlo.

En España vivimos en el pleistoceno científico, político y legal. Continuamos a la cola de una regulación que ha llegado para quedarse y estamos dedicando fondos del erario público a estudios como éste, que no sólo no sirve para nada, sino que arroja una perspectiva, cuando menos, simplista y falaz sobre un tema que ha sido tratado hasta la saciedad por expertos de todo el mundo.

 

Editorial del número 172 de Cannabis Magazine, correspondiente al mes de septiembre de 2018.