Un estudio publicado hoy detecta mayor sensibilidad aguda y una mejora tardía de la filtración sensorial solo en hembras, sin demostrar eficacia clínica
Un equipo australiano ha observado que la psilocibina provoca respuestas diferentes según el sexo en ratones con una alteración genética utilizada para estudiar rasgos relacionados con la esquizofrenia. El artículo original, publicado el 18 de julio en Neuropsychopharmacology, describe una mayor sensibilidad aguda en los machos y una mejora tardía de una medida de filtración sensorial en las hembras. Es un resultado preclínico: no prueba que la psilocibina trate la esquizofrenia en personas.
Los investigadores trabajaron con 96 ratones de ambos sexos para los experimentos de conducta y con otra cohorte de 61 animales para analizar actividad cerebral. Compararon ejemplares normales con ratones a los que les faltaba el receptor metabotrópico de glutamato 5, conocido como mGlu5. Esta modificación produce alteraciones que recuerdan algunos componentes medibles de la esquizofrenia, pero no reproduce la complejidad de la enfermedad humana.
Tras una dosis intraperitoneal de un miligramo por kilo, los ratones sin mGlu5 mostraron más actividad locomotora que los controles. En los machos modificados también aumentó con mayor intensidad la sacudida de cabeza, una conducta que se usa en roedores como indicador indirecto de señalización a través del receptor serotoninérgico 5-HT2A. Los autores interpretan esta combinación como una sensibilidad aguda amplificada cuando la señal de mGlu5 está ausente.
El efecto más llamativo apareció después. Nueve días tras la administración, las hembras sin mGlu5 tratadas con psilocibina mejoraron en inhibición prepulso, una prueba que mide cuánto reduce un estímulo débil la reacción ante otro más intenso que llega inmediatamente después. Esa capacidad de filtrar información sensorial suele estar alterada en varios modelos animales y en parte de las personas con esquizofrenia. En los machos no se observó la misma mejora.
Conviene separar ese dato de una afirmación terapéutica. La inhibición prepulso es un marcador experimental, no una medición de delirios, alucinaciones, funcionamiento social o calidad de vida. Que una variable se normalice en un grupo de ratones no implica que la sustancia sea eficaz ni segura para pacientes, y menos aún que deba utilizarse fuera de un ensayo clínico.
El estudio tampoco encontró una reducción de la conducta similar a la ansiedad en la caja de luz y oscuridad. En la prueba de Porsolt, los animales tratados con psilocibina pasaron más tiempo inmóviles, un resultado que los propios autores manejan con cautela porque esta prueba no equivale a depresión humana. En el cerebro, la psilocibina elevó el marcador de actividad c-Fos en el claustro de los ratones normales, pero no en los modificados, lo que apunta a una interacción entre los sistemas glutamatérgico y serotoninérgico que todavía debe aclararse.
Hay otras limitaciones importantes. Se utilizó una única dosis administrada por inyección, no se midieron las concentraciones de psilocina en plasma o cerebro y la ausencia de mGlu5 durante todo el desarrollo puede haber generado adaptaciones que no aparecerían al bloquear temporalmente el receptor. Además, varios análisis se apoyan en grupos reducidos y desiguales. Los autores piden estudios farmacológicos que distingan el efecto inmediato del receptor de las compensaciones propias del modelo genético.
La investigación amplía una cuestión que Cannabis Magazine abordó al explicar cómo la psilocibina activa respuestas celulares distintas en el núcleo accumbens. Aquel trabajo separó señales neuronales y no neuronales; el nuevo añade otra capa: la respuesta también puede cambiar según el estado de un receptor glutamatérgico y según el sexo del animal.
También ofrece un contraste útil con los datos en personas. Un estudio reciente encontró señales de plasticidad sináptica dependientes del entorno terapéutico, pero tampoco permitió hablar de un efecto global demostrado. Mirar conjuntamente ambos trabajos ayuda a evitar un error frecuente: trasladar sin escalas un mecanismo de laboratorio a una promesa clínica.
La relación entre psicodélicos y psicosis exige una prudencia especial. Los ensayos modernos suelen excluir a personas con trastornos psicóticos o antecedentes familiares relevantes, por lo que sigue habiendo grandes lagunas de seguridad. El debate no se resuelve ni con alarmismo ni con entusiasmo; requiere diseños específicos, seguimiento y criterios éticos sólidos, como ya planteamos al analizar la investigación de psicodélicos en el contexto de la psicosis.
La psilocibina utilizada fue proporcionada por Usona Institute. Los autores declaran no tener conflictos de interés y detallan financiación académica y filantrópica australiana. Esa información no invalida los resultados, pero forma parte del contexto necesario para leerlos con transparencia.
Para ampliar el marco cultural y de reducción de riesgos sobre psicodélicos puede consultarse Fuertedélica. La aportación inmediata del nuevo artículo es más precisa que una propuesta de tratamiento: muestra que la alteración de mGlu5 puede modificar la respuesta aguda a la psilocibina y que un cambio tardío en filtración sensorial apareció solo en hembras. El siguiente paso será comprobar si el hallazgo se reproduce y qué parte, si alguna, resulta trasladable a seres humanos.
Acerca del autor

Jose Carlos Bouso
José Carlos Bouso es psicólogo clínico y doctor en Farmacología. Es director científico de ICEERS, donde coordina estudios sobre los beneficios potenciales de las plantas psicoactivas, principalmente el cannabis, la ayahuasca y la ibogaína.
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